Adiós a un imprescindible

Ingresó al IMFC en 1963, tras quedar cesante por su participación en las huelgas bancarias de los cincuenta. Ocupó diversos cargos administrativos y fue secretario del consejo, convirtiéndose en uno de los dirigentes cooperativos de más larga trayectoria.

Figura clave. Fernández participó en momentos cruciales de la historia del Instituto. (Archivo Acción)

Cesanteado por participar en las huelgas bancarias de 1958 y 1959, Juan Fernández ingresó al IMFC en 1963 para hacerse cargo de algunas tareas administrativas. Con el correr del tiempo y gracias a sus conocimientos, su fidelidad a los principios cooperativos y una conducta intachable en el desarrollo de sus funciones, fue ascendiendo hasta ser jefe de recursos humanos, gerente administrativo y llegar en 1992 a la gerencia general en reemplazo de Floreal Gorini. Desde 2002, fue designado secretario del consejo de administración. Es uno de los hombres con más larga trayectoria en el IMFC». De esta forma se presentaba, en el libro sobre la historia del Instituto Movilizador editado en ocasión del 50 aniversario de la entidad, a Juan Fernández, fallecido el pasado 3 de noviembre a los 86 años de edad.
Tal como se manifestaba en dicha semblanza, Fernández –nacido en Madrid en 1930 y llegado a la Argentina en 1950– se incorporó al Instituto cuando cientos de trabajadores del sector bancario se quedaban sin su fuente laboral. El IMFC, al mismo tiempo, necesitaba de personal con conocimiento del sistema financiero para atender la creciente demanda que generaba la actividad de las cajas de crédito. Esos primeros años fueron también una escuela para su formación como dirigente: fue testigo directo de la formación de esos pequeños bancos populares, que reunían a vecinos, comerciantes y pequeños emprendedores para facilitar el acceso al crédito.

Tiempos difíciles
Fernández también tuvo gran protagonismo en la etapa de transformación de cajas de crédito en bancos cooperativos, impuesta por la Ley de Entidades Financieras decretada por la dictadura cívico-militar de 1976. «Viene el tema de la unificación de las cajas, de las 44 que forman el Banco Credicoop, y de los otros bancos que se forman a lo largo y ancho del país y hace que el movimiento, que ha recibido golpes siempre, también siempre haya encontrado la forma de salir. El estatuto que impulsamos para la creación de los bancos cooperativos permitía las comisiones de asociados, permitía que hubiera un arraigo en las bases, en los barrios, en las ciudades, en las localidades importantes, eso ha sido parte de todo el éxito», decía el dirigente en una entrevista del Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito. En ese momento era gerente de administración y tuvo entre sus tareas adaptar la estructura del IMFC de acuerdo con las nuevas normativas que exigía el Banco Central. También participó en la creación de los centros de cómputos diseminados en todo el país, que el Instituto tuvo antes aún que muchas entidades bancarias tradicionales.

Homenaje. Form, Diego Fernández y Arrom. (Coco Bercunchelli)

En 1998, al cumplirse el 40º aniversario del IMFC, se le solicitó una colaboración especial para Acción, donde exhibió su lúcida y esperanzadora mirada sobre la entidad y el movimiento. «Lo primero a destacar es la convicción integradora que nuestra entidad tuvo desde sus inicios. Más aún: el concepto de integración está implícito en el propio nombre ya que “movilizador de fondos” estaba referido al intercambio de recursos económicos entre las cooperativas de unas y otras zonas, siempre con el criterio vertebrador de atender a las necesidades regionales en función de los diversos ciclos económicos del país. Y al mismo tiempo, había una segunda convicción: la de desarrollar y proyectar a todas las cajas de crédito porque el conjunto del movimiento haría posible la evolución de los sectores pequeños y medianos de la economía», decía el dirigente en su escrito. Y concluía: «Esta vocación de servicio no reconoce otro objetivo que crear herramientas útiles para que el pueblo acceda a formas de vida dignas. Sin desconocer los daños tremendos que esta globalización causa al tejido social, podemos decir, sin embargo, que vemos el futuro con optimismo».
Durante la reunión de consejo del IMFC del mes pasado, el presidente de la entidad, Edgardo Form, dedicó unas palabras a su memoria.  A la misma asistieron el hijo de Fernández, Diego, junto con su esposa, Romina Arrom. «Fernández fue un hombre clave en la gestión administrativa del Instituto y un estrecho colaborador de quien fuera nuestro máximo dirigente, Floral Gorini. En tal sentido, una de sus más distinguidas cualidades fue la lealtad absoluta que mantuvo hacia Floreal y su compromiso con las ideas rectoras del IMFC», afirmó Form. Asimismo, recordó a Fernández «por su agudo sentido del humor y el manejo de la ironía para enfrentar situaciones complejas».
Diego Fernández recordó los últimos tiempos de vida de su padre. Visiblemente emocionado, junto a su mujer, repasó las duras instancias que debieron sobrellevar como familia ante el deterioro de la salud de Juan. «Mi padre me enseñó a querer al movimiento cooperativo del cual hoy yo formo parte como miembro del Banco Credicoop», manifestó y concluyó. «Espero que quienes lo conocieron también hayan tenido la oportunidad de haber aprendido de él y que trasmitan ese legado».