Colombia sin Unasur

Pocos días después de asumir como presidente de Colombia, Iván Duque anunció que el país dejaría la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), como había anticipado en campaña. Su argumento: el organismo no denuncia a la «dictadura» de Venezuela. El bloque, conformado por los 12 países, nació en 2008 con el objetivo de integrar la región. Si bien es cierto que surgió en un momento de hegemonía progresista, la primera reunión entre jefes de Estado la convocó Fernando Henrique Cardoso en el año 2000 mientras los gobiernos neoliberales eran mayoría. Con visión estratégica global, Cardoso
entendió que frente al nuevo escenario internacional, después de la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, se estaban conformando nuevos bloques, por lo que América del Sur debía armar el propio. En ese momento muchos desconfiaban de su iniciativa por considerar que tenía como fin posicionar a Brasil al frente de un nuevo espacio que le diera mayor poder para intentar su ingreso como sexta potencia al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Es verdad que el ascenso de los gobiernos progresistas luego de la Cumbre de las Américas de 2005 permitió crear la UNASUR, pero la decisión de varios países de suspender su participación en el organismo demuestra que el problema de fondo es que los gobiernos de derecha no están interesados en la integración. Su visión geopolítica está subordinada a las políticas de Estados Unidos, que intenta debilitar todos los organismos regionales que no puede controlar y reforzar los que sí puede manejar, como la OEA (Organización de Estados Americanos), cuyo secretario general, Luis Almagro, a veces habla como si fuera un funcionario de la Casa Blanca.
Es en este contexto que hay que interpretar la decisión de Colombia, como un paso más para debilitar a la corriente progresista. Ese es el principal objetivo.