Sociedad

Memoria del pueblo

En el partido bonaerense de Tigre, una casa pequeña de madera alberga fragmentos de la historia de los habitantes originarios del lugar. La lucha por la recuperación de un espacio sagrado, amenazado por el avance de emprendimientos inmobiliarios.

Indígenas. Los restos arqueológicos exhibidos tienen cientos de años de antigüedad. (Fernando Poggi)

En un pequeño territorio del norte del Conurbano bonaerense se está comenzando a reescribir la historia territorial y comunitaria. Se trata de Punta Querandí, un espacio sagrado de menos de una hectárea ubicado en el límite entre las localidades de Dique Luján (Tigre) e Ingeniero Maschwitz (Escobar), en el paraje Punta Canal. Allí se conservan restos arqueológicos indígenas de cientos de años de antigüedad –porque era una zona de enterratorios ancestrales–, que hasta hace poco se encontraban sepultados en el barro del río y amenazados por la construcción de barrios privados. Pero desde mayo pasado esos objetos, cargados de la historia que tapó la Conquista, tienen su lugar en el Museo Autónomo de Gestión Indígena, un nuevo hito en la lucha que lleva desde hace casi una década el Movimiento en Defensa de la Pacha (MDP), una organización formada por familias indígenas (guaraníes, quechuas, qom, entre otros), ambientalistas, comunicadores y vecinos. «La idea del museo ya estaba planteada en 2010, cuando recuperamos el espacio, pero ganó fuerza el año pasado cuando sufrimos dos atentados en nuestro Opy, que es un espacio ceremonial guaraní», introduce Valentín Palma Callamullo, referente del MDP. Los atentados a los que se refiere recibieron el repudio del Senado de la provincia de Buenos Aires y están siendo investigados por la Justicia en una fiscalía de Benavídez.

Cuatro paredes
El Museo Autónomo de Gestión Indígena es una casa pequeña de madera que alberga en cada una de sus cuatro paredes diferentes fragmentos de la historia del lugar. La primera sección muestra el conflicto, la lucha de Punta Querandí. El segundo bloque está referido a la historia larga del territorio, a los pueblos que lo habitaban, el choque con la Conquista española y la posterior esclavitud y genocidio. En otra secuencia se aborda la historia más reciente, del último siglo, cuando se crea en 1928 la fábrica de formio (Sociedad Anónima Formio Argentino), un establecimiento productivo en el que llegaron a trabajar más de 500 personas, y que fue durante mucho tiempo el epicentro del pueblo. Todo esto fue arrasado al calor de la política desindustrializadora de la década del 90. En esta historia reciente se incluye el caso de Ana María Martínez, desaparecida por la dictadura cívico-militar argentina, cuyo cadáver fue hallado por los vecinos en Punta Canal en febrero de 1982. Otra sección del museo está dedicada a mostrar el impacto ambiental del modelo inmobiliario que impera en la zona desde hace un par de décadas. «Los primeros pobladores se adaptaban al medio, a los ciclos del agua, que sube y baja, sin rellenar –señala Palma Callamullo–. Lo que mostramos acá es el daño causado por los barrios privados no solo en la flora y la fauna del lugar, sino en el desbalance hídrico que generaron, rellenando intensivamente un territorio que en realidad es un filtro natural de agua, y una esponja que absorbe los excedentes de agua cuando hay crecida».
En el centro del museo hay una larga mesa sobre la que reposan cerámicas, tiestos y restos de vasijas rescatados por los pobladores. «Nosotros hoy ponemos todo esto en valor y lo mostramos, el siguiente paso será tratar de interpretar los diseños que hay en las vasijas», se aventura Callamullo.
A poco de inaugurado, el museo ya se encuentra amenazado debido a que el empresario Jorge O’Reilly –desarrollador de muchos de los barrios privados de la zona– solicitó a la Justicia el desalojo de la comunidad de Punta Querandí, al argumentar que constituye un «despojo» de su propiedad privada.