Sociedad

Mirar y ser mirados

Es conocido como «dogging» o «cancaneo», surgió en el Reino Unido en la década del 70 y consiste en el encuentro acordado entre dos desconocidos, en ocasiones con la presencia de testigos, en sitios apartados y al aire libre. Exhibicionismo y riesgo.

(Foto: Jack Carey/Alamy Stock Photo)

 

¿Fantasía o realidad? Según un artículo del diario español El Mundo, tener sexo en lugares públicos con la idea de que otros miren se ha convertido en una práctica cada vez más extendida. Conocido como dogging o cancaneo, este acto se realiza en lugares apartados y al aire libre, como jardines o estacionamientos, donde dos desconocidos acuerdan tener sexo con la condición de no volver a verse. Y no solo eso, ya que éstos pueden permitir que, además de mirarlos, otros se les unan.
El término dogging nació en referencia a dog (perro) en los años 70, entre los parques de Reino Unido, donde heterosexuales aprovechaban el paseo de sus mascotas para conectarse con pares que deseaban tener sexo, mientras eran observados. Actualmente, la tendencia, que ya se amplió a países como los Estados Unidos, Canadá, Australia, Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia y Brasil, está de moda en Madrid y Barcelona. A nivel local, también cuenta con cultores. En la Ciudad de Buenos Aires, uno de los puntos de reunión más conocidos es el Rosedal, si bien acá, según opina Beatriz Musachio, swinger desde hace más de 20 años, el dogging no tiene tantos seguidores.
Los encuentros furtivos suelen concertarse por Internet. De hecho, existen más de 1.000 páginas sobre dogging, en que los doggers se vinculan o se informan. «Nosotros hemos ido a Francia y Rusia, para estudiar el fenómeno», dice Musachio, quien está casada con Daniel Bracamonte, swinger y periodista especializado en temas sexuales. «El que va ahí es porque sabe qué es lo que pasa, van muchos curiosos también, pero se acercan poco al lugar de los hechos… El dogging es parte de las fantasías de cada persona. En cambio, los swingers fantaseamos en pareja. En cambio, los que hacen dogging viven lo suyo de otra manera. Hay muchos que no tienen sexo, pero disfrutan la desnudez, miran y son mirados», comenta.«En el swinger no vale todo, si no que todo se consulta, lo más importante es la pareja y mantener sus vínculos», agrega.
Para la psicoanalista Any Krieger, supervisora clínica del Hospital Rivadavia, «hacer el amor a la luz del día, por ejemplo, y por fuera de lo íntimo, en público, tiene que ver con el capitalismo actual, que propicia lo ilimitado, que nada es imposible». El dogging también se relacionaría con «la inclinación por la curiosidad, que empuja al ser humano a situaciones desconocidas, puesto que la novedad siempre se oferta como una condición de goce».
En el Reino Unido, responsables de programas de Salud han subrayado los riesgos que conlleva el dogging: como el contagio de enfermedades de transmisión sexual, robos, asaltos o chantaje.
Como sea, el fenómeno está. E internet lo viraliza.