Voces

Beatriz Sarlo. Puntos de vista

Ensayista y escritora, sostiene que la región atraviesa un fin de ciclo, que el gobierno nacional carece de cuadros políticos y mantiene fuertes críticas hacia el kirchnerismo. La ausencia de debates de fondo, el rol del radicalismo y la corrupción, entre sus principales preocupaciones.

 

Reconocida por sus ensayos acerca de la cultura, las costumbres, los intelectuales y la literatura, Beatriz Sarlo se ha convertido en los últimos años en una referencia, también, para la observación de la actualidad política. Su mirada analítica, por ende, apunta tanto a Jorge Luis Borges o Juan José Saer –a quien dedicó su último libro Zona Saer–, como a Mauricio Macri, Elisa Carrió o Néstor Kirchner. Autora de Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y videocultura; Siete ensayos sobre Walter Benjamin; Borges, un escritor en las orillas; La máquina cultural: maestras, traductores y vanguardias; La batalla de las ideas (1943-1973) y La audacia y el cálculo, entre otros títulos, y exdirectora de la recordada revista cultural Punto de vista, explica que su principal preocupación no es «repensar la sociedad», sino entender los cambios que se avizoran para los próximos años. Acerca de la coyuntura política, sale al cruce de ciertas ideas que se tratan de instalar como verdades pero son puestas en cuestión por la propia realidad. «Todos de alguna manera cayeron en la idea optimista e infundada de que la presencia de Macri en Davos aseguraría la llegada de inversiones y que la Argentina muy rápidamente iba a llegar a “ese lugar que nos merecemos”, que es totalmente imaginario», asegura. «Y posiblemente sea el que tiene. O sea: el lugar de un país chico, poco importante en la política internacional, en términos económicos y geopolíticos».
–Para las elecciones de 2013 escribió una serie de columnas sobre los candidatos. En una de ellas, catalogaba a la actual vicepresidenta, Gabriela Michetti, como una «organizadora de buenas voluntades». ¿Esa es la principal característica del gobierno?
–Era otro momento político. Habría que reanalizar el rol de Michetti hoy como presidenta del Senado. El gobierno no parece ser un administrador de buenas voluntades, salvo en el punto que tiene que ver con la esperanza de que los empresarios locales e internacionales vengan a la Argentina a invertir. Macri se expresaba convencido de que después de aquella cumbre en Davos venían las inversiones y eso no sucedió. Pero creo que ya se dio cuenta, y más algunos de sus ministros, de que no hay empresarios por el mundo dando vueltas con ganas de «enterrar fierros», como les dicen ellos mismos a las inversiones no especulativas financieras sino a la instalación de fábricas. Ya se dieron cuenta de que en el mundo hay una gran variedad de opciones de inversión.
–Cuando Macri anunció la conformación de su gabinete, algunos sectores destacaron la presencia de CEOs enP el gobierno como garantía de cierta eficiencia. ¿No termina siendo un problema que «la ceocracia» tome decisiones sobre cosas que no maneja o que le son distantes?
–En general, los países cuyo sistema político es relativamente eficaz, emplean políticos en el gobierno. Porque la política es un área específica del conocimiento. No es algo que se agrega a una práctica anterior. Si una ve cómo se forman los políticos en los países que tienen cierta eficacia, me gusten o no, es a partir de una carrera que se hace dentro de los partidos. Tomemos el caso de Angela Merkel. Ella proviene de las ciencias duras desde el punto de vista universitario, pero en política hace una carrera desde abajo en el partido Demócrata Cristiano. Era la mujer de confianza, la cual quizás era subestimada, pero llega a jefa de Estado de Alemania desde abajo. La política tiene reglas muy específicas que deben aprenderse. A veces en la práctica y otras con algún refuerzo académico, pero deben aprenderse. No entiendo cómo se puede pensar que para desempeñar cualquier actividad humana, como la medicina, la abogacía o la física es necesario un conocimiento específico; y de la política, que es una de las prácticas más complejas, se piensa que se sale de un lugar e inmediatamente se puede empezar a practicar. Sea un CEO o un deportista.
–¿Al gobierno le falta gente con experiencia en carrera política?
–Sí. Y sería fácil agarrárselas con Juan José Aranguren. Es el ejemplo de una torpeza en el manejo de condiciones reales que solo puede explicarse por una falta de experiencia política. Porque aun defendiendo los mismos puntos, se podría haber hecho de otra manera. Quizás hayan aprendido y esto haya sido solo una prueba, pero el tema es cuántos «arangurens» más hay en el gobierno. Mirándolo del otro lado, el caso de José López y lo cinematográfico de los bolsos oculta el carácter sistemático de la corrupción kirchnerista. Entonces Aranguren es de una torpeza infinita, pero hubiese sido igual con otro funcionario sin su preparación. Y los bolsos de López, y su pintoresquismo, no tienen que hacernos concentrar solo en ello, sino más bien en todo el sistema de corrupción que hay detrás.
–Justamente, hablando de casos que tapan cosas mayores, ¿qué opina de las denuncias de corrupción como exclusiva herramienta política?
–Para empezar, creo que la política no debe ser corrupta y se tienen que dar todas las luchas necesarias para que no lo sea. Un sistema político no puede moverse dentro de términos corruptos. Por ejemplo, a mí me interesan las discusiones sobre temas más a largo plazo, como la ecología y las minorías sociales que son perjudicadas por proyectos como el de la megaminería, el fracking o Vaca Muerta. Pero al mismo tiempo se debe tener en cuenta que con una política corrupta lo único que se hace es garantizar que esos proyectos se lleven adelante. Y una política no corrupta es probable que pueda detenerlos. La corrupción hace que un sistema político sea tarde o temprano imposible. Porque se quiebra el pacto de confianza entre los ciudadanos y los partidos. Cuando se quiebra esto con el 50% de la población se está hiriendo gravemente al sistema político.

–¿Pero no se evita así discutir cuestiones estructurales del país? Por ejemplo, la cuestión energética con las renegociaciones petroleras en Cerro Dragón casi no fue discutida por la clase política en su conjunto y hoy estamos sufriendo sus consecuencias.
–Mucho más estructural fue la barbaridad que hicieron con las retenciones a la exportación de soja en 2008, cuando unieron a los representantes más extraordinarios de la oligarquía con los pequeños campesinos en una movilización. Eso es bien estructural: es ignorar la propiedad de la tierra. Fue una barbaridad desconocer el funcionamiento de la principal producción argentina en ese momento. ¿A quién juzgamos con la Resolución 125? ¿Quién en nombre de la Nación juntó a la Federación Agraria Argentina con los grandes pooles de siembra? ¿Cuál fue la mayor torpeza? Digo, para ver desde dónde partimos para cuestionar los pecados de la oposición. Sobre el año 2008, ¿a quién juzgamos como prioridad?
–Ese gobierno hoy no está y sin embargo la discusión sigue sin abordarse y los problemas mencionados subsisten.
–Nadie habla de esos temas medulares. Nadie habla de la concentración. Porque además acá ha sucedido otra cosa, el radicalismo se autodestruyó. Se feudalizó para entregar su estructura territorial a Macri. Eso me parece verdaderamente preocupante en términos políticos. En principio, porque tenía el rol de ocupar un frente de centro. Esos votantes se han quedado sin alternativas. Y eso puede tener sus consecuencias en el sistema político.
–¿Qué es Elisa Carrió hoy para el gobierno: una ayuda o una piedra en el zapato?
–Carrió ha elegido un perfil político que consiste en ser quien custodia los valores de la república. Sea candidata o no. Porque su alto carisma mediático le da la posibilidad de hacerlo sea o no diputada o senadora. A Carrió nadie le hace zapping, eso lo sabe y le da la confianza como para ejercer ese papel aun sin tener un cargo electivo. Con respecto al gobierno es muy probable que haya contrabalanceado influencias que son nefastas, como el mundo de conexiones que Macri trae desde Boca, que están representadas, para los que no las conocemos, por Angelici, pero que debe haber otra media docena de personajes como él por detrás. De todas maneras, yo creo que Macri es alguien muy terco y que no se separa de sus amistades. Por lo tanto, me parece que Carrió puede tener las de perder. Lo que no quita mérito a su rol de fiscal de la República. Pero puede perder.
–El expresidente de Uruguay, José Pepe Mujica, habló de una «restauración conservadora» en la región, ¿qué opina?
–Uno más bien podría decir que hay un fin de ciclo en la región. Y más teniendo en cuenta los resultados que se están dando en algunos países que han sido faros. El resultado de Venezuela es catastrófico, sobre todo en esta etapa del gobierno de Nicolás Maduro. A Hugo Chávez se le podían hacer muchas críticas, pero no que era un gobierno descabezado y descerebrado. Al mismo tiempo, gobiernos de derecha, como el de Colombia, están alcanzando algunas metas, como lo es la firma de la paz con las FARC en La Habana. Por lo tanto, el escenario hay que reevaluarlo. Encontramos resultados políticos muy malos en lo que era llamada «la nueva América del sur», sorprendentes resultados políticos de los gobiernos de derecha y dificultades como las que está encontrando Evo Morales en Bolivia. Él es un dirigente que yo respeto enormemente, le encontró la vuelta a un país cultural y políticamente muy difícil, con unas fórmulas de democracia comunitaria muy atractivas e innovadoras para su país. Pero se está topando ahora con serias dificultades políticas. El asesinato del viceministro Rodolfo Illanes es una muestra de las dificultades con las que se está encontrando.
–Volviendo a nuestro país, antes del triunfo de Macri, la asunción de Jorge Bergoglio como papa y el nuevo fervor católico en la sociedad, ¿no había sido ya un anticipo de este giro a la derecha que se menciona?
–Para empezar, habría que examinar si la Argentina alguna vez había estado hacia la izquierda. Yo no escuché un discurso de centro izquierda en los últimos 14 años, pero más allá de esto, lo que se produce con Bergoglio tiene mucho más que ver con el profundo nacionalismo argentino. El nacionalismo es un sentimiento de identificación nacional, sobre todo en países chicos a los que no les va bien. Por lo tanto, me parece que lo de Bergoglio era esperable. Yo no veo nada demasiado problemático en esto. Un tema que realmente le interesa a Bergoglio es que no se apruebe una ley de aborto. Ya Cristina, que es una ferviente antiabortista, se lo había jurado de rodillas cuando se reconcilia con él. Yo tengo una sensación de que hay una mayoría que está en contra del aborto y Bergoglio viene a consolidar esa posición.
–Teniendo en cuenta la relación de Macri con el menemismo, entonces como empresario beneficiado, y el rol jugado por los Kirchner en los 90, ¿no cree que a la sociedad le faltó analizar un poco más en profundidad lo ocurrido en esa época?
–Para empezar, el peronismo no lo hizo. Y los Kirchner tampoco. Era fácil pelearse con la dictadura cuando ya no estaba en el poder, pero con Menem no se pelearon. No corrigieron su posición de los 90. Pero es cierto que quizás el voto tenga memoria corta. La necesidad del voto es muy fuerte, yo, que he sido una votante en blanco, digo que es muy duro. Entonces es probable que el votante se resigne a ciertos votos indeseables, pero es difícil que una sociedad se siente a revisarse. Yo tengo un recuerdo de los 90: en esas épocas hacía notas de vida cotidiana, una noche estaba por el sur de la ciudad y me di vuelta y vi entrar en masa a los cartoneros. Era el año 1993, ya la sociedad había cambiado y yo me estaba dando cuenta en ese momento. Mi interés actualmente no es repensar la sociedad, yo la he visto cambiar muchas veces y olvidarse de sus votos. Lo que me preocupa es saber con qué me encontraré dentro de dos años cuando esté vagando otra vez por el sur de la ciudad y me dé vuelta para ver qué hay atrás de mí. Me preocupa saber cuál va a ser la manifestación evidente de la desocupación y los malos números que estamos viviendo ahora.

Fotos: Juan C. Quiles / 3Estudio