Voces

Cocodrilos y carteras

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Stella Calloni fue corresponsal de guerra y es testigo de los más grandes acontecimientos de la historia latinoamericana reciente. La coyuntura actual y los desafíos para la izquierda.

 

Cocodrilo que se duerme amanece cartera», dice Stella Calloni, y, didáctica, enseguida explica que en sus charlas y presentaciones siempre tiene en la boca una frase que rescató de la calle. Así, de un modo simple y sencillo, la autora de clásicos del periodismo de investigación como Operación Cóndor, Pacto criminal y el último, Evo en la mira. CIA y DEA en Bolivia, explica lo que llama «sentar las bases programáticas para no ser cartera» en un mundo en que la omnipresencia de los poderes imperiales se filtra incluso a través de la vigilancia electrónica. Una presencia que Calloni identifica, a la manera de Héctor Oesterheld en El Eternauta, simplemente como «ellos».
–¿Cómo sería ese plan para no amanecer cartera?
–Conviene no olvidar el esquema contrainsurgente que se inventó en la Guerra Fría y que después de la caída de la Unión Soviética se estableció con lo que se llama la guerra de baja intensidad. Pero en los años 90, cuando ya las dictaduras dejan de servirles, toman dos medidas importantes: una es el Consenso de Washington, un plan para cambiarlo todo en la parte económica. Lo que la gente más conoce de la otra son los Documentos de Santa Fe, que empezaron a marcarle a Ronald Reagan la política exterior. Pero en 1992, Paul Wolfowitz, una de las grandes cabezas pensantes del neoconservadurismo más duro, elabora un documento para el Pentágono donde está clarísimamente expresada la idea de que, siendo la única potencia existente, Estados Unidos tenía que avanzar hacia el control del mundo. Controlar los recursos naturales, pero, a la vez, si surgía otro gran bloque que le hiciera competencia, tratar de disuadirlo, decirle que ya estaba Estados Unidos para la contención; y si no, tomar otras medidas. Esto fue lo que sucedió con la Unión Europea, a la que fueron erosionando lentamente, con las democracias de seguridad, el control de la Justicia y los parlamentos. Es lo que nos están aplicando hoy. Ellos están trabajando directamente con las Cortes Supremas de América Latina, con los jueces que están y con los que están preparando en sus escuelas de juristas. Wolfowitz hablaba de las guerras necesarias, que son guerras irregulares, guerras psicológicas, atentados encubiertos. Ojo que esto no es televisión…
–Pero primero con Chávez y luego con la llegada de Lula y de Kirchner, hay un proceso diferente en América Latina. ¿Se les escapó la tortuga o también lo tenían previsto?
–No, se les escapó la tortuga. Hay muchas cosas que son imprevisibles. Sí tenían previstos conflictos campesinos, conflictos indígenas, los conflictos de la deuda externa. Quizá pensaron que las dictaduras habían dejado en un estado de ablande a la región y que nunca iba a darse una derrota al neoliberalismo en las calles y en las carreteras de América Latina. Pero en 1989 hubo un gran levantamiento en Caracas, que era el lugar más tranquilo del mundo. El gobierno de Carlos Salinas de Gortari, uno de los más salvajes de México, firmó el Tratado de Libre Comercio, pero en ese mismo día les surge el levantamiento de Chiapas, que es una especie de guerrilla no guerrilla, de guerrilla light. Aunque muchos dicen que eso sí lo habían pensado, eso de instalar guerrillas que pudieran manejar.
–¿La de Paraguay no es un poco eso?
–Pero la de Paraguay no existe, es absolutamente falso que exista un Ejército Guerrillero del Pueblo. Sobre todo que haya nacido en el sitio donde se producía la gran toma de conciencia de los indígenas. Es que ellos habían previsto instalar guerrillas –si era posible– campesinas e indígenas que pudieran manejar para que no cambiara nada.
–El planteo es instalar guerrillas para tener cierto control.
– Ellos tenían el plan de crear una especie de guerrilla contraguerrilla, eso lo desarrollaron en Vietnam. Entraban a poblaciones, parecían compañeros, la población se adhería y después llegaban las tropas y liquidaban a todos.
–¿El objetivo sería buscar una justificación para sancionar leyes antiterroristas?
–Claro, ellos están jugando en todo esto. Hasta este momento, nosotros estamos hablando de los planes de los años 90, cuando se decide también que el Comando Sur se disperse, y empiezan a tener bases por todas partes, que se acompañan con fundaciones como la NED (Fundación Nacional para la Democracia), la USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), la fundación Heritage. Aparece el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) por un lado, y el Plan Colombia, la parte militar, por la otra, con las ONG haciendo el trabajo de inteligencia. Era un perfecto esquema de dominación, aunque empiezan a ver que los militares –como lo demostró Manuel Contreras en Chile– se quedan resentidos por lo que les ocurrió luego de haber participado en la represión. Y aparece Chávez en el 92, un militar del viejo cuño. Entonces, empiezan a darle más importancia a las policías o a las otras fuerzas relacionadas con la seguridad. Crearon la Escuela de Policía en El Salvador, que está funcionando hasta hoy, con los mismos esquemas de la Escuela de las Américas, y en la parte civil tienen todo un esquema de contrainsurgencia, en la Justicia, con escuelas empresariales. A ellos les fue fácil ganar un grupo empresarial para formar la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa). Es lo más fácil porque son los que están tentados por el dinero, los que se pueden corromper más fácilmente. En 2001 producen este hecho, porque este hecho, hasta ahora, la forma en que se ha producido –y esto está siendo cada vez más investigado en los Estados Unidos, y cada vez se mete más gente a investigar esto, y persiguen a la gente que sabe algo–…
–¿Está hablando de los atentados?
–Sí, los atentados a las Torres Gemelas…
–Usted dice que cada vez hay más pruebas de que fue un atentado armado.
–Sí, un atentado armado. Es muy sospechoso todo, desde la niñería de decir que sube un tipo a un avión y deja su mochila con el pasaporte, deja sus huellas en todas partes; es insólito. Pero todo este esquema les sirve extraordinariamente para imponer reglas de control. Cuando aparece Chávez, ellos creen que lo van a ganar, porque es militar.
–Chávez sorprendió incluso a muchos grupos de izquierda…
–Hay que estudiar a la izquierda, lo que le pasó con la implosión –podríamos llamar– de lo que fue la Unión Soviética. Se desorientó, algunos creyeron que la Historia había terminado, otros se acomodaron en otros esquemas aunque no querían perder su papel de izquierda y los hay que se acercaron a ONGs… Como sea, 2001 les sirvió para hacer todo lo que en otras condiciones no les habría aceptado el mundo. Que alguien declare una guerra preventiva, infinita y sin fronteras; imaginen: borrar las fronteras en un día, borrar la resistencia a cualquier cosa.
–Y espiar electrónicamente, que es lo que ahora aparece.
–Pero espiar, espiaron siempre. Sólo que el espionaje hoy, con la alta tecnología, implica que ya no hay siquiera la posibilidad de estar en tu casa sin que alguien te esté espiando desde alguna parte.
–Como a Angela Merkel.
–Sí, pregúntenle a Merkel… Ellos (por los europeos) se creían que estaban a salvo, pero se han convertido en una especie de colonia. La única que no acepta esto es la Merkel, la única capitalista inteligente que tienen.
–¿Por qué lo dice?
–Porque la Merkel es la única que sabe que quieren borrar a Europa y, como ella además estudió en la Unión Soviética, tiene una formación distinta a la de los demás. Ella se vio venir esto y, entonces, sacrificó a quien fuera con tal de salvar el euro. Ella sabe que esto va contra el euro, que la guerra contra Irak era por petróleo, pero también era contra el euro, que la guerra contra Libia era contra Khadafi, pero era contra el euro.


–Sorprende un poco su visión de Merkel , porque se la ve siempre como ultraconservadora y una fundamentalista de mercado.
–Es que ella es fundamentalista, pero de su mercado, no del mercado de ellos; esa es la diferencia. Ella es la perfecta capitalista porque es capaz de…, miren adónde mandó a Grecia, o adónde mandó a España. Entre los capitalistas europeos, dentro de la pobreza ideológica para defender sus propias cosas, es imposible no establecer una diferencia entre Berlusconi y la Merkel, Hollande y la Merkel. Para entender lo que nos pueden hacer en América Latina, tenemos que estudiar lo que han sido capaces de hacerle a Europa.
– Pero la región se fue integrando más allá de las posiciones ideológicas, porque también forma parte de ese movimiento la Colombia de Santos, el México de Peña Nieto y el Chile de Piñera. ¿Cuál es el plan para esta América Latina, y cómo sigue esta historia?
–A partir de 2001, ellos empiezan a imponer el Acta Patriótica con una vigilancia interna a un nivel que jamás ha existido en Estados Unidos. Es un mundo de Orwell, un mundo bajo el control unilateral de la gran potencia del mundo que a su vez está subordinada –por esta misma situación económica– a los grupos económicos de poder. En los años 90, ellos también se apoderaron de los medios masivos de comunicación. Europa cae en la trampa estadounidense de los medios, porque le van mostrando un mundo inexistente. Yo nunca vi una desinformación tan grande como la que vi en Alemania. Cómo será, que en una charla les dije: «Están durmiendo; ustedes creen que están ayudando a la OTAN, a la democracia en el mundo. Que invadieron Afganistán por democracia. No, invadieron Afganistán por intereses claves en ese territorio. Ningún talibán, ninguno de ellos, tiene el poder de hacer semejante esquema de atentado». Se impuso el Acta Patriótica, las leyes antiterroristas en toda América. Si hubiera habido alguna izquierda organizada como en los años 70, si la izquierda hubiera estado preparada, habríamos podido actuar colectivamente.
–Pero en estos años, ¿no se fue construyendo?
–Se fue construyendo una nueva izquierda, a partir de movimientos sociales que surgieron en algunos países, como Bolivia, donde se terminó imponiendo la guerra por el agua, la guerra contra el apoderamiento del gas. Algunos movimientos sociales se perdieron, pero otros fueron ganados por movimientos de izquierda más serios. Es otra la situación ahora, por eso es el momento de una izquierda absolutamente responsable, muy capacitada. Surge mucha gente con mucha pasión, pero a eso hay que darle capacitación.
–Cuando usted dice eso, ¿es su deseo o es lo que está viendo que ya existe?
–No, no, está comenzando a existir eso, todos los organismos más o menos de izquierda que existen se están preparando. En América Latina, pasó algo que no estaba previsto, y surgieron gobiernos como el de Lula, como los que vinieron después. Chávez me dice en 2006: «La persona que más me acompañó fue Néstor Kirchner, él vio enseguida la necesidad de pelear por la unidad de América Latina, nos hablábamos y nos íbamos para adelante en todo». Estaba Lula, estaba Bachelet en Chile, por eso te digo que no es lo mismo cualquier cosa. Yo creo que la izquierda debe ubicarse en la realidad de cada país. Perdés cuando querés que todo sea de la misma manera. Venezuela tuvo que hacerlo frente al desabastecimiento, los sabotajes; tuvo un golpe militar, un golpe petrolero, un golpe patronal, otro intento de golpe, las guarimbas en 2004, y la escenografía de golpismo que hizo Capriles la noche en que ganó Maduro. Se apoderaron incluso del email de Maduro. Porque vos tomás el gobierno pero no el poder. El poder económico real se ha quedado. La diferencia con una revolución –para decirlo rápidamente, la diferencia con Cuba– es que esa revolución llegó con todo destruido. No había ya más ejército, ni policía, ni todos los grandes empresarios. Acá no ocurrió eso.

Alberto López Girondo
Fotos: Juan Quiles