Sociedad | PSICOLOGÍA

Una cualidad transformadora

El Día Mundial de la Amabilidad recupera un típico rasgo que ha acompañado al hombre en su evolución. Los beneficios en la salud de ser cordial.

Amistades. Realizar pequeños actos de bondad aumentan las endorfinas y la oxitocina, fundamentales para ser feliz.

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Aunque no pareciera estar de moda, la amabilidad hace que la vida sea más llevadera y es una de las cualidades más valoradas en todo el mundo. Además, junto con la prudencia, la creatividad o la capacidad de amar y ser amados, figura como una de las 24 fortalezas de la psicología positiva, según dos voces de esta corriente: Christopher Peterson y Martin Seligman.
«Amable», que viene del término latino «amabilis», hace referencia a «alguien digno y meritorio de ser amado», y se usa para describir a una persona «amistosa, generosa y considerada». Como sinónimos de la palabra amabilidad, en tanto, se cuentan, entre otros: bondad, buena voluntad, civilidad, cortesía, delicadeza, gentileza y simpatía.
«La amabilidad puede incluir la solidaridad, la generosidad, la empatía. Es respeto y consideración por el otro. En una época de transición e incertidumbre, la amabilidad es tan necesaria como la compasión y otros aspectos preciados de la persona», dice Patricia O’Donnell, psiquiatra y psicoanalista, y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA). Lamentablemente, agrega, «vivimos a un ritmo acelerado, apresurados, todo tiene que ser al instante, como contestar un mensaje inmediatamete. No hay tiempo para ser amables, sonreír. Son valores olvidados».
El 13 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Amabilidad. Una buena excusa para regalar una sonrisa o ayudar a otros. Y recordar, de paso, que ser amables no es ser tontos. De hecho, se trata de un rasgo de personalidad innato, que los investigadores Paul Costa y Robert McCrae incluyeron en su modelo de los «Cinco grandes factores», en que también se cuentan: la extraversión, el neuroticismo (características neuróticas), la apertura a la experimentación y la conciencia.
El ser humano necesita de los demás para sobrevivir y la afabilidad es clave para su evolución: los hombres prehistóricos ya sabían que la mejor forma de protegerse de los depredadores era andar con sus congéneres. Investigaciones recientes respaldan esto, pues se ha constatado que, con solo seis meses de edad, los bebés son capaces de «detectar personajes simpáticos y despreciables», y también están preparados para «ayudar y elegir conductas altruistas hacia sus iguales».
Ser cordial implica valorar a los otros, tener en cuenta sus intereses y mantener buenas relaciones con ellos. Pero no es sinónimo de ser complaciente. Esto último entrañaría hacer algo que uno no desea para caer bien o evitar conflictos con los demás. Y, de algún modo, pasarlo mal, ya que, el ser muy amable puede causar inconvenientes, por ejemplo, convertirse en presa de personas inescrupulosas.
Alguien amable suele eliminar barreras y pone en práctica la humildad, la paciencia, el respeto y el autocontrol emocional al interactuar con el resto. No solo se siente bien al hacer el bien, sino que contagia a los demás y les impulsa a colaborar.

Renunciar al narcisimo
¿Es la amabilidad un predictor de una vida exitosa o feliz? Podría decirse que sí, ya que contar con destrezas sociales y ser afable se relaciona con una buena adaptación laboral y relacional. Al igual que el amor, esta cualidad puede ser transformadora. O’Donnell pone como ejemplos dos personajes de ficción: «¿Acaso Anastasia Tremaine (hermanastra de Cenicienta) y Draco Malfoy (rival de Harry Potter) no cambian cuando renuncian a su narcisimo en pos de amar y ser amados? Logran así una vida más plena y feliz, donde la amabilidad es parte».
En cuanto al trabajo, «puede resultar más satisfactorio si la amabilidad es algo presente entre los compañeros», comenta la psiquiatra. «Hablo de una amabilidad genuina, la impostura se percibe. No nos olvidemos de que la tarea en equipo es fundamental para un mayor desarrollo creativo y un mejor rendimiento de todos nuestros talentos. ¡Qué mejor que un buen clima laboral!».
Los contextos juegan también su papel, porque como señalan los teóricos Costa y McCrae, «desde el punto de vista de la sociedad son necesarios todos los tipos de personas: los que trabajan bien con otros y los que pueden terminar una tarea por sí solos; los que idean nuevas formas creativas de hacer las cosas y los que mantienen las mejores soluciones del pasado». Incluso, puede que los «neuróticos» lleven ventaja, «ya que una sociedad de individuos extremadamente fáciles de llevar no podría competir bien con otras sociedades de sujetos desconfiados y hostiles. Las culturas necesitan gente apta tanto para la guerra como para la paz, para el trabajo como para el juego».
Como la amabilidad posee precisamente un factor cultural, en el caso de los nenes, cabe preguntar, ¿qué tan importante o determinante es que estos observen dicho atributo en sus padres o cuidadores? «Nada mejor que recordar a Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista, que señala que el entorno debe ser suficientemente disponible, amable y tranquilizador para que el niño pueda devenir un ser humano completo y evolucionar de manera sana en su ambiente y desarrollo. La contribución que pueden hacer los padres en lo referente al crecimiento y enriquecimiento de la personalidad de cada uno de sus integrantes es crucial. Los niños se benefician al poder verse en la actitud de los miembros de la familia», responde O’Donnell.
Además de promover el buen carácter en los infantes, la amabilidad puede lograr que un mal día adulto mejore. Asimismo, es provechosa para el bienestar físico y mental, ya que ejecutar pequeños actos de bondad o recibirlos aumenta las endorfinas (sustancias que fabrica el cuerpo y reportan una sensación agradable), y la oxitocina (u «hormona de la felicidad»).
Por último, es buena para los negocios. Un famoso proverbio chino sostiene que «el hombre que no sabe sonreír no debe abrir una tienda». Algo que podría hacerse extensivo a todos, al momento de salir a la calle. 


Francia Fernández