Brasil: abismo e impacto regional

Michel Temer avanza velozmente en su agenda neoliberal, que puede llevar a Brasil a una crisis de dificil retorno. La Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC 241) ideada por el ilegítimo presidente plantea recortes en la inversión social por el plazo de 20 años. La iniciativa afectará a la salud y la educación pública más allá de su mandato, golpeando también el salario de los brasileños (que solo podrá ser reactualizado por la inflación).
Un ejemplo ayuda a entender lo que está en juego: si esta ley hubiese estado vigente en la última década, el salario mínimo no sería de 880 reales, sino de 550, impactando de lleno en las mayorías. En simultáneo, Temer plantea subir la edad jubilatoria a 65 años, algo que le piden los grandes empresarios de Brasil para maximizar beneficios. A su vez, el propio haber jubilatorio básico se calcula atado al salario mínimo, con lo cual el presidente mataría dos pajaros de un tiro en su plan ortodoxo, saludado por el Fondo Monetario Internacional.
Curioso: los otrora paladines de la institucionalidad, aquellos que criticaban a los gobiernos populares por su supuesta idea de «eternización»  no dicen nada sobre la gravedad que significa que un mandatario pasajero quiera efectuar tales transformaciones estructurales en el país vecino, afectando incluso a gobiernos que serán posteriores al suyo. Si la derecha suele prometer una cosa en campaña y luego realizar  otra, tal como sucede en la Argentina, el caso brasileño es todavía más grave: a Temer no lo votó nadie y aún así ejecuta un programa que está incluso a la derecha del de Aécio Neves, candidato perdedor en 2014. Brasil va hacia el abismo, y las consecuencias se sentirán en la región. Si el país vecino sube la edad jubilatoria y baja su salario mínimo, los grandes empresarios argentinos tomarán nota y pedirán lo propio.