Sociedad

La ambulancia propia

Vecinos de las villas porteñas lograron organizarse para contar con ambulancias que atiendan emergencias sanitarias a las que el SAME y las obras sociales no suelen acudir, alegando problemas de «inseguridad». Necesidades y autogestión.


Traslados. Cinco vehículos cubren entre 750 y 800 intervenciones mensuales. (Fernando Poggi)

La población villera de la ciudad de Buenos Aires es pujante. Allí donde hay una necesidad insatisfecha (y un derecho incumplido), muchas veces no solo se erige el reclamo, sino también la organización para dar una respuesta concreta a aquello que los vecinos y vecinas necesitan. Por eso existe, actualmente, una Central de Emergencias Villeras (CEV) que con sus cinco ambulancias, soluciona muchos problemas sanitarios que no suelen ser atendidos ni por el Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME) de la ciudad ni por las obras sociales, que habitualmente alegan problemas de seguridad para ingresar a las villas o no suelen estar preparados para trabajar en ese territorio de pasillos angostos y casas con escaleras empinadas.
El proyecto de la CEV se inició a comienzos de 2015, luego de la experiencia de la carpa villera instalada por los vecinos organizados en la Corriente Villera Independiente (CVI), en la Plaza de la República, en el centro de Buenos Aires. La carpa –que permaneció casi dos meses durante 2014– era para exigir al gobierno de la ciudad la urbanización con radicación de los asentamientos, y que se declare la emergencia habitacional, socioambiental, sociosanitaria y socioeducativa en las villas. «Uno de los reclamos que hacíamos al gobierno de la ciudad tenía que ver con que pongan las ambulancias», recuerda Marina Joski, coordinadora de la CEV.  «A cambio de eso, como no lo iban a resolver, nos dieron la plata para una ambulancia. Y con ese dinero compramos tres y las reciclamos, y después fuimos haciendo autogestión para comprar dos más».
La CEV está integrada por alrededor de veinte trabajadores, entre choferes profesionales y enfermeros/as, que circulan en las ambulancias de lunes a viernes y cubren entre 750 y 800 intervenciones mensuales. Las áreas que atienden son las siguientes: la Villa 31/31 bis Retiro, Villa 20 de Lugano, Fátima, Piletones, Los Pinos, Carrillo, Barrio Rivadavia y 1-11-14 de Bajo Flores, Villa 21-24 de Barracas, Villa Fraga de Chacarita y Carbonilla de Paternal.
Además de atender y trasladar urgencias, una parte importante de su actividad está abocada a los traslados programados que necesitan los vecinos y las vecinas con padecimientos crónicos o discapacidades transitorias y permanentes, quienes realizan tratamientos invasivos e inhabilitantes. La actividad se orienta a facilitar la dignidad en el traslado para realizar estudios programados, rehabilitación, interconsultas, diálisis o quimioterapia. Además, se realiza atención primaria de la salud (como control de la presión arterial o campañas de prevención, por ejemplo) y electrocardiogramas gratuitos para quien lo necesite. «Una de nuestras particularidades es que las ambulancias tienen distintas postas dentro de las villas y cada dos horas rotan, este sistema nos permite que en toda la villa tengamos un promedio de entre 5 y 8 minutos para llegar a una urgencia», explica Joski.

Cuerpos de rescate
Una de las particularidades de la CEV –autogestionada por los propios vecinos y vecinas– es que se extiende reticularmente por el territorio, ya que cuenta con un cuerpos de rescate comunitario que atienden situaciones de riesgo como incendios o derrumbes, y un cuerpo de 250 promotoras de salud.
En ocasiones, las ambulancias también salen de las villas para acompañar a la comunidad en jornadas como la del 7 de agosto en el santuario de San Cayetano. «La mayoría de los  CeSAC (Centros de Salud y Acción Comunitaria de la ciudad) nos llaman para traslados de urgencia y traslados programados, así como diferentes instituciones que no están dentro de nuestra organización, como iglesias, escuelas, o el Sedronar –cuenta Joski–. El Estado utiliza los servicios de la CEV gratuitamente, porque no puede acceder al servicio público».