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Desafíos globales

Elegido como nuevo conductor de la ACI, el presidente de Cooperar reflexiona, junto con el titular del IMFC, sobre la gravitación que tendrá su representación mundial para el cooperativismo argentino. Propuestas y retos de gestión en un complejo contexto internacional.


Recuperar los valores. Form y Guarco participaron de la asamblea de la Alianza Cooperativa Internacional que reunió a delegados de 105 países. (Juan C. Quiles)

En la última Asamblea General de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), realizada en Kuala Lumpur, Malasia, Ariel Guarco fue elegido para presidir ese organismo, que integra a 303 organizaciones solidarias de 105 países, representando a casi 1.000 millones de personas de todo el mundo. «Es quizás el día más feliz desde que decidí que la cooperación iba a ser parte de mi vida. Ustedes me han dado la oportunidad de que presida la Alianza por los próximos cuatro años. Es una responsabilidad enorme que solo puede ser bien ejercida si cuenta con el acompañamiento de todos y todas los que formamos parte de este gran movimiento», expresó luego de ser proclamado con los votos positivos de 671 delegados de 691 presentes.
En 2015, Guarco, presidente de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (COOPERAR), había obtenido más de 200 votos para el cargo, quedando en segundo lugar, hecho que sentó las bases para avanzar e instalar las propuestas que en esta oportunidad dieron como ganadora a la plataforma sustentada por entidades argentinas de segundo y tercer grado, entre ellas, el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC), el Banco Credicoop, el Grupo Asegurador La Segunda, Sancor Seguros, Agricultores Federados Argentinos, la Federación Argentina de Cooperativas de Consumo, la Federación Argentina de Cooperativas Eléctricas, la cooperativa de telecomunicaciones Colsecor y la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo.
«El movimiento cooperativo a nivel global necesita una Alianza más cerca de sus miembros, que pueda entender mejor sus necesidades y comprender mejor cuáles son sus objetivos. También que se relacione mejor con el resto del mundo y que tenga mayor poder de incidencia en los ámbitos donde se toman las decisiones importantes a nivel global», dijo el flamante presidente en su primer discurso frente a la Asamblea. En su carácter de vicepresidente de COOPERAR y titular del IMFC, Edgardo Form participó también de la reunión en Malasia y brindó, junto con Guarco, su visión del movimiento solidario nacional e internacional.
–¿Qué significa para el movimiento cooperativo argentino que un representante del país conduzca al máximo organismo internacional del cooperativismo?
–Edgardo Form: La idea fue presentar la candidatura de un dirigente genuino, auténtico y cooperativista de nuestro país, que llevara la propuesta de recuperar los valores y principios de la cooperación en la gestión de la ACI. Y eso fue fructificando en los apoyos que logró Ariel en diferentes regiones del mundo. El cooperativismo de nuestro país se destaca por varias razones. Por un lado, porque es un cooperativismo auténticamente autogestionado, no es que vino una fundación extranjera a crear cooperativas, como ha ocurrido en otros países del continente y particularmente de América Latina. Surgió de las raíces, producto sobre todo del aporte de las corrientes migratorias. Ese es un dato distintivo: la autogestión. El otro es que abarca todas las ramas, cosa que no se repite en otros países. Estas son cualidades que también se valoran a nivel mundial. Y algo que Ariel no va a poder decir, por modestia, es que es un dirigente joven que tiene una rica trayectoria (ver recuadro), coherente en su pensamiento y en su acción. Nosotros creemos que esto ha gravitado para conseguir el respaldo que obtuvo. Por otro lado, es importante mencionar que en COOPERAR –que representa a 72 entidades asociadas que integran cerca de 5.000 cooperativas de base– hemos construido un consenso, a nivel institucional, que le dio su aval pleno, además del compromiso de las diez entidades argentinas afiliadas a la Alianza, de las cuales algunas dieron también su apoyo material.
–¿Qué otros modelos cooperativos están en discusión dentro de la ACI?
–Ariel Guarco: En el mundo hay dos modelos en pugna que se reflejan en cada una de las instancias en las que uno participa: un modelo concentrador y un modelo distribuidor. El cooperativismo no está abstraído del contexto mundial donde, por ejemplo, seis o siete grandes empresas concentran los alimentos, cuatro o cinco bancos manejan la especulación financiera y seis o siete grandes grupos multimediales operan la voz y la información de todo lo que sucede en el planeta. Bueno, todo eso tiene implicancias en organizaciones de este tipo que agrupan a más de mil millones de personas. Entonces, también dentro de la Alianza están quienes piensan que esta entidad debe ser una estructura más centralizada, con mayor poder de decisión desde la cúpula hacia las bases, y estamos quienes pensamos que el poder real lo tienen que tener quienes están en contacto directo con cada una de las actividades que desarrollan. Es decir, las cooperativas de base, las organizaciones nacionales, quienes llevan adelante, de manera directa, cada una de las actividades, y que son, en definitiva, los que se encargan de gestionar día a día y saben bien cuáles son las necesidades reales de cada momento y en cada situación.

Kuala Lumpur. Dirigentes cierran la Asamblea General de la ACI realizada en Malasia. (Angkasa)

–¿Cuáles son los ejes centrales que piensa desarrollar a lo largo de su gestión?
–AG: Justamente nuestro objetivo es llevar adelante una conducción colectiva, que tenga mucha más participación y que ponga el foco de atención en donde están las necesidades reales; es decir, en las cuatro regiones (Europa, África, Américas y Asia-Pacífico) y en los ocho sectores (banca, agricultura, pesca, seguro, sanidad, vivienda, consumo y trabajo) que forman parte de la Alianza. Esta conducción colectiva debe reflejar el sentir y el pensar de todo el movimiento, que es muy grande y muy diverso. Esto significa también ser fieles a lo que siempre decimos, que el cooperativismo es el modelo que mejor distribuye la riqueza, y para redistribuir riqueza primero hay que generarla. Entendemos que las instituciones se empoderan cuando se les da la posibilidad de hacer negocios en forma conjunta, dentro y fuera del sector. Otro de los pilares de esta gestión será alinearnos con todos los organismos internacionales asociados para poder tener real incidencia en los lugares en donde se toman las decisiones importantes a nivel global: las Naciones Unidas y la Organización Internacional del Trabajo, además de profundizar el diálogo con el Vaticano y con los diferentes cultos.
–Teniendo en cuenta que el mundo del trabajo está cambiando aceleradamente, ¿cómo puede intervenir el cooperativismo en la creación y el control de cadenas de valor de productos con desarrollos tecnológicos y financiamiento propios, que disputen porciones del mercado a los grupos económicos concentrados?
–AG: Hoy el cooperativismo da respuesta de manera directa y sustentable a esta problemática con más de 250 millones de puestos de trabajo y con más del doble de eso en forma indirecta. Las cooperativas, como raíz conceptual, promueven el empleo digno, el respeto a los derechos de los trabajadores, concientizan acerca de la no explotación infantil y la no precarización laboral; y dan respuestas concretas a las necesidades que se generan en determinadas situaciones y los diferentes momentos históricos de los países. El cooperativismo propone un modelo que apunta a una economía en manos de las personas y a la preservación del planeta. Desde esa óptica, la idea es generar una respuesta a la gran demanda de puestos de trabajo que hoy existe en todo el mundo, pero apuntando siempre a un trabajo que vaya de la mano del desarrollo de las personas. Esa es la posición que tiene que tomar la Alianza en tanto entidad que pone su centro de atención en las personas. Nosotros entendemos que hoy en el mundo, como plantea la OIT en su lema para 2019, «El futuro del trabajo», la actual demanda de puestos de empleo no es la misma que hace 50 años, ni va a ser la misma que dentro de 20; en tanto, falta cierto tipo de mano de obra y hay un exceso de oferta de mano de obra que no encuentra dónde ubicarse. Esto genera una brecha entre lo que se necesita y lo que se ofrece. Por eso la Alianza pone el foco, y con esto me refiero a que invierte sus recursos, en capacitar a sus miembros. El cooperativismo viene aplicando esta visión de avanzada desde hace 172 años, cuando comenzó su historia moderna. Por eso debemos replicar, a nivel mundial, convenios como los que tenemos en nuestro país, con entidades académicas que puedan ver un poco más allá, para dar cuenta de cuáles son las necesidades que los trabajadores deberán enfrentar para que puedan tener una capacitación real que les permita conseguir empleos dignos.


Mandato. Guarco ejercerá por cuatro años. (Angkasa)

–Recién mencionaba el potencial que tiene el sector en cuanto a cantidad de personas y de países, ¿cuál es la propuesta de la Alianza para aunar toda esa fortaleza y explotar ese potencial a nivel global?
–AG: Integrarnos y sentirnos parte de un todo que va construyendo colectivamente una realidad diferente. El cooperativismo está conformado por mil millones de personas de más de cien países, tiene una incidencia del 10% en el Producto Bruto mundial y una facturación equivalente a la quinta economía del mundo. Todo eso lo tenemos que traducir en hechos concretos de integración.
–EF: La humanidad está viviendo una encrucijada de extrema complejidad. Se pensaba que el siglo XXI iba a ser de paz, de convivencia fraterna entre los pueblos y lo que vemos es que hay una crisis económica mundial sostenida de la cual no se termina de salir; pronósticos pesimistas en cuanto a la evolución de la generación de riquezas; conflictos armados, religiosos; etcétera. En ese contexto, el cooperativismo tiene que demostrar que, no solo hace falta, sino que es posible organizar la economía con un sentido democrático; es decir, democratizar la producción de bienes, de servicios, y de la redistribución de la riqueza. De modo tal que esta nueva gestión al frente de la Alianza también habrá de contribuir a ese debate contemporáneo.


(Juna C. Quiles)

Por otro lado, hay una gran heterogeneidad en el cooperativismo. Hay países donde predomina el cooperativismo de ahorro y crédito y otros donde el cooperativismo de servicios públicos prácticamente no existe. Pero creo que el denominador común –por lo menos debería serlo– es la preocupación permanente de los cooperativistas y de quienes están al frente de las instituciones cooperativas de dar respuesta oportuna, eficaz y adecuada a cada demanda de los asociados. Porque esa es nuestra razón de ser. Y en ese sentido, creo que la experiencia internacional muestra que hay una búsqueda permanente que no es sencilla, porque estamos en un mercado en el cual no florece la solidaridad, sino que estamos en mercados extremadamente competitivos donde hay que disputar espacios con grandes grupos económicos poderosos que, además de concentrar capital, tienen medios de comunicación y a veces recursos no siempre santos como para gravitar en forma hegemónica, monopólica u oligopólica en esos mercados. La disputa es muy fuerte y eso nos obliga a una búsqueda permanente de la eficiencia. Este es uno de los grandes desafíos: además de predicar los valores y los principios, nosotros tenemos que demostrar en la práctica que somos mejores.
–¿De qué manera se puede alcanzar una mayor incidencia en el terreno de las políticas públicas, los marcos normativos y el orden económico?
–AG: En COOPERAR estamos convencidos de que es imposible explotar todo el potencial que tenemos si no trabajamos en alianzas estratégicas con el Estado, y entendemos que a nivel global debe suceder lo mismo. Por eso, vamos a promover este tipo de alianzas estratégicas en cada uno de los países miembros de la Alianza. Queremos colaborar en el fortalecimiento de esta relación. Por otro lado, ya estamos trabajando fuertemente sobre los marcos legales, propios de cada movimiento y de cada país, y propios de la Alianza como entidad global. La ACI ya hace un tiempo planteó el tema de trabajar la incidencia. Por eso, en la medida en que el movimiento está más integrado y tiene mayor visibilidad, tiene más posibilidades de incidir en la formulación de políticas públicas.