Voces

La causa de las mujeres

Cecilia Merchán fue la primera legisladora que dijo públicamente «yo aborté» y hoy, desde su cargo en la Jefatura de Gabinete, coordina acciones contra la trata de personas.

 

Soy pobre, del campo y mujer», fue la respuesta que Cecilia Merchán recibió de su abuela cuando a los 6 años le preguntó por qué no sabía leer. Con esa frase comprendió sintéticamente el significado de la desigualdad y fue una primera marca –a la que sucedieron muchas otras–, que le indicó el rumbo, primero como alfabetizadora, luego como feminista y militante. Fue la primera legisladora que dijo públicamente «Yo aborté». Fue diputada por Libres del Sur entre 2007 y 2010, período en que defendió la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y la legalización del aborto. Desde hace un año se encuentra al frente del Comité Ejecutivo para la Lucha contra la Trata y Explotación de Personas y para la Asistencia a las Víctimas, y también es la titular de la Coordinación de Articulación Estratégica, ambas instancias dependientes de la Jefatura de Gabinete de Ministros, desde donde se coordinan acciones entre los Ministerios de Seguridad, Trabajo, Desarrollo Social, Justicia y Seguridad. Su gestión tiene la impronta de su militancia en las organizaciones: la capacidad para articular acciones diversas y la certeza de que para ver los logros hay que analizar los hechos desde una perspectiva histórica.
–¿Cómo comenzó a militar?
–Yo vengo de una familia bien de campo, del pueblo James Crake, donde no había nadie que militara. A mí y a mis hermanos nos criaron mi mamá y mi abuela. Mi abuela era una genia, era súper creativa, además de que nos quería, siempre nos leía antes de ir a dormir o yo creía que nos leía, pero un día empecé primer grado y le pedí que me enseñara a leer y me dijo que no sabía. Fue muy fuerte para mí. Mi abuela, que no tenía un pelo de feminista ni nada, cuando le pregunté: «¿Cómo que no sabés leer?», me dijo: «Porque soy pobre, del campo y mujer». Yo creo que eso fue una marca para mí, una linda marca, me resumió en esa frase todas las desigualdades. Cuando supuestamente nos leía, nos mostraba las historietas, en realidad inventaba. Después, apenas entré en la secundaria, yo hacía títeres, teatro, y un profe mío, que había sido monto, me inició en la militancia y me convocó para ir a hacer los títeres en un barrio y ahí empecé a ser alfabetizadora a los 15 años. Cuando tenía 17 o 18, se hizo el plan de Alfonsín de alfabetización, y entré y fue increíble y no paré más, y siempre he estado asociada con un montón de mujeres.
–¿Cómo llegó a integrar la Cámara de Diputados?
–Empecé militando en el peronismo de mi pueblo, en Villa María, en el Ateneo Jauretche. De ahí pase a la universidad, cuando me fui a estudiar Comunicación a Córdoba, en el Santiago Pampillón y me enganché con la izquierda nacional que era Patria Libre, que derivó en Libres del Sur. Después fue un desastre la política de Libres del Sur, lamentablemente, luego de más de 20 años de militar ahí me fui con diferencias imposibles de volver a unificar. Pero a la diputación entré encabezando una lista en Córdoba, en 2007, conformada por varios partidos, entre ellos, Libres del Sur, que acompañaba al Gobierno nacional pero no al PJ cordobés que estaba con De La Sota. Nosotros teníamos nuestra lista kirchnerista y ahí entré y después me abrí de Libres del Sur en el 2010, públicamente en  2011.
–En 2010 usted contó públicamente que había abortado. ¿Por qué decidió hacerlo?
–Era algo de lo que yo no había hablado públicamente hasta ese momento, ni a mi hija, que ahora tiene 24 años, le había contado esa historia, porque era algo que estaba adentro mío, doliendo, pero un día lo conté en un grupo, más allá de mis propias compañeras más cercanas que ya sabían, y me sugirieron que lo contara, pero bueno, quedó ahí. La cuestión es que cada vez que decaía el debate sobre aborto tratábamos de sacar un as de la manga para que volviera a estar vigente. Una vez presentamos un hábeas corpus de 1.500 mujeres y siempre inventábamos algo, desde las Juanas, en el marco de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y hacíamos todo desde la diputación. Un 25 de mayo nos disfrazamos de negritas candomberas, de damas antiguas, y repartíamos volantes a los diputados en la calle. Hacíamos cualquier cosa para instalar el tema. En un momento, el debate había decaído un montón, y un día, con Lucía Álvarez, periodista de Tiempo Argentino, estábamos charlando y le cuento esta historia y me dice: «¡Hagamos la nota!». Yo tenía dificultades para contarlo y cuando lo hice lloramos todos, incluido el fotógrafo, lloramos los tres. Largar todo eso fue muy fuerte, muy traumático, porque cada una lo vive a su manera. Una chica que yo alfabetizaba se murió, yo tenía 18 y casi me muero, y ella 19. Si mi abuela me marcó en su momento, esto también.
–¿Cómo fueron las repercusiones?
–En ese momento Tiempo Argentino creo que solo tenía la web. En la nota nombro a mi vieja y después le cuento que me habían entrevistado y que comenté cual había sido su actitud con el tema del aborto. En ese momento, mi mamá laburaba en Villa María, zona sojera desde donde a mí me tiraban con todo en la época del debate por la 125, pero le dije que el diario a Córdoba no iba a llegar, que se quedara tranquila, que no iba a tener repercusión. Al otro día, La Voz del Interior titulaba: «Merchán confiesa que abortó y que la acompañó su madre». Y quedó para la historia.
–¿Alguna otra legisladora había contado una experiencia similar?
–Antes, nadie. Después sí. Antes se habían hecho campañas, pero logramos hablar de esta experiencia desde un lugar de mujeres no tan resueltas, sino contando que también la había pasado mal, que mi compañera no había sobrevivido y yo sí. Y ese mes anduve por todo el país y los medios, y ahí nomas logramos meter el debate en Diputados. Cuando entré en Diputados en 2007, entré diciendo que mis leyes principales eran por la legalización del aborto y la Ley de Medios. Todos me decían que estaba loca. Bueno, una se logró, la otra la dejamos picando, pero hablar en ese momento sobre aborto era horroroso, todo estaba en contra, pero hoy es muy favorable a la legalización, a pesar de todas las dificultades ya es más difícil decir que no estás de acuerdo.
–En su función actual al frente del Comité de Lucha Contra la Trata, ¿cómo abordan esta problemática?
–Por un lado, logramos unificar los criterios no solo teóricos de los ministerios, sino también los protocolos de acción. A partir de esa primera amalgama, hicimos un primer material que se llama «De conceptos básicos» y a partir de ese material hicimos una capacitación virtual intensa, abierta, a través de la cual ya llevamos capacitadas a más de 1.500 personas de todo el país. También llevamos a cabo múltiples acciones por toda la Argentina, articulaciones que tienen que ver con casos concretos y acciones que tienen que ver con la difusión, el debate, con instituciones, con organizaciones. También dentro de la campaña «Paremos la trata» editamos un disco; con la Casa de la Moneda hicimos una moneda alusiva al tema, medallas que se fueron repartiendo en Tecnópolis.
–¿Cómo trabajaron la campaña en los medios?
–En los medios la campaña se desarrolló en tres etapas buscando que no aparecieran víctimas. La primera fue la que se vio en el Mundial dirigida a los hombres que pagan por sexo y a desandar la idea de que la continuación de la fiesta masculina en los grandes eventos deportivos es terminar en el prostíbulo. Ese spot tuvo un impacto importante porque además fue la primera vez que el Estado nacional hacía una campaña de estas características ya que, en general, son una línea más de las organizaciones. Esa etapa tuvo que ver también con mostrar que los hombres que consumen no son bichos raros, sino que también son hombres comunes y que puede ser mi novio, mi amante, mi hermano o compañero de militancia. Después, la segunda etapa, que está transcurriendo en este momento, está dirigida a los modos de captación, también para desmitificar esta idea de que es por la fuerza cuando en general es por engaño. El engaño puede ser a través de una convocatoria laboral, de un enamoramiento, en un casting, y a estas cosas hay que estar atentas. Finalmente, en la tercera etapa, que se inicia en estos días, la idea es visibilizar la trata con fines de explotación laboral, ya que, en general, cuando hablamos de trata estamos más acostumbradas a hablar de la trata con fines de explotación sexual cuando la mitad de las personas rescatadas en la Argentina son víctimas de explotación laboral.

–¿El Comité trabaja en alguna línea vinculada con la connivencia entre este delito y funcionarios judiciales y de las fuerzas de seguridad?
–No existiría la trata si no existiera connivencia de distintos sectores del poder. Hemos avanzado un montón en este sentido, empezando por que desde 2008 es un delito federal, eso hizo que pudiera ser perseguido de otra manera, y que estas cuestiones se pudieran ver también de otra manera. Hay un trabajo importante del Ministerio de Seguridad en ese sentido y después hay que hacer un seguimiento muy importante por parte del Comité en su totalidad, pero también por parte de la sociedad. No nos olvidemos de que el tema de la Justicia no es algo que nosotros solos podamos resolver, por ejemplo, cuando la «injusticia» tucumana falló a favor de todos los tratantes de Marita Verón, fue la sociedad en su conjunto la que saltó en contra y la que permitió que esto se revisara y se diera vuelta. Entonces, el Comité tiene que trabajar en tres tareas: la persecución del delito, que no es solo trabajo del Ministerio de Justicia sino de las fiscalías, la Procuraduría de Trata y Explotación de personas (Protex), pero además debemos trabajar en las connivencias y debemos trabajar para que la sociedad no permita que esto suceda.
–¿Cuáles fueron los resultados del trabajo que vienen realizando con las fuerzas de seguridad a partir de las capacitaciones?
–Hay algo muy notable, en Argentina, recién desde 2008 tenemos la Ley de Trata y desde ese momento a esta parte hay más de 6.000 personas rescatadas, más de 150 personas imputadas en relación con el tema. Hemos logrado que las fuerzas de seguridad no solo investiguen sino que detecten. Por ejemplo, Gendarmería, Seguridad Aeroportuaria. Creo que es muy notable pero nos vamos olvidando de cómo era este tema antes de 2008. En ese entonces nadie, o un sector social o político muy chico, hablaba de la trata, de hecho Susana Trimarco actuaba en soledad total y las organizaciones que trabajábamos en la cuestión de manera pequeña íbamos instalándola en distintos lugares. Creo que esto tiene que ver con una sociedad que avanza, con una ampliación de derechos real que se ha dado a nivel legislativo y con políticas públicas que el Poder Ejecutivo también ha desplegado en estos años. Lo que siempre intento es que vayamos viendo la historicidad, porque parece que siempre estás sembrando, y nunca se cosecha, porque pareciera que siempre falta tanto y es importante ver los logros también.
–¿Tienen algunas líneas orientadas a reforzar la tarea de los fiscales federales de todo el país que llevan un trabajo bastante en solitario?
–El trabajo en solitario de los fiscales es tan relativo como el trabajo en solitario de las personas que hacen asistencia a víctimas, tan relativo como quien lleva una campaña en contra de la trata en cada lugar. Todo tiene algo de soledad y bastante de compañía si lo vemos en este tiempo, porque toda esta gente se va asociando. Quienes tenemos voluntad política de avanzar vamos estableciendo redes muy poderosas, hay que revalorizar esta tarea así como la de los organismos nacionales que apoyan y acompañan este trabajo. Las asociaciones que vamos haciendo tienen que ver con el deseo de acabar con este flagelo, entonces, en esa línea yo insisto, ¿hay soledad de los fiscales? Y sí, pero como la de cualquiera que lleva adelante alguna de estas tareas, que son muy difíciles y muy arduas, como las fuerzas policiales que empiezan a trabajar en este tema y siempre les faltan cosas, materiales, les falta saber cómo formar a los demás, y en eso nos vamos asociando, y creo que el Comité tiene un rol importante en eso, de articulación de todos estos aspectos a la vez.
–¿Cuentan con alguna estrategia para cercar el delito económicamente?
–Trabajamos con la Unidad de Investigación Financiera (UIF). Ellos ya han llevado adelante varias investigaciones vinculadas con esta cuestión, incluso estamos viendo que hay juicios en Bolivia que requieren una investigación trasnacional que implica que hagamos seguimiento a través de las rutas económicas, que a veces es la única forma de llegar a ellas, y la UIF está trabajando en estos temas.

María Sol Wasylyk Fedyszak
Fotos: Jorge Aloy