Colombia entre dos polos

La excelente elección de Gustavo Petro en las presidenciales de Colombia no le alcanzó para triunfar, aunque sacudió el panorama político porque por primera vez un postulante del progresismo obtuvo el 41,8% y más de ocho millones de votos. Si uno analiza los procesos electorales de los últimos años descubrirá que diversos candidatos progresistas obtuvieron buenos resultados, incluso el mismo Petro en 2010. Pero la presencia de la guerrilla fue siempre un obstáculo para esas candidaturas. Desde los centros de poder político-mediáticos estas fueron asimiladas a las FARC, aunque no tuvieran vínculos con ellas e incluso se opusieran a la lucha armada. En la simplificación, todos entraban en la misma bolsa.
Sin embargo, en estas elecciones, el contexto interno se modificó por los Acuerdos de Paz impulsados por el presidente Juan Manuel Santos y el desarme de las FARC, apoyado por todo el arco progresista.
Petro tuvo que enfrentar en segunda vuelta a Iván Duque, un delfín del expresidente Álvaro Uribe con el respaldo de casi todo el establishment que se opuso a los Acuerdos y que recoge un sentimiento muy arraigado en amplios sectores. Esto permite comprender porqué Duque obtuvo el 54% y más de 10 millones de votos. Cabe recordar que en 2016, cuando Santos impulsó el referendo para legitimar los Acuerdos, sufrió un duro revés a manos de Uribe que encabezó la campaña en contra.
La demonización de Petro esta vez incluyó alguna vinculación real o falsa con el chavismo, un «enemigo» hoy incluso más peligroso que las FARC.
Petro asumirá en el Senado y su objetivo es construir ahora un polo de oposición a un gobierno que intentará borrar con el codo todo lo que Santos firmó con la mano. Habrá que ver si lo logra.