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Un gigante en problemas

Tras un informe de ganancias positivo, las acciones de Netflix cayeron un 25%. La lógica financiera del mundo tecnológico, entre las causas del fenómeno.

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Las acciones de Netlfix cayeron un 25% luego de que la empresa reportara sus resultados económicos del primer trimestre de 2022. ¿Qué decían esos resultados? Que la facturación global asciende a 7.868 millones de dólares, aproximadamente un 10% más que el año anterior, que los márgenes de ganancia descendieron ligeramente el mismo período (de un 27,4% a un 25,1%) y que obtuvo ganancias por 1.972 millones, apenas algo más que el año anterior. 
Una empresa que factura miles de millones y que tiene márgenes de ganancias superiores al 25% parece muy lejos de estar en problemas: ¿cuál fue el dato que asustó tanto a los inversores para que salieran a vender las acciones? Que los suscriptores pasaron de los 221,84 millones en el trimestre pasado a 221,64 en este, es decir, 200.000 suscriptores perdidos, menos del 0,2% del total. 
Si bien la cifra parece insignificante, es la primera vez que un balance de la empresa de streaming muestra una reducción en el número de usuarios. Algo parecido ya le ocurrió a Facebook en febrero y aún hoy sus acciones no se recuperan. ¿No resulta excesivo tanto castigo?

Tasas desmesuradas
El mundo de las empresas tecnológicas está atravesado por una lógica financiera que aprovecha la gran innovación digital de los últimos años para prometer que revolucionará algún mercado. De alguna manera, lo que seduce a los inversores es la posibilidad de crear el próximo Google o Facebook. Para lograrlo es necesario crecer a tasas desmesuradas y para ello hace falta dinero. Los inversores apuestan fuerte por sacar un pleno en la compleja ruleta del mundo tecno, en el que, cabe aclarar, los fracasos son mucho más frecuentes que las victorias. Pero, como en la ruleta, los que aciertan pueden enriquecerse enormemente.
Así las cosas, mientras estas corporaciones crecen en usuarios, aun si dan pérdidas, las expectativas se mantienen altas y no importa perder mientras se llega a la cima. Un ejemplo extremo de esta lógica es Uber que, luego de doce años de existencia sigue perdiendo cifras astronómicas por año, hasta el punto de que hay quienes dudan si alguna vez será rentable. 
El caso de Netflix, al igual que el de Facebook, es distinto: ambas empresas dan ganancias significativas. Lo que asusta a los inversores son las señales de que están llegando a su techo, uno muy alto, pero que ya no permite los delirios de grandeza o crecimiento eterno que ofrecían en el mercado bursátil. De alguna manera, el negocio pierde su halo mágico para transformarse en un negocio real.

El futuro
Para reducir el daño, Netflix se está planteando distintas posibilidades. Una de ellas es sacar una versión con publicidad que sea más económica que la premium. Eso lo metería en un mercado por demás complicado como la publicidad online ya copada por Facebook y Google, y en el que se está metiendo con fuerza nada menos que Amazon. Tampoco está clara cuál será la respuesta de un público desacostumbrado a ver interrumpidos sus programas.
Otra causa de problemas, explicó la empresa, es el hábito de compartir las cuentas. Las suscripciones, pensadas para ser compartidas solo dentro de una casa, se utilizan, según la empresa, en unos 100 millones de hogares que no pagan. Si bien en otro momento descartaron la posibilidad, ahora la empresa reconoció que está pensando estrategias para impedir que esto siga ocurriendo o que, al menos, se pague un extra por compartir las cuentas. Paradójicamente, una de las explicaciones sobre la caída en el número de usuarios es la pandemia: durante el período de aislamiento, las suscripciones aumentaron enormemente y ahora, con la gente en las calles otra vez, el negocio retoma un funcionamiento más normal que, en comparación, se lee como caída.
Por último, y nada menor, es la creciente competencia a manos de pesos pesados como Disney, HBO, Apple, Amazon, etcétera, que tienen sus propios servicios de streaming y que comprendieron que si no manejaban sus propias plataformas, terminarían dependiendo de Netflix. Con el aumento de las ofertas, resulta muy difícil mantener el crecimiento previo.
Así las cosas, habrá que ver cómo gestiona la crisis Netflix: si se acostumbra a administrar un negocio normal, si acepta que lo mejor será fusionarse o vender a los competidores o si apuesta sus reservas (que no son pocas) a producir más series irresistibles que atraigan a los usuarios por encima de las alternativas. 


Esteban Magnani