Voces

«El neoliberalismo no crea riqueza»

Las metas del sistema capitalista actual son aumentar el ingreso y la riqueza de los dueños de los capitales y los gerentes o asalariados superiores, afirma el economista francés Gérard Duménil.

El economista francés Gérard Duménil visitó el país, invitado por el Centro Franco Argentino, para participar de las VII Jornadas de Economía Crítica y dictar conferencias en universidades y en el Instituto Argentino de Desarrollo Económico (IADE). Investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), elaboró en los años 80, en paralelo con el destacado economista marxista Duncan Foley, lo que se conocería como el «nuevo enfoque» sobre la teoría de formación de los precios en Marx. En las últimas décadas publicó numerosos estudios sobre el funcionamiento del capitalismo, en la etapa que define como de «hegemonía neoliberal», establecida como respuesta a la crisis estructural de los años 70. En su último libro, La gran bifurcación, publicado en colaboración con Dominique Lévy, plantea la necesidad de luchar contra las grandes redes financieras y contra la connivencia entre propietarios del capital y altos directivos. Propone en ese sentido avanzar hacia condiciones básicas para poner en marcha un nuevo compromiso social entre clases populares y dirigentes, que siente las bases de una superación gradual del capitalismo.
–¿Existen pautas, mandamientos del neoliberalismo, que se quieren replicar en todos los países en desarrollo?
–El neoliberalismo es la nueva etapa en la cual ingresó el capitalismo luego de la transición de los años 70 y 80 del siglo XX. Con Dominique Lévy hablamos de un nuevo «orden social», expresión con la que designamos la nueva configuración de poderes relativos entre las clases sociales, dominaciones y compromisos. El neoliberalismo se caracteriza por el refuerzo del poder de las clases capitalistas en alianza con la clase de los gerentes. Sobre todo las cúpulas de las jerarquías sociales y de los sectores financieros. En esta situación se debe distinguir entre las metas de clase y los métodos. Las metas de clase son: aumentar el ingreso y la riqueza de los dueños de los capitales y los gerentes. Es decir, los asalariados superiores. Esta característica determina la manera de manejar las empresas como las políticas, en el marco de la globalización, para colocar a todos los trabajadores del mundo en una situación de competencia.
–¿El rol de los actores privados y los Estados se modificó a partir de la crisis de 2008?
–Así es. En Estados Unidos, por ejemplo, ahora tenemos una intervención mucho más fuerte del gobierno. Los métodos se transformaron porque el gobierno tiene políticas muy fuertes, de industria, de energía. Pero todo esto no cambia las metas de clase. En cada país las características pueden ser diferentes, como ocurrió aquí en los años 90. La meta de clase era la de la burguesía, que quería colocar su dinero fuera del país –con métodos como la convertibilidad– e intervenir en el sistema de manejo de emisión de la moneda en el país. Eso fue una característica de la Argentina, un método que no habría podido existir en Estados Unidos, porque era una locura. Los tipos de neoliberalismo son diferentes en distintos países.
–En su defensa, los políticos de derecha dicen que es el único sistema de creación de riqueza porque –según argumentan– el Estado es corrupto y no asigna bien los recursos, mientras el mercado ha demostrado ser más creativo, con más innovación.
–Si el neoliberalismo fuera un método para crear riqueza, el balance sería un fracaso total. De ninguna forma, nunca creó riqueza. Eso se ve ahora, cuando las economías de Estados Unidos, Europa, Francia, crecen muy lentamente. Además, el poder de compra de la mayoría de la población se estancó. No es un modelo de creación de riqueza, es un modelo de distribución de riqueza a favor de las capas más acomodadas. En este sentido fue un éxito porque tenemos una concentración del ingreso y la riqueza hacia los grupos superiores.
–¿Se puede decir que los políticos conservadores hablan de «más mercado», pero en realidad mantienen la centralidad del Estado para consagrar desregulaciones y alentar proyectos de liberalización económica?
–El poder colectivo de las clases superiores tiene un instrumento que es el Estado. No pueden hacer nada sin el Estado. El megaproyecto comercial de Alianza Transatlántica (entre Estados Unidos y la Unión Europea) puede llegar a profundizar esta tendencia. A nivel nacional, Estados Unidos tiene políticas bastante fuertes. En particular con respecto a la energía, con el fracking para la explotación de los recursos hidrocarburíferos no convencionales. Pensaban así lograr un costo de energía muy bajo. Pero el problema que encontraron fue que el aumento de la oferta de shale gas hizo disminuir enormemente el precio del petróleo. Así, Estados Unidos buscaba tener una energía tal vez tres veces menos cara que en Europa. Esa fue la razón por la cual quería esta zona de libre comercio, porque suponía que la competencia con Europa se iba a hacer a favor de Estados Unidos, pero de hecho, con la caída del precio del crudo, esto no acontece por ahora.
–Este factor, sin embargo, ¿apuntalaría a mediano plazo la posición hegemónica de Estados Unidos?
–Puede influir, ya que la apuesta al shale gas y al fracking se desarrolla a una velocidad increíble, mientras en países como Francia esa vía (de exploración y explotación) está prohibida. Todo esto no significa que la economía de Estados Unidos está bien. Tienen una posibilidad de recuperar la industria en su territorio, pero la tasa de inversión cayó muy fuertemente con el neoliberalismo desde los años 80 y todavía no se ha recuperado. Hay un flujo neto de capitales al exterior muy superior al de la llegada de inversiones. La situación así es catastrófica.
–¿Estados Unidos encuentra nuevas formas para ganar competitividad, a partir de la crisis que estalló en Wall Street en 2008 y que se extendió luego a Europa?
–Los problemas continúan en los viejos centros, por más que no se puede decir que la situación sea de crisis a escala mundial. En Estados Unidos existe lo que llamamos «factor nacional». Se preocupan mucho por el dominio del país en el mundo. Está claro que pierden su dominio porque crecen lentamente, no más de 2% cada año, bastante lejos de China o de América Latina, aunque ahora los dos sufran cierto deterioro. Al ejército de Estados Unidos le preocupa enormemente que la industria de armamentos se haya instalado en otros países, después de un largo proceso de deslocalización de empresas. No les gusta esa situación. El gobierno se ve comprometido a ayudar a la economía de una manera que no es exactamente neoliberal.
–Siempre la primacía del fondo por encima de las formas.
–Cada año Washington aparece menos liberal. En Estados Unidos volvieron a una intervención muy fuerte del gobierno. Eso incluye financiar la deuda pública con el banco central. También aplican un proteccionismo escondido, con importaciones que se restringen por motivos ambientales, y así protegen a distintos sectores. Del mismo modo, empezaron a encarar una lucha contra los paraísos fiscales. Sancionaron una ley según la cual todas las instituciones financieras en el mundo tendrán que declarar la identidad de ciudadanos estadounidenses y su riqueza. Estados Unidos tiene la capacidad de multar a otras instituciones. Puso en marcha asimismo una política de ayuda a empresas, en particular industriales, con políticas para mantener mano de obra barata, sin ningún tipo de garantía social.
–¿No ha sido, usualmente, el alto costo de la mano de obra estadounidense una desventaja, por ejemplo frente a los países asiáticos?
–Estados Unidos tiene hoy una fracción de los trabajadores con salarios tan bajos como en los países más pobres del resto del mundo. Esto en su propio territorio. Así pensaban lograr una ventaja competitiva muy fuerte frente a Europa, donde el costo del trabajo sigue siendo más caro, porque se pagan jubilaciones, seguros de salud y otros beneficios. Barack Obama pregunta en sus discursos: «¿Por qué hacer inversiones en China, cuando ahora existe una mano de obra barata sin protección en Estados Unidos?». El costo unitario industrial en China y Estados Unidos es el mismo, según nuestros estudios.
–Europa, en tanto, parece aún lejos de encontrar la salida a su propio laberinto, más allá de la fortaleza de Alemania.
–En Europa no hay factor nacional. Se lucha para disminuir el déficit presupuestario y la economía se hunde en la recesión. En Francia van 6 años de este mecanismo, siempre al límite de la recesión. Las clases superiores, de derecha dura, tienen una política común que es disminuir el costo del trabajo, las protecciones sociales, salud, educación y demás. Francia todavía resiste entrar en estas políticas.

–¿El objetivo del neoliberalismo sigue siendo bajar los niveles salariales, como instrumento de competitividad?
–Sí, pero hay una heterogeneidad enorme. En Estados Unidos, el poder de compra promedio del 90% de la población –sacando al 10% con ingresos superiores– no aumenta desde 1970. No hubo ningún progreso del poder de compra de este grupo, mientras que en la cima aumentó de forma desmedida. Y eso se acentuó en la cima de la cima: en un hogar de cada 1.000, o 10.000, con personas muy ricas. Es una característica también del Reino Unido, con un estancamiento total de la gente pobre, y hasta 2010 no se veía esta tendencia en Francia o Alemania, pero sí puede verse en los últimos años. Parece que seguimos el mismo camino. Solo que tenemos como 30 años de atraso.
–Algunos analistas ven cerca la salida de la crisis que empezó en 2008 y afirman que en poco tiempo volverá un nuevo ciclo de crecimiento.
–No parece ser esa la dirección. Estados Unidos cambió sus políticas, pero no significa que la desigualdad social disminuya. Sigue el orden social de derecha. Lo que nosotros deseamos es una especie de retorno hacia un compromiso social de izquierda, algo así como un tipo de orden social socialdemócrata, como inicio de una etapa hacia una trasformación más radical de la sociedad. Pero para eso se va a necesitar tiempo.
–¿Cómo se explica el avance del neoliberalismo pese a la constante generación de inequidades?
–Hay dos aspectos, por un lado su instalación fue el resultado de una lucha, porque el poder de compra de estos grupos superiores, su riqueza, había disminuido de forma tremenda en términos relativos, en los años 60 y 70, en comparación con otros grupos de la población. También los impuestos para los grupos superiores eran muy fuertes. En la posguerra iban perdiendo su dominio social, pero lograron recuperar posiciones a partir de las respuestas que dieron a la ola inflacionaria de la década del 70. El segundo aspecto fue el derrumbe de las ideologías, de las utopías de izquierda. Ese fue un fracaso histórico terrible en la historia de las luchas de emancipación, y de los países que se definían como socialistas.
–¿Se requieren nuevas coaliciones que trasladen las demandas populares al nivel político? ¿Sería el camino para superar el neoliberalismo?
–La alianza de la cúpula de las jerarquías sociales entre la clase capitalista y la de los gerentes logró, por diversos mecanismos, apartar a las clases populares de la política. Quiero decir: las apartó del juego de los partidos y los grupos de presión. Para las clases populares solo quedó la lucha en la calle. Por eso se necesita hacer entrar en escena a los movimientos sociales que se encuentran en la «periferia» de las clases de los gerentes, los intelectuales y los políticos profesionales. En el compromiso social de la pos Segunda Guerra, fracciones relativamente importantes de esos grupos eran partidarias de la alianza con las clases populares, a las cuales no pertenecían.
–¿Queda mucho por andar para revertir aquel giro político y social?
–En el contexto del colapso del movimiento obrero mundial, las clases capitalistas lograron, en el neoliberalismo, sellar una alianza con las clases de los gerentes, utilizando el recurso de la remuneración principalmente. El sufrimiento de las clases populares no llega al grupo de los gerentes y, en el plano político, ya no existe ningún gran partido de izquierda. En Francia, ya sabemos en lo que se convirtió el Partido Socialista, completamente ganado por la «globalización», un término usado para ocultar el neoliberalismo. Algo semejante podríamos decir de los demócratas en Estados Unidos y de distintos partidos en otros países.
–¿Todavía no aparecen opciones claras para los que buscan un cambio al sistema neoliberal?
–Los ejecutivos de las grandes empresas reciben ingresos enormes que dependen de las cotizaciones bursátiles. Así podemos entender por qué manejan las empresas de esta manera. Esto tiene que cambiar. Legalmente y por medio de amplios debates se deben prohibir este tipo de prácticas, lo cual requiere tener mayor poder de decisión sobre las políticas públicas. Hoy tenemos luchas que se están desarrollando en ese sentido. Pero las clases superiores, los grandes capitalistas, las grandes empresas, los grandes ejecutivos, los cuadros dirigentes, siguen con un poder muy fuerte. Controlan no solamente la economía del mundo, también la ideología, las políticas, las universidades, controlan la información en la radio y en la televisión. La gente escucha todos los días esta propaganda y pierde la capacidad de criticar al sistema. Pierde el sentido y la posibilidad de visualizar cambios. Domina el famoso «no hay alternativa», cuando de hecho hay muchas alternativas.
–¿Cuál sería una hoja de ruta para superar al neoliberalismo?
–En el marco neoliberal las empresas se manejan con un objetivo: distribuir dividendos y sostener el alza de las cotizaciones bursátiles. Lo que necesitamos es manejar las empresas de manera totalmente diferente, con objetivos que pueden ser de crecimiento, pero con una visión más amplia. Que también se comprometan en la protección del medio ambiente y el progreso social. Necesitamos políticas económicas y sociales que se orienten a aumentar el bienestar de la población y mejorar las condiciones de vida, y no a la disminución de los salarios y la instalación de condiciones de trabajo más duras y difíciles para las clases populares.

Daniel Víctor Sosa
Fotos: Horacio Paone