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La mirada propia

El ministro de Cultura reinvidica las políticas de fomento y estímulo a la creación local y explica los mecanismos de ayuda para el sector en el marco de la pandemia.

Tristán Bauer habla y piensa en imágenes. Es ministro de Cultura de la Nación y director de cine. Por eso mira un punto fijo, evoca ciertas imágenes y luego se expresa: «Ver a los personajes de Zamba en el piso. Ese Belgrano decapitado, ese San Martín flagelado. ¿Por qué tanto odio?», recuerda sobre la primera vez que volvió a entrar a Tecnópolis luego de cuatro años de gobierno macrista.
La trayectoria de Bauer en la función pública comenzó en 2008 como director del Sistema Nacional de Medios Públicos designado por la entonces presidenta Cristina Fernández. También participó de la creación de los canales estales educativos Encuentro y Paka Paka, dos señales prestigiosas, con éxito en el público y reconocidas en Latinoamérica. De allí su indignación cuando explica cómo encontraron esos canales al asumir: «Bajaron la inversión al mínimo en Encuentro y sacaron del cable básico a Paka Paka».
En su producción como realizador audiovisual sobresalen el documental Cortázar, de 1994; El Camino de Santiago; o la reciente Tierra arrasada. Su film Iluminados por el fuego, basado en el libro del periodista y excombatiente de Malvinas Edgardo Esteban, es valorado tanto por veteranos de guerra como por su función educativa, y recibió premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Goya y los que otorgan los festivales de San Sebastián y La Habana.
Su función en la actualidad al frente del Ministerio se vio especialmente afectada por las restricciones y el distanciamiento motivados por la pandemia. Así es como su tarea se volcó hacia la asistencia a artistas y realizadores en general, a partir de programas como el de Cultura Solidaria, que distribuyó el año pasado unos 14.600 millones de pesos destinados a espectáculos, talleres y charlas por todo el país.
–¿Cómo continúan las medidas de asistencia para el sector cultural este año?
–La pandemia ha castigado particularmente a las industrias culturales a nivel mundial. Hubiéramos deseado poder avanzar hacia producción y trabajo, pero esta segunda ola sigue golpeando y por eso mantenemos los programas de asistencia. En lo que va del año ya otorgamos 2.300 millones de pesos en diversos programas. Así llegamos a más de 50.000 artistas y trabajadores de la cultura, con una inversión que es histórica. Además, tenemos programas específicos para las distintas disciplinas y también para algunas zonas, como la Comarca Andina, muy golpeada no solo por el COVID sino también por los incendios. La idea es volver a producción y trabajo ni bien nos lo permita la pandemia.
–Entre otros planes estaba el de hacer un Ministerio más federal, ¿se está intentando a pesar del contexto adverso?
–Otra cosa que encontramos y que viene de muchos años, es un Ministerio hiperconcentrado en la Ciudad de Buenos Aires. Si vos te fijás, la mayoría de los institutos, museos y administración está aquí. En ese sentido, el hecho de haber pasado todos los programas al territorio virtual, que desde cualquier parte del país te puedas vincular, nos ha ayudado para el federalismo. Y ese camino queremos profundizarlo. En cada uno de los programas que lanzamos hacemos hincapié en divulgarlo a nivel nacional. Y junto con los Gobiernos provinciales y municipios tratamos de que lleguen a todas partes. Era una meta desde el comienzo. La idea era salir a todas las provincias. La primera actividad que suspendimos fue en Chaco cuando comenzó la pandemia. Ni bien pudimos salir el año pasado, lo hicimos. También nos apoyamos mucho en el Consejo Federal de Cultura, donde concurren todos los ministros y secretarios de cultura de las provincias.
–Las fiestas clandestinas fueron un gran problema durante el verano, ¿no faltó una oferta más amplia de opciones seguras de entretenimiento?
–Pero nosotros lo hicimos. Primero hubo toda una etapa que nos dedicamos a escribir los protocolos para una posible vuelta junto con los ministerios de Trabajo y de Salud. Después esas aperturas había que hacerlas muy limitadas. Tecnópolis estuvo abierta, pero para una cantidad muy chiquita. Cuando lo reabrimos apenas asumimos tuvimos 500.000 visitas. Y cuando volvimos con estas aperturas cuidadas, teníamos 1.400 visitas por día, y por fin de semana con suerte llegábamos a 4.500. Hay que ver la línea de tiempo: hubo una etapa en la que cerramos todo, escribimos los protocolos, abrimos con streaming sin público, luego con público y ahora tuvimos que cerrar. Me parece que es un recorrido que se hizo con responsabilidad. Y nos ayuda para, ya con las vacunas, ir a una nueva reapertura.
–¿Cómo encontró a Tecnópolis al iniciar la gestión en 2019?
–Tecnópolis es un lugar que yo quiero particularmente. Fue una decisión de Cristina, luego de los festejos del Bicentenario, que haya un lugar para la ciencia y la tecnología. Nunca me voy a olvidar cuando viajamos en un helicóptero con Oscar Parrilli y Javier Grosman buscando lugares posibles. Y ver luego cómo creció y al poco tiempo fue tomado por el pueblo argentino como un lugar de referencia. Y cuántas cosas hermosas que hicimos ahí. Para mí era muy lindo ver cómo en el Parque Zamba jugaban niñas y niños alrededor de las figuras de Belgrano y San Martín. Cuando asumimos, el primer día, me encontré con esas imágenes atroces de Belgrano decapitado, de San Martín con sus brazos y piernas cortadas. Esas atrocidades que muestran el odio. ¿Por qué tanto odio? ¿Por qué esa aberración? Ahí los niños aprendían historia, jugaban, bailaban. La tarea nuestra como siempre es construir. Frente al odio: el amor y la construcción.
–¿Consultó a la administración anterior por lo sucedido?
–Es que yo tengo las explicaciones y tratamos de dejarlo aclarado en la película Tierra arrasada, donde abordamos los cuatro años del macrismo y esa representación del odio queda plasmada. Y cuando uno va más atrás y recorre la historia lo ve. Aquí desde mi despacho en el CCK se ve la Casa Rosada. No te olvides que allí en algún momento se bombardeó y asesinó a la población civil. Lo hacían bajo una palabra, que muchos ahora vuelven a usar: libertad.
–¿Pero no hubo ninguna explicación oficial?
–Las tendrán que dar ellos. Como muchas otras. ¿Por qué sacaron del Ministerio de Educación Canal Encuentro? ¿Por qué si era un canal absolutamente exitoso y tenía un vínculo con todo el sistema de educación nacional? ¿Por qué sacaron de la grilla del cable a Paka Paka? Cuando uno busca los por qué los va a encontrar. Porque quedó más que claro que eran dos herramientas extraordinarias para la educación y ahora en tiempo de pandemia mucho más. Y lo más dramático no es que lo optimizaron o sacaron a Zamba pero crearon a otro muñequito o una nueva animación. Les dejaron todo el espacio a los demás. En la Argentina había siete canales de TV para niños, todos diseñados, construidos e irradiados por Estados Unidos. Apareció Paka Paka como un canal nacional y a los dos años tenía más audiencia que Disney y Cartoon Network. Con lo cual quedó demostrado que nosotros podemos hacer y muy bien las cosas. Por eso ellos demuelen estos canales que eran exitosos, los destrozan como la imagen de San Martín, para darles el lugar a las señales internacionales.

–Los niveles de éxito de esos canales hablan de una masividad que trascendió las diferencias políticas ¿Qué se siente ser el creador de una de las pocas cosas que superó la discusión de la grieta?
–Cuando uno está sumergido en la creación no toma cabal sentido de lo que está haciendo. Cuando pasó un poco de tiempo vimos la gran maravilla que fueron estos canales. Sobre todo, en esto de la autoestima en la valoración de la producción nacional. Y algo que es fundamental: la mirada propia. Que se puedan expresar en esos canales los realizadores, guionistas, músicos, dibujantes y artistas en todos esos años. Y estoy seguro de que ahora se va a volver a recuperar. Porque digámoslo: hacer es muy complicado. Destruir es fácil, lo hacés en un día. Pero construir señales de calidad es un proceso que realmente lleva tiempo.
–El tráiler de la película Tierra arrasada cierra con la frase del presidente Alberto Fernández: «Volveremos y vamos a ser mejores» ¿En qué son mejores o quieren serlo?
–Bueno, siempre cuando se termina la jornada y uno se va a dormir hace esa evaluación y piensa: «Cómo podemos hacer mejor las cosas». Eso no tiene fin. Es como aquello que decía el maestro Fernando Birri de la utopía: es algo que no es tangible, es el no lugar. Pero si uno lo tiene como modelo es algo a lo que se puede aspirar y te va marcando el horizonte hacia el cual tenés que ir.
–¿Cree que había una suerte de autocrítica detrás de esa afirmación?
–No, yo creo que es una frase que se proyecta a futuro, no al pasado. Fijate cómo el macrismo tuvo eso de negación de la historia. ¿Por qué deciden sacar los cuadros de los patriotas de América Latina del salón de la Casa Rosada? ¿Por qué eliminan de los billetes la imagen de nuestros próceres que tanto nos marcaron? ¿Por qué esa negación de los símbolos patrios? El neoliberalismo necesita borrar la historia porque si no te das cuenta de que hay procesos de luchas que son populares y que son exitosas. Y una constatación de que la realidad puede ser modificada para mejor. Esa mirada hacia la historia tiene que ver con «fijate todo lo que hicimos y podemos ser mejores». Esa frase de Alberto encierra mucho futuro.
–¿Qué opina de las críticas sobre los problemas de comunicación del Gobierno?
–Creo que se ha configurado un aparato comunicacional analógico y digital de medios hegemónicos. Y en ese sentido, aquello que soñamos con tres sectores, el privado no monopólico, los medios públicos fuertes y los medios populares y de las organizaciones de base, con un 33% de participación de cada uno, no lo hemos logrado. Esta es aún una tarea pendiente y un camino a recorrer. La verdad es que la comunicación es muy difícil en la medida que esté concentrada.
–¿Quedó lejos la lucha por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?
–Creo que aquellos fueron tiempos muy importantes. De reflexión y de poner el debate de los medios en la gente. Ahí dimos un paso importantísimo como sociedad. Después la misma sanción de la ley que se votó en forma mayoritaria en las dos Cámaras. Y después vino la judicialización. Creo que se ha dado un primer paso, pero las cosas no se solucionan de un día para el otro. En estos temas los pasos son lentos, necesitan decantar y recorrer nuevos caminos. Pero fue importante aquello, hay un antes y un después, es un mojón en nuestra historia. Porque algo que estaba naturalizado se desnaturalizó y se comenzó a analizar el tema de los medios en su verdadera complejidad y dimensión. El recorrido que nos queda, por supuesto, es muy largo. Ahora estamos frente a nuevas realidades. Esta irrupción de internet y lo digital, que ahora en la pandemia creció de manera explosiva e inimaginable, a veces es difícil de abordar: nuevos actores, nuevas lógicas, otra comprensión del tiempo, una nueva velocidad y un nuevo ritmo, un nuevo análisis. Estoy convencido de que aquella premisa básica de rearmar el mundo comunicacional e ir hacia un reparto más democrático, plural y contra los monopolios sigue siendo una tarea esencial.


Pablo Tassart - Fotos: 3Estudio/Juan Quiles