Sociedad

Para exhibirte mejor

Mostrar la vida de los chicos en las redes sociales es una práctica cada vez más habitual de padres y madres que publican desde books de recién nacidos hasta imágenes graciosas, íntimas o ridículas. El derecho a la privacidad, en riesgo.


(Don Smith/Alamy Stock Photo)

En enero de este año, una madre italiana fue condenada por el Tribunal de Roma a pagar unos 10.000 euros a su hijo de 16 años si no cesaba en su costumbre de subir a las redes sociales fotografías del adolescente. En un mundo donde las redes sociales forman parte de la vida cotidiana, donde todo debe ser contado y mostrado, es cada vez más frecuente que los padres suban fotos de sus hijos a Facebook o Instagram desde los primeros días de vida –una tendencia relativamente nueva conocida como newborn photography–, o imágenes de los primeros pasos o los primeros baños.
El fenómeno ha sido bautizado como sharenting: se unen las palabras share (compartir) y parenting (crianza) y se define como la práctica de un padre o madre que regularmente usa las redes sociales para publicar y comunicar información detallada sobre sus hijos. El interrogante que merece al menos una reflexión es: ¿qué pasa con el derecho a la privacidad de ese niño?

En la vidriera
Para Paula Otero, pediatra y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de Información y Comunicación de la Sociedad Argentina de Pediatría, la gente en general no tiene conciencia de que las imágenes de los chicos que se suben a las redes sociales pueden usarse con malos fines y que además lo exponen demasiado. «Publican en una web una foto del primer baño del bebé donde está desnudo y se le ven los genitales, es un bebé y no hay por qué mostrar los genitales, es una cuestión de respetar la privacidad del otro. Si bien generalmente lo sitios de pedofilia apuntan a fotos de chicos más grandes, aun así, cuando publican fotos de sus hijos tienen que tomar en cuenta que existe el riesgo que se utilicen para otros fines maliciosos, por eso hay que compartirlas en un circuito muy acotado, familiar, e incluso explicarle a la gente que no querés que las fotos de tus hijos se filtren. La primera pregunta que hay que hacerse es si tengo problemas en que alguien vea la foto de mi hijo. Además, si no lo llevás desnudo por la calle, ¿por qué publicar una foto de tu hijo desnudo?», señala la especialista en diálogo con Acción.
El fenómeno es mundial. En Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que el 92% de los chicos menores de dos años tiene algún tipo de presencia en las redes sociales, y un tercio debutan con su «primera publicación» antes del primer día de vida.
Para Otero, es un tema que también debe ser conversado en el consultorio pediátrico, porque de otra manera los papás no se dan cuenta. «La gente vuelca su vida en las redes sociales. Como adulto, uno es dueño de hacer lo que quiera, pero los chicos hasta que empiezan a tener contacto con las redes sociales, que también debería ser lo más tarde posible, deben ser respetados en su privacidad. A veces suben un video en donde viene caminando y se cae y les resulta gracioso. Esto está mal. ¿Por qué hay que ridiculizarlo?», se pregunta.
También es cierto que muchas veces los padres recurren a la exposición de sus hijos para pedir ayuda a través de las redes sociales porque los pequeños padecen alguna condición médica. En estos casos, la recomendación es que si se decide compartir información sobre un problema de salud, no figure el nombre del chico, que se le tapen los ojos, que se lo proteja, que se respete su privacidad. «La cara de los menores en los medios aparece blureada, es una norma, en una publicación científica se debe respetar la privacidad de la persona y no identificarla –concluye Otero–. Lo que pasa es que esto es algo nuevo, antes también pasaba, lo compartían por la televisión, ante un pedido de ayuda daban una cuenta bancaria y al chico lo llevaban a la tele. Por otra parte, es importante que esas imágenes que se comparten en las redes no le creen a futuro ningún estigma al chico».