Voces

Los dueños de internet

Periodista y politóloga, indaga en la tecnología como factor de disputa económica y política. Negocios basados en la acumulación de datos y acceso a la información en el centro de una batalla en la que poderosas corporaciones globales prevalecen sobre los Estados y los usuarios.

Hoy las grandes plataformas tecnológicas son, a su vez, los monopolios que dominan el mundo. Unos pocos jugadores controlan gran parte de la actividad en cada sector», explica Natalia Zuazo en el primer capítulo de su libro más reciente, Los dueños de Internet, de editorial Debate. Lejos del periodismo de celulares y gadgets que suele limitarse a cuestiones técnicas, la autora, politóloga egresada de la Universidad de Buenos Aires y docente, entiende a la tecnología como un campo más de disputa social, política y económica. En esa negociación desigual entre corporaciones, Estado y usuarios, lejos de las promesas iniciales de democratización, ve que internet, sobre todo gracias a un novedoso modelo de negocios basado en los datos, se ha transformado en un espacio concentrador de poder y dinero.  
–Tim Berners-Lee, el creador de la web, dijo estar devastado por el uso que se le da a internet. ¿Qué salió mal con la red?
–Comparto la sensación. Tim Berners-Lee es como el padrino de todo lo bueno de internet, sobre todo porque no patentó su invento: eso permitió que pasara gran parte de lo positivo que tiene internet. Por un lado, creo que está bien el lamento y la tristeza por lo que no fue; pero después está el pragmatismo. Hay que decir: «Bueno, estamos enfrentados con este problema y sabemos qué es lo que pasó: básicamente concentración y capitalismo como sucede en otros ámbitos». Creo que hay que volver a entender la tecnología como parte de un sistema y que las mismas reglas o leyes que operan en el sistema económico, hoy están imbricadas en el funcionamiento de internet. Esa advertencia de Berners-Lee nos obliga a dejar por un momento de pensar la tecnología como algo maravilloso y pensarla más pragmáticamente desde las reglas que aplica la política a cualquier problema político-económico. Él trabaja desde una perspectiva sobre eso, la tecnológica, que tiene que ser a la vez una tecnología política y con incidencia política, si no vas a volver a cometer el mismo error, el de un invento cooptado por el mercado y privatizado. Igual esa es una idea muy general: hoy la internet es un montón de cosas. Hay que pensar también en cada uno de los aspectos en que se abrió porque cada uno requiere soluciones distintas.
–Cuando Mark Zukerberg, el ceo de Facebook, fue convocado al Congreso de los EE.UU., le preguntaron sobre noticias falsas, cómo controla mercados, violación a la privacidad, trolls… de tantas cosas al mismo tiempo que ya nadie tenía claro qué hacer.
–Es interesante porque a mí me pasa también cuando hablo con periodistas o con alumnos sobre estos temas y muchas veces la discusión se termina volviendo una cuestión privada de qué nos pasa a nosotros con la tecnología, de nuestra relación con ella, individualmente. Y está bien porque es uno de los aspectos de la tecnología. Pero a Zukerberg le hablan de temas que deben resolverse en el ámbito público. Creo que está bien exponerlo al dueño de Facebook, que ponga la cara, y deje de ser tan poco transparente. Pero también diría que después hay una parte más difícil que hacemos nosotros los ciudadanos, políticos, tomadores de decisiones con cada una de esas partes. Lo que vos le podés pedir a Zukerberg respecto de los datos, las noticias falsas, no las puede resolver todas porque ya sabemos qué pasa; dice en el Congreso: «Bueno, yo podría adaptarme a la nueva reglamentación de datos personales de Europa», pero después sus lobbystas, junto con los tomadores de decisiones de todo el mundo hacen otra cosa. Pasa en la Argentina cuando se reúnen los grupos de datos personales del Mercosur y las personas que van de esa empresa dicen «No», porque afecta su ganancia. Yo veo que las personas que trabajan en estas empresas hablan desde un lugar de tanta seguridad, de que nunca se les va a acabar el poder, que alguien se los tiene que romper, alguien les tiene que decir «tenés que rendir cuentas».
–¿Se puede legislar desde los países del tercer mundo?
–Es el gran debate. Por ejemplo, por empezar deberían pagar sus impuestos. Insisto: por empezar. En un carril paralelo los países deberían tener su política tecnológica, porque si no la tienen no salimos nunca más de ese poder desigual. Si hacés que paguen impuestos ellos, no los consumidores que ya están pagando con sus datos, sería un gran paso. Pero si mientras hacés eso no generás otras tecnologías o alternativas y no vas recuperando el rol de los países que en definitiva es el rol de la sociedad organizada, no salimos más de este problema. Te van a dejar dinero, ¿pero para qué lo vas a usar? ¿Pagar deuda o pagar tus propios desarrollos para lo que necesita tu país? El tema es cómo pensás esa redistribución de recursos si lográs regularlas, una palabra que odian.
–Recientemente Facebook bajó una noticia a instancias de un análisis de chequeado.com que la consideró falsa. Una ONG, asociada con una red social silenciando una nota de un sitio periodístico. ¿Es un paso adelante en el control de las noticias falsas o no?
–Es un problemón. Hoy parecería, por lo que pasa con los medios públicos, que el Estado trabaja en favor de que las empresas privadas sean las que censuren. Si vos, al mismo tiempo que estás en contra de la censura, no hacés nada para que los empresarios que tienen medios paguen las cargas sociales, el Ministerio de Trabajo resuelva los conflictos, estás limitando ese otro poder que puede competir para que Facebook no se convierta en el único guardián o gatekeeper de las noticias. Peor todavía en un contexto de medios muy silenciado, muy censurado, muy precarizado. Porque además es ridículo desde todo punto de vista. Si te ponés a chequear todo lo que dice Clarín todos los días, ¿cuántas noticias podrían estar en Facebook realmente? Muy pocas. ¿Cuánto periodismo queda en la Argentina y quién lo hace? Tiempo Argentino y poco más. Pero volviendo a la pregunta, es un problemón lo de Chequeado. Yo creo que si existieran otras organizaciones de fact-checking (chequeadores de datos) distintas, eso no habría sucedido de esta manera. A Facebook no le importa el prestigio de la ONG. Por eso probablemente ellos hayan estado mucho tiempo definiendo si iban a trabajar para Facebook. Viste eso de quien duerme con un niño amanece… Chequeado debía conocer el riesgo de ser la única organización en Argentina capaz de chequear las noticias. Además, hacer este trabajo implica hacer periodismo y eso es mucho más caro que viralizar noticias falsas o audios de whatsapp. En el affaire Chequeado-Facebook o tenés un grupo plural de chequeadores de noticias, que pueden ser también medios de los grandes o alternativos, o no tenés a nadie. Dejemos a Facebook solo, que sea lo que es: una plataforma de publicidad en la cual alguna gente todavía confía como fuente de información y otra gente está dejando de confiar. Yo creo que el mejor camino es dejarlos solos en este sentido. Que Facebook mismo tenga que pagar por moderar, por tener equipos contra discursos de odio. Ellos que creían que el «modelo plataforma», el modelo AirBnb, era bueno: yo tengo una plataforma y listo, que no se iba a transformar en esta fuente de problemas colaterales. Pero sí se ha transformado en esto; ganaste toda esta plata: entonces hacete cargo.


–En tu libro decís que los cinco grandes, Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft inhiben la competencia. ¿Por qué?
–Por dos cosas. Cuando yo estaba escribiendo el libro me puse a leer sobre teoría económica respecto de cómo funciona una plataforma en términos económicos, su modelo de negocios. Hay un libro llamado Modern monopolies que lo explica muy bien. Dice que el excedente de la ganancia se produce por un factor que va acumulando los datos muy de a poco, y eso les da poder. Entonces después la inversión es menor para una ganancia mayor porque, además, innovan y son muy buenos en lo que hacen.
–Al tener los datos, sus costos para arrancar son mucho más bajos.
–Esa es la situación inicial. En mi libro cito a Mariana Mazzucato y su idea de cómo tiene que financiarse o venir la innovación. Por ejemplo, si el gobierno que pone plata para hacer un pitch de ideas de startups y el mejor gana, ese que gana luego se transforma en un empresario privado que lo que quiere es convertirse en Mark Zukerberg y ganar plata. El Estado lo acompaña, pero luego si esa empresa necesita ganar plata y despedir empleados, el Estado no se hace más cargo, no acompaña ese proceso, lo hace para poder decir «yo tengo un ecosistema emprendedor».  
–Es muy improbable que cualquiera se pueda transformar en un emprendedor solo por tener una computadora.
–Sí. Por otro lado, cualquier persona que quiera tener una empresa sabe las dificultades que tiene. Yo tengo una empresa de comunicación digital con dos socios y está todo bien con pagar los impuestos que hay que pagar, pero tenés directores del Banco Central que cobran 300.000 pesos y funcionarios que fugan su dinero a empresas offshore. ¿Cuál es la idea de emprendedor en este contexto? Lo mismo pasa con las empresas tecnológicas. Cuando escribí el primer libro, conocí el caso de Iplan (proveedora de internet argentina) que tiene un modelo prolijo de crecimiento. Pero después está el caso de Mercado Libre, que no sé si es un modelo bueno. Puede ser exitoso, pero no es un modelo bueno por todos los acuerdos que está generando con el Estado, desde cargarte la SUBE hasta el convenio con YPF y darte beneficios. ¿Hay otra posibilidad? En mi libro desarrollo el caso del laboratorio de innovación de Rosario, el Santalab, que tiene un modelo distinto que dice «queremos promover proyectos tecnológicos que funcionen a largo plazo, queremos que puedan vivir de esto y al mismo tiempo que mejoren la vida de un colectivo y que puedan beneficiarse otros con esto que financió el Estado». Eso se supone que debería promover el Estado: no darte dinero para que luego fundes una empresa, te llenes de plata, y el día que te vaya mal eches a 50 personas.
–La mayoría de los periodistas de tecnología son especialistas en gadgets y novedades: ¿por qué hay tan pocos periodistas que entiendan a la tecnología como parte de un fenómeno social más amplio?
–Te diría dos cosas: no podés vivir de ser un buen periodista en la Argentina hoy. Desde hace mucho tiempo no se puede vivir del periodismo. Los que lo hacemos lo hacemos por vocación y por un esfuerzo militante. Yo me dedico a hacer el mejor periodismo que puedo con las herramientas que aprendí hace algunos años cuando todavía se hacía un periodismo con sentido común, razonable, con laburo. A mí me cuesta mucho escribir, trabajar, me lleva mucho tiempo y nadie te paga ese tiempo: los medios te ofrecen escribir gratis, dar charlas gratis, escribir libros gratis… entonces no hay incentivo para hacer las cosas bien. A la mayoría de los periodistas que trabajan en tecnología les pagan las empresas que necesitan que cuenten sus novedades. Algunos cuentan historias buenas, algunos cada tanto se pueden dar el lujo de hacer buen periodismo, pero mientras tanto tienen que vivir. Es mucho esfuerzo: ojalá a mí no me dieran ganas de escribir más. Lamentablemente, las tengo.       

Fotos: 3estudio/Juan Quiles