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En busca de una estrategia integradora

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Alí Rodríguez Araque, secretario general de la UNASUR explica su visión sobre los vínculos de los países latinoamericanos y analiza la situación en Venezuela.

 

Puede decirse sin dudar que Alí Rodríguez Araque es uno de los fundadores del movimiento chavista. Su antecedente de combatiente, cuando a fines de los 50 recurrió a la lucha armada, como muchos miembros de su generación, ante la falta de apertura democrática en Venezuela tras el derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez, pesó años después, ya con Hugo Chávez como líder de la revolución bolivariana, para que  ocupara un puñado de cargos trascendentales para el proceso que se inició en 1999. Fue secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), presidente de la empresa petrolera estatal PDVSA, canciller, ministro de Economía y, desde hace dos años, secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).
Es, también, un teórico de fuste, y así lo muestra Antes de que se me olvide, el libro construido luego de seis años de conversaciones interrumpidas por la actividad cotidiana con la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde y con 200 horas de grabaciones. Ese trabajo, que acaba de ver la luz en Argentina, es una publicación imprescindible para entender el proceso de cambios que transita América Latina desde la irrupción de Hugo Chávez y que ya hizo un camino importante como para poder elaborar teorías al respecto.
Rodríguez Araque recibió a Acción poco antes de presentar el libro en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Llegaba luego de haber presidido la Conferencia de Defensa de la UNASUR que el organismo regional llevó a cabo junto con el Ministerio de Defensa argentino; una suerte de seminario en que se debatió con funcionarios del área de toda la región una cuestión crucial para el futuro de las nuevas generaciones del continente como es la del cuidado y vigilancia de los recursos naturales.
–¿Cuál es la situación actual de UNASUR?
–Un proceso de tan vasto alcance como es UNASUR obviamente pasa por distintos momentos. Pero lo que se debe mirar es la tendencia, hacia dónde apunta, hacia dónde avanza. Ya el simple hecho de haber firmado un tratado como el de UNASUR, como el de CELAC –y antes, el haber firmado todos los acuerdos que dieron lugar al ALBA– indica que en toda la región se va conformando una creciente conciencia de que somos lo que somos: una gran nación, que está fragmentada, pero una gran nación. La visión de concebir todo este inmenso territorio de Sudamérica, de 10.800.000 kilómetros cuadrados y poblado por 400 millones de seres, arranca desde ya hace dos siglos. La visión de José de San Martín y de Simón Bolívar no era liberar un pequeño fragmento. ¿Por qué San Martín regresa a los Andes para liberar a Perú, y por qué Bolívar viene desde tan largas distancias como son las llanuras de Venezuela y de Colombia, también cruzando los Andes, para llegar hasta el Alto Perú? Porque tienen una visión de que era necesario derrotar al imperio español hasta el último rincón de esta región. Más allá de la independencia, se veía esto como una sola nación; Bolívar llegó a hablar de una federación de repúblicas. El haber firmado el tratado de UNASUR implica que estamos rescatando ese sueño ancestral de nuestros pueblos, de nuestros líderes.
–¿Cómo se consolida la integración?
–Lo primero es que tengamos una estrategia. Porque todos los acuerdos, hasta en el hogar, o en las relaciones interpersonales, según dicen los que saben de eso, implican una política amorosa en un caso, y una estrategia en el otro, que debe buscar dónde está su principal fortaleza, su principal punto de apoyo. Y por descarte se llega a una conclusión: no es que seamos potencia militar, ni industrial, ni tecnológica y, afortunadamente, tampoco nuclear, sino que somos depositarios de una descomunal riqueza representada por todos los recursos naturales que tú quieras conseguir aquí. No solamente por lo que se encuentra en tierra firme, sino por lo que está alojado en los grandes océanos que bañan estas tierras. Se trata de qué vamos a hacer con esa enorme riqueza natural cuando además –y como contraste– tenemos más de 100 millones de seres viviendo en la pobreza y buena parte de ellos en situación de indigencia.
–En el libro hace hincapié  en el tema de la transculturización. Muchas de esas 400 millones de personas no están enteradas de qué es Unasur o no les interesa o, peor aún, están en contra por razones culturales. ¿Cómo ve esta cuestión?
–El problema de la cultura, tal como yo la veo, es el súmmum de todos los cambios que puedan ocurrir en una sociedad, y hablo de cambios cualitativos. Porque para mí la cultura es, a fin de cuentas, el sistema de valores que mueve a una sociedad, y la cúspide es la ética de la sociedad. A los regímenes feudales corresponde una ética, al régimen capitalista ha correspondido otra ética. Pero la ética en una sociedad que esté verdaderamente al servicio de los pueblos, de una verdadera democracia, ¿cuál es? En mi opinión, es el trabajo, pero si bien el trabajo es la fuente de todas las riquezas, no es la guía ética de todas las sociedades. Pienso que hay cambios profundos de significación histórica en una sociedad cuando se producen cambios culturales, cuando hay una revolución cultural en el más legítimo sentido de la expresión. Es un primer aspecto a tomar en cuenta. Pero la cultura no viene por obra y gracia del espíritu santo; la cultura es la expresión de cambios que ocurren en las estructuras de las sociedades. Al fin y al cabo, la conciencia de las sociedades está determinada por las condiciones de existencia de las sociedades y no al revés. De manera que el primer gran reto –y estábamos hablando de eso– es una estrategia que permita desarrollar todo el poderío material que sirva de sustento para cambios culturales de vastas proporciones en toda la región. No se trata de una ruptura donde ya el pasado quedó liquidado. No. Porque son como afluentes que van discurriendo en distintas direcciones y en distintas épocas en la historia. Porque hay un acervo cultural en nuestra región, sobre todo en nuestros antecedentes, en los pobladores originales de estas tierras. En el Perú hay una civilización, la de los caral, que tiene 5.000 años. ¿Cuántos avances hubo en la sociedad inca, entre los chibchas, entre los aztecas, poblaciones arrasadas por la ocupación del imperio español de aquel entonces? Pero aun así hay una base cultural de gran importancia en toda la región que está llamada a florecer, acompañada de otros cambios que es perfectamente posible alcanzar sumando el concurso de las otras potencialidades que hay en la región.
–Cuando se ven las distintas dirigencias regionales, las distintas sociedades y tendencias, parece revelarse un tironeo por coordinar esas diferentes posiciones en torno de la integración.
–Cuando a mí me planteas ese problema, yo tengo un ejemplo a mano, la OPEP. ¿Tú crees que en nuestra América hay regímenes sociales y políticos más diversos que en la OPEP, o visiones políticas o incluso alianzas internacionales más complejas que aquellas que caracterizan a los países que están en la OPEP? Ni aun durante la guerra entre Irak y Kuwait dejó de funcionar la OPEP. ¿Qué tenían en común Muammar Khadafi con el régimen saudita? Y sin embargo allí estaban. Por qué la OPEP ha sobrevivido a todo tipo de conflicto internos y externos desde el 14 de setiembre de 1960 es una pregunta que debemos hacernos. Yo tengo una respuesta, y es que ha sido el acuerdo inteligente entre todos esos países para encontrar una fórmula eficaz para la defensa del derecho de propiedad sobre un recurso natural, el petróleo.
–Claro, pero dos de esos países, Irak y Libia, han sufrido los peores embates del imperialismo, y lo mismo ocurre ahora con Venezuela.
–Pero no por la OPEP sino a pesar de la OPEP. Por supuesto que no nos movemos en el mejor de los mundos. Son contradicciones que derivan precisamente del hecho de tener grandes recursos naturales. ¿Tú crees que a Irak la atacaron porque Saddam Hussein estaba construyendo armas de destrucción masiva, que es lo que dijeron? ¿O porque Irak tiene uno de los más grandes reservorios de petróleo a nivel internacional? ¿Y a Libia por qué? ¿Y a Siria por qué?  Si bien Siria no es un gran reservorio de petróleo –aunque tiene una producción nada despreciable–, es un enclave estratégico muy relacionado con estos temas que estamos comentando.
–Este encuentro que se desarrolló en Buenos Aires, ¿ tiene la importancia de haber puesto sobre el tapete el núcleo sobre el cual se pueden unir las distintas posiciones de los países de UNASUR en torno de la defensa de los recursos?
–Claro, porque la tierra no es un problema de derechas o de izquierdas; la tierra donde están alojados todos los recursos sin excepción es un problema de los pueblos, de las naciones. En Venezuela, por ejemplo, todos los programas políticos de todos los partidos tenían como culminación de sus aspiraciones la nacionalización del petróleo. Por supuesto, cada uno con su propio esquema, nacionalizar para qué, en qué condiciones…
–Y para quién.
–Exactamente. Si tienes una estructura en la que domina un sector de la sociedad, como ocurría en Venezuela, ya se sabe quiénes van a ser los principales favorecidos, además de los grandes consorcios internacionales. Uno de los problemas que coloca a Venezuela en esas tensiones tan fuertes es que es depositaria de las más grandes riquezas petroleras del mundo: 297.000 millones de barriles en un espacio relativamente reducido, grandes reservas de gas, una ubicación estratégica a la cabeza de Sudamérica, frente al mar Caribe. No es un territorio cualquiera, además de las tradiciones que conocemos y además de todo lo que ha significado el liderazgo de Chávez como factor de impulso a la integración sudamericana, latinoamericana y caribeña, a quien (la secretaria de Estado de George W. Bush) Condoleezza Rice calificó como influencia negativa en la región. Eso explica el fondo del problema. Si, por ejemplo, Chávez hubiera dejado tranquilitos los contratos petroleros donde se habían eliminado las regalías, se habían reducido  los impuestos, donde las dudas y controles se resolvían en tribunales extranjeros, y dentro de los cuales las empresas, las grandes corporaciones, tenían la mayoría accionaria –65% de las acciones en las asociaciones estratégicas–, seríamos objeto de las más grandes felicitaciones y elogios a nuestra democracia. Pero las regalías se llevaron al 30%, los impuestos al 50%, las controversias se resuelven en territorio venezolano y la mayoría accionaria la tiene PDVSA. Eso no les gusta ni a las grandes corporaciones ni a quienes les brindan sus apoyos a las grandes corporaciones.

–¿Uno de los temas que se planteó fue el de crear algún tipo de fuerzas armadas comunes para la defensa de los recursos naturales?
–Eso estaría mal planteado. Yo prefiero hablar de la defensa de los derechos  de propiedad de los recursos naturales. Es un derecho de nuestros pueblos, de nuestras naciones. Hay una resolución de Naciones Unidas que tiene el número 1.803 y fue aprobada el 24 de diciembre de 1962 que establece como un principio, así lo dice, los derechos permanentes y soberanos de los Estados sobre los recursos naturales. Luego hay todo un desarrollo de esa resolución, de manera que podemos decir que ese es un principio de validez universal. Nosotros debemos tomar ese principio y desarrollarlo en las condiciones de nuestra región.
–¿Cómo será el futuro de UNASUR?
–Yo creo que UNASUR tiene un brillante futuro, siempre y cuando entendamos que es necesaria una estrategia, que es necesario impulsar un acuerdo en torno al mejor aprovechamiento de nuestros recursos naturales y que se acuerden orientaciones para superar los problemas de pobreza y mejorar las condiciones de existencia de nuestras poblaciones.
–¿Hay consenso para lograr eso?
–Bueno, estamos en la búsqueda. Hasta ahora nadie ha dicho que no y eso es un avance importante.
–Hablemos sobre Venezuela, ¿el diálogo con la oposición quedó frustrado?
–El diálogo para garantizar un ejercicio pleno y libre de la democracia es muy importante, pero se necesita la racionalidad de la oposición, porque si por algo se ha caracterizado, lamentablemente, es por su total carencia de ideas. Tú exploras todo lo que dice y escribe la oposición y te preguntas cuál es el proyecto alternativo; hay un gran vacío, pero al lado de eso está el problema del liderazgo. No hay un liderazgo que encarne algo que además no existe, como sería un programa, una visión alternativa. Oigo por allí que el mejor aliado que hemos tenido en Venezuela ha sido la oposición, porque tal vez con una propuesta racional y, por supuesto, con un liderazgo, podría haber hecho un papel mucho mejor e incluso podría haber dado conclusiones importantes en variantes políticas y en el desarrollo de la democracia venezolana. Lamentablemente no ha sido así y una de dos: la actual oposición está dejándose chantajear por un sector violento o bien es otra combinación de la forma de lucha. Es decir, por un lado, un sector actúa en el plano legal, y, por otro, actúa un sector ilegal de manera violenta, como ocurre con estos hechos bien conocidos y que afortunadamente ya han sido controlados. Porque, además, hay una nueva intervención nada oculta y nada enmascarada de Estados Unidos en los asuntos internos en Venezuela. Personeros muy calificados del gobierno norteamericano y del propio Congreso están interviniendo de la manera más grosera, más vulgar, más ordinaria y más brutal en los asuntos internos de Venezuela. Hay una trama allí que va más allá de los problemas de los venezolanos y que tiene que ver, una vez más, con el hecho de que Venezuela tiene un gigantesco reservorio de energía que Estados Unidos, que consume el 25% de la energía del mundo, necesita cada vez más.
–¿No hay a la vez un problema económico importante en Venezuela?
–Sí, por supuesto, uno no puede decir que todo es culpa del imperialismo y que todo es culpa de la oposición. Hay problemas reales de la economía. En estos momentos hay un problema de mucho circulante que ejerce una presión sobre el dólar y ejerce una presión sobre los productos en general. Venezuela tiene un problema estructural y crónico que viene arrastrándose desde los años 30, que es la sobrevaluación del bolívar.
–¿Cómo es eso?
–Con la crisis de los años 30 casi todas las monedas del mundo se devaluaron. Venezuela no devaluó, apreció la moneda; de 5,20 centavos por dólar se llegó a 3,09 centavos por dólar y, desde entonces, eso fue un golpe a la propiedad y la producción agrícola venezolana. De gran exportador de alimentos se transformó en gran importador. Eso no se ha podido corregir a lo largo de la historia. Porque, además, al tener un gran poder de compra y un dólar barato, ha sido más económico importar que producir. Hay problemas que ya se han hecho de orden estructural y eso implica, entre otras cosas, realizar un fuerte incremento de la productividad. Porque Venezuela tiene  el nivel de productividad más bajo de América del Sur. Así, hay una cantidad de problemas que hay que enumerar y señalar con los que tiene que lidiar el actual gobierno del presidente Nicolás Maduro y no son cosas que se pueden resolver en un día, aparte de otros problemas, errores que se han cometido, como ocurre en la efervescencia de todo proceso de cambios revolucionarios.

Alberto López Girondo
Fotos: Jorge Aloy

 

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