Voces | ENTREVISTA A INÉS ARRONDO

En toda la cancha

A cargo de la Secretaría de Deportes y el ENARD, la ex Leona destaca la importancia de las políticas de Estado para potenciar a los atletas. Balance de gestión.

Inés Arrondo fue jugadora de hockey sobre césped, entrenadora, dirigenta y ahora está en su oficina de la Secretaría de Deportes de la Nación, bajo su conducción desde diciembre de 2019, lo que determina que en este tiempo observó el deporte desde distintos lugares. Durante siete años –con dos medallas olímpicas: plata y bronce– fue parte de ese concepto que construyeron las Leonas, cuyo primer logo en Sidney 2000 estuvo a su cargo. Arrondo, que acaba de asumir la presidencia del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), cuenta que el deporte apareció en su vida a los 6 años, en una plaza de Mar del Plata, su ciudad, gracias a políticas que hicieron más accesible esa llegada. «Está bueno haber vivido en el cuerpo muchos de los roles que se desenvuelven en el deporte; haber sentido que gracias a un dispositivo del Estado yo haya podido acercarme al deporte», dice desde su despacho en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), un complejo que durante el Gobierno de Mauricio Macri pretendió ser vendido para proyectos inmobiliarios. Arrondo sostiene que eso ya está descartado, que el CENARD es el lugar del deporte en la Ciudad de Buenos Aires. «Es un espacio que está siendo utilizado las 24 horas del día por más de 1.000 atletas que visten la camiseta de Argentina representándola ante el mundo –le dice a Acción–. Tenemos el deseo de ponerlo en valor porque lo recibimos bastante dañado, incluso en proceso de vaciamiento».
–Cuando asumiste tenías una perspectiva de lo que podía ser tu gestión pero el COVID-19 modificó los planes. ¿Cómo evaluás lo que sucedió con el deporte en este tiempo?
–Vivimos uno de los momentos más difíciles de la humanidad. Por las vidas que ha costado la pandemia y por la incertidumbre. Los primeros tres meses los transitamos sin saber qué era lo que iba a pasar. Todos los organismos internacionales recomendaban que la gente estuviera adentro. Después apareció la vacuna y empezó a modificarse esa situación. En el medio, tuvimos que hacer todo lo posible para que se pudiera seguir entrenando porque sabemos que los deportistas y las selecciones nacionales necesitan entre cuatro y seis horas por día en movimiento. Fue muy difícil también redireccionar las prioridades para atender y asistir a todas las estructuras de desarrollo del deporte argentino, principalmente los clubes, que son los grandes aportadores de infraestructura deportiva. Activamos programas que no había para clubes de barrio. En 2019, durante la gestión anterior, con la Agencia que se armó, había solo 17 expedientes de subsidios para clubes en todo el país.
–Venían del golpe por los tarifazos.
–Y de pérdida de poder adquisitivo de las familias, que son las que nutren al club y que si no tienen para la cuota aportan participando. Todo eso fue retrocediendo. Activamos un engranaje que directamente no existía, que tuvo muy buen resultado y que representó que lográramos un registro de más de 4.000 clubes de barrio y pueblo. Ojalá podamos ingresar a todos los clubes que hay, tenerlos geolocalizados, porque eso nos va a permitir avanzar en discusiones que debemos dar respecto al presupuesto del deporte; contar con herramientas concretas para saber dónde están y cuáles son las necesidades que tienen.
–Hubo deportistas que se quejaron por el tiempo en el que no pudieron entrenarse, ¿consideraste esa situación? ¿Expresó una desigualdad respecto a otros países?
–El escenario mundial quedó patas para arriba. Lo hablamos cuando estuvimos en Tokio con las autoridades de deportes de otros países. España estuvo igual que nosotros, con un confinamiento estricto. Las Leonas, que no tuvieron competencia, ganaron medalla. Parte de lo que sentimos es que lo importante fue haber llegado, que una generación de atletas que tuvo complicaciones para prepararse, haya estado en Tokio. Más allá de las dificultades, no hubo un cambio significativo en los resultados.
–Es decir, tu balance es…
–Similar al de Atlanta 96 a esta parte. Han habido Juegos que han sido un poco mejores, pero no podés tomar solo el posicionamiento en el medallero. Si obtuviste una medalla más en una disciplina no te cambia la realidad estructural. Cuando asumimos teníamos Juegos Olímpicos a los pocos meses. Lo único que podíamos hacer era generar una cercanía fuerte con los y las atletas, y brindar todo el apoyo que hiciera falta para esa recta final de trabajo. Y también cambiar mucho la mirada respecto a lo que representan las becas. Veníamos de un 2019 en donde las becas habían tenido un 13% de aumento, con lo que había sido la situación económica del país. Nosotros ni bien asumimos aumentamos un 30% las becas y realizamos dos becas extraordinarias por COVID. Antes de los Juegos Olímpicos las aumentamos un 65%. Sé lo que representan las becas porque fueron mi sustento durante mis años de carrera deportiva. Y sé que el deportista, dependiendo de cómo es la realidad de su deporte, tiene mayores o menores herramientas para dar algunas discusiones. El deportista que tiene marca es dueño o dueña de sus posibilidades en un montón de sentidos. Pero el deportista que es parte de un equipo, y para quien está la subjetividad de por medio de alguien que la elige o lo elige para integrar un equipo, tiene otro tipo de herramientas para dar las discusiones. Sabemos que estamos desactualizados y que tenemos que aumentar más en la medida que podamos ir saliendo de la pandemia y podamos mejorar la situación estructural del país y podamos contar con recursos. Este año la ejecución del ENARD terminó con recursos disponibles y la verdad es que tal vez habría sido mejor utilizarlos.
–¿Hubo una subejecución?
–Claro, y habría sido mejor que se utilizaran en el desarrollo del alto rendimiento. Porque todas las instancias posibles de participación en las categorías juveniles y juniors las tenemos que tratar de aprovechar. Pero dicen que van y no hacen podio. ¿Y cuál es la alternativa? ¿Que no vayan? ¿Que no participen? ¿Qué desarrollo posible tenés si pensás estratégicamente de esa manera? Siempre que podamos tenemos que tratar de ampliar la base de participación también en alto rendimiento. Pensarlo de otra manera.
–¿Cuánto tienen que ver los clubes en que la Argentina se destaque en lo colectivo?
–Está todo ahí. Está en el poder especial que tiene nuestro deporte, el sentido de pertenencia y representación que se genera en los clubes a partir de ser parte de este proyecto colectivo, de ponerse su camiseta, defender ese espacio de pertenencia, esa pasión que hace falta para que suceda es la multiplicadora y potenciadora del deporte argentino. Si no fuera así no se explican los resultados que tenemos con el presupuesto que contamos, la mitad de Perú, que festejaba que podía acceder a cinco diplomas olímpicos. Y nosotros tuvimos los resultados que tuvimos, y eso tiene que ver con la tarea que llevan adelante miles y miles de personas en los clubes de barrio. El deporte del país se construye en los clubes. Por eso tiene que haber un Estado presente sosteniendo esa tarea y haciendo sostenible ese proyecto deportivo.

–Asumiste la presidencia del ENARD, ¿creés que tiene que volver a ser financiado como era antes de 2017?
–Fue lamentable que se desfinanciara el ENARD. Fue una decisión que se tomó durante el Gobierno de Cambiemos. Y faltó también que la comunidad del deporte defendiera lo que tenía. Creo que a muchos los afectó la desinformación y la contradicción interna de comprobar que algunos dirigentes estaban a favor de ese desfinanciamiento. Ver a los propios dirigentes hizo que muchos no terminaran de entender si era bueno o si era malo. Hoy está claro lo que representó, tendríamos el doble de presupuesto si ese mecanismo continuara (N. de R.: El ENARD se financiaba con el 1% de la telefonía celular, pero el Gobierno de Cambiemos modificó esa situación y lo ató a las partidas del Tesoro Nacional). Está la voluntad de recuperarlo. El proyecto está redactado. Yo hasta que el partido no está terminado, no festejo. Pero obviamente que tenemos todo listo.
–¿Si no se hizo hasta ahora fue por la pandemia?
–Sí.
–¿No hubo otro tipo de trabas políticas o dirigenciales?
–No, al contrario. Alberto duplicó el presupuesto de deportes en el transcurso de los primeros meses de gobierno y triplicó el presupuesto al primer año de gestión. Nosotros arrancamos con 1.350 millones de pesos, este año lo iniciamos con más de 3.100 millones, y ya para el próximo año tenemos más de 6.000 millones. Multiplicamos sistemáticamente el presupuesto. Es una decisión política del presidente. Obviamente en la medida de que se pueda avanzar más y el país se recupere.
–¿Qué te dejó lo que ocurrió con el Sudamericano de Atletismo en Guayaquil?
–Si sirvió para poner en discusión el financiamiento del deporte, bienvenido sea. A mí me dejó una sensación desagradable porque hubo una utilización muy fea de una gestión que debiera haberse resuelto de manera mecánica porque no debió haberse puesto en discusión la participación de una delegación argentina. Sobre todo si el paquete de recursos estaba y abarcaba lo mismo un mecanismo del otro llevar 19 atletas que llevar 50. Entonces, se utilizó eso de manera muy dañina y muy fea para hacerle daño al Gobierno y hacernos daño, personalmente, a algunos funcionarios.
–¿Y al Estado en general como ordenador de políticas públicas?
–En ese sentido se hizo mucho daño. Porque apareció la actitud más que valiosa de Santi Maratea y la solidaridad de la gente para recaudar fondos y ponerse a disposición de los atletas. Pero la realidad es que la posición del Estado era que los recursos estaban y que podían viajar todos los atletas. Fueron justamente organismos privados, que tenían otros intereses los que tenían una determinación distinta y tenían la potestad de la definición. Eso fue justamente lo que no tiene que pasar. Y que la figura que sugiere que el Estado no resuelve nada es muy dañina para la sociedad, porque es muy importante que la sociedad crea en las instituciones. El daño simbólico fue grave.
–Gerardo Werthein ya dejó de ser el presidente del Comité Olímpico Argentino. Asumió Mario Moccia. ¿Cómo esperás que sea desde ahora la relación con el COA?
–Yo tengo la esperanza de que podamos construir un equipo de trabajo con mucho más diálogo y que nos podamos dar discusiones sanas respecto a las gestiones que necesitamos para el alto rendimiento. He tenido una primera instancia de reuniones, se dio un buen diálogo, han incorporado a Paula Pareto como atleta. Y tenemos la esperanza de poder armar un equipo de trabajo y que esas autoridades estén a disposición del deporte argentino. El ENARD no ha sido creado para otra cosa que no sea atender la realidad del deporte de alto rendimiento de nuestro país. Esa es su función primaria.


Alejandro Wall / Fotos: Horacio Paone