Sociedad | VOCALES Y CONSONANTES

El Mundial de las palabras

Buenos Aires fue sede del campeonato internacional de Scrabble en español, con más de 140 competidores de 17 países. Ingenio, estrategia y erudición.

Foto: Jaime Andres Olivos

Aunque también en el Scrabble suena la música del azar, los grandes jugadores aseguran que conocimiento y estrategia son las claves para ganar una partida donde los contrincantes, es muy cierto, hacen gala de erudición e ingenio. Lo primero porque despliegan un vocabulario florido e increíblemente rico y lo segundo porque no solo tienen en mente términos tales como «incasto» o «agatizar», sino que, además, saben dónde colocarlos en el tablero de manera de sumar más puntos y, a la vez, impedir que el oponente haga lo propio.
Con estos objetivos, a fines de octubre, un grupo de más de 140 jugadores en un hotel céntrico de Buenos Aires disputaron el XXIV campeonato mundial de Scrabble en español, el juego creado por el arquitecto estadounidense Alfred Butts en la década de los 30 del siglo pasado, con la idea de inventar un entretenimiento donde, justamente, prevalecieran estrategia y conocimientos por sobre la suerte, convirtiéndolo así en un deporte de la mente, categoría que incluye otros juegos como el ajedrez, el póker o el bridge. 
Así, después de dos años –el último se disputó antes de la pandemia, en 2019–, representantes de Chile, Uruguay, Perú, Guatemala, Venezuela, Colombia, México, Costa Rica, Estados Unidos, Panamá, Reino Unido, España, Francia, Suecia, Japón y la Argentina vuelven a enfrentarse de a pares, tablero mediante, en encarnizadas partidas, en lo que se ha dado en llamar, después del receso obligado, el Mundial del Encuentro.
Lo de encarnizadas no es un adjetivo caprichoso. Hipercompetitivos, los grandes jugadores de Scrabble estudian las conjugaciones verbales de verbos desconocidos –yo opilo, tú opilas–; arman listas de palabras –monosílabos de dos y tres letras como «xi», «pech» o «dom»–; términos que incluyan las Z y la RR, dos de las letras más valiosas del juego –como «arroz», «zorra» y «zurrón», u homónimos tales como «rebotar» y «revotar», entre otras–, y registran términos imposibles –como «erraj» y «pristes»–, preparándose así para el evento, de manera de conseguir el objetivo mayor: alzarse con el título de campeón mundial de Scrabble, hoy en manos del francés Serge Emig.
El actual poseedor del cetro habla poco español, al igual que Kunihiko Kuroda, quien viajó especialmente desde su ciudad, Osaka, para disputar este, su tercer mundial en nuestra lengua. «Juego en español porque me gusta el idioma, su musicalidad», dice el participante que hace más de 40 años que se sienta frente al tablero y que también disputa partidas en inglés.

Vocabulario y algo más
El campeonato individual consta de 24 partidas, seis por jornada durante cuatro días. En los recesos, entre disputa y disputa, los jugadores consultan y comparten las habilidades y hallazgos propios y del oponente; sobre todo cuando consiguen hacer un Scrabble, esto es, colocar en una jugada las siete letras que tiene en el atril, lo que otorga 50 puntos extra. ¿Un ejemplo? «Autumnal», dice Yezid Cabrera, uno de los seis colombianos que participó en el torneo.
«Significa otoñal», aclara con seguridad, aunque para jugar al Scrabble no es obligatorio saber la definición. De hecho, son varios los jugadores que ubican los términos sin tener idea de lo que significan realmente. «Sollispar», «ojetear» y «hazaleja» son algunos de los términos que aparecieron en el torneo y que lograron una inmensa cantidad de puntos. De todas maneras, al cierre de esta edición, ninguno fue el que consiguió el puntaje récord, logrado por «bizquearon», que se alzó con 362 puntos.
Pero el juego, además, tiene mucho de lógica; y de creatividad e inspiración, que aparecen cuando el jugador recoge sus fichas de la bolsa –la palabra Scrabble tiene que ver con eso– y se pone a pensar qué puede hacer con eso, en combinación con las letras que están en el tablero. Así, aparecen términos como «gorrear» o «gitaneo», o los ya citados «agatizar» –volverse ágata– o «incasto» que, lógicamente, significa falto de castidad.

Modalidades
Precisamente fue el francés Emig, quien disputó la final con Benjamín Olaizola –venezolano que reside en nuestro país–, el que se alzó con el premio y volvió a consagrarse campeón y ratificar su título. 
Además del campeonato individual, también se ha jugado el mundial por equipos (fueron 10) del que resultó triunfador España –la Argentina salió segunda– y el campeonato mundial de duplicada, otra forma de jugar al Scrabble en la que todos los participantes compiten con las mismas letras y cotejan la palabra que colocaron con una jugada maestra, realizada por una aplicación. De acuerdo con los que saben, es en esta modalidad donde la influencia de la suerte es mínima.
De todas maneras, la diosa fortuna interviene al meter la mano en la bolsa y si en ese momento salen siete consonantes o siete vocales, no hay nada que hacer. Aun cuando el jugador conozca las palabras «abaá» u «ojetear». 


Victoria Aranda