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Con ideas de otros

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El esquema permite a un emprendimiento familiar representar marcas de renombre y adquirir su «know how» por una inversión pequeña. En el país hay 19.000 licencias de distintas cadenas.

 

Gastronomía. Es el segmento con más puntos de venta. Le siguen indumentaria, estética, tintorería y lavandería, farmacias y ópticas. (Jorge Aloy)

Existen distintas maneras de comenzar un negocio. La principal dificultad es tener una idea original para llevar adelante. En ese sentido, la compra de franquicias es una oportunidad para iniciar una actividad familiar-comercial con ideas de otros. Es un formato de negocio dirigido principalmente a la comercialización de bienes y servicios, a través del cual una persona le concede a otra por un período de tiempo preestablecido el derecho a usar la marca siguiendo determinados patrones administrativos. Está orientado, en su mayoría, a pequeños emprendedores. Los dueños de las marcas –o franquiciantes–pueden ser de distinto tamaño. En el país existen franquicias de gigantes como McDonald’s, o cadenas locales como Cardón y Havanna. La Argentina es el país que más franquicias exporta a toda la región, según datos de la Asociación Argentina de Marcas y Franquicias (AAMF), que reúne empresas que suman unos 2.800 puntos de venta locales y en el exterior.
La industria del «franchising» en el país representa el 22% de las ventas minoristas. En conjunto, los canales de comercialización suman más de 19.000 «franquiciantes» y emplean cerca de 170.000 personas. En los últimos años, este esquema de negocios mantuvo un crecimiento promedio del 14% anual, aportando 1,9% al Producto Interno Bruto (PIB). Las cadenas comenzaron siendo administradas por emprendimientos familiares, que en un 96% se expandieron a pequeñas y medianas empresas bajo la misma modalidad.
En la Argentina están registradas más de 400 compañías que venden sus franquicias y licencias. Los rubros más importantes son indumentaria, gastronomía, enseñanza, venta minorista, estética, tintorería y lavandería, farmacias, ópticas y panaderías.
El esquema de negocios es redituable para las dos partes: ganan y se ven beneficiados a cambio de responsabilidades que posicionan la marca y hacen mucho más fuerte el sistema. El franquiciante, el dueño de la marca, se encarga de brindar asistencia técnica a cambio de regalías y administra los fondos de publicidad institucional. El franquiciatario, por su parte, adquiere los derechos de la marca y conocimientos del negocio.
Entre las ventajas de esta modalidad se destacan la baja inversión de capital propio en la expansión del negocio y la estandarización de los procesos. No obstante, existe el riesgo de bajos índices de rentabilidad, incumplimientos en el royalty, como así también presiones constantes de los franquiciatarios para alterar los métodos de operación de las bocas de ventas. Ferias y exposiciones ofrecen a los emprendedores la posibilidad de asesorarse en las distintas alternativas de servicios.

 

La cadena
El esquema permite también recuperar marcas emblemáticas, como la centenaria Pampero, que, en un principio a través de una red de 30 locales, volverá a la calle. «Al adquirir una de las franquicias, el franquiciado y su personal son entrenados por la empresa por el período de un mes en la casa central antes de empezar a operar, completando con un entrenamiento mensual por parte de los proveedores de primera línea que integran el portfolio de la franquicia», explican desde la cadena de franquicias de distribución de materiales para la construcción Abelson Express. En este caso, el canon de ingreso es de 50.000 pesos, con un stock inicial de 300.000 y regalías del 1%. La firma estima, por ejemplo, un promedio de facturación mensual por local de 300.000 y 600.000 pesos, de acuerdo con la ubicación geográfica, en el caso de la franquicia Full (más cara).
En el mundo, es un esquema que se multiplica debido a la seguridad de retorno en la mayoría de los casos. El Departamento de Comercio de Estados Unidos dio a conocer recientemente estadísticas que demuestran que sólo el 23% de los negocios independientes –no franquiciados– iniciados en los últimos 10 años llegaron a la década de vida. En el caso del franchising, la proporción es inversa, 92% de los negocios franquiciados siguen funcionando y sólo el 8% desapareció.
En Argentina todavía es un sistema incipiente, pese a liderar la región. Los locales de franquicias en 2012 llegaban a 28.000 en todo el país, y para este año se estima alcanzar las 30.000. Las ventas de este tipo de negocio el año pasado aumentaron 10% en términos reales, contra un 1,9% de crecimiento económico.
El costo se compone de pagos iniciales y continuos. El primero es el monto que se paga al franquiciador por el derecho a abrir su franquicia. Esencialmente, se compran los derechos para usar las marcas registradas, métodos comerciales y derechos de distribución del franquiciador. También tendrá que pagar cuotas continuas para mantener los derechos de su franquicia. La mayoría de los franquiciadores cobra una cuota por derecho de patente, que generalmente corresponde a un porcentaje de sus ventas brutas, no de sus ganancias. Esta cuota por derecho de patente puede variar entre 1% y 15%, aunque por lo general se cobra 5%, que se abona semanal o mensualmente.

—Cristian Carrillo