Con valor agregado

La cooperativa frutícola de Colonia Juliá y Echarren es un emprendimiento de gran protagonismo en la región. Fundada en 1973, hoy se dedica a la elaboración y exportación de jugos.

 

Arraigo. Desde 1973 la cooperativa rionegrina trabaja junto con los productores de peras y manzanas, las frutas típicas de la zona.

En la provincia de Río Negro, dos importantes cursos de agua (el río Negro y el río Colorado) enmarcan una región de valles de vital importancia para la economía agrícola de la provincia. Las características del clima, la riqueza del suelo y la visión de futuro que tuvieron los pioneros de la zona, que construyeron allí diques e instalaron canales de riego, hizo que esta estepa árida de la Patagonia se convirtiera en una zona de verdes valles, con excelentes condiciones para cultivar las mejores frutas. Dentro de ese extenso territorio se encuentra la Colonia Juliá y Echarren, ubicada en la llamada comarca del Río Colorado, departamento de Pichi Mahuida,  donde se cultivan principalmente manzanas y peras. Allí, en 1973, se fundó una de las empresas solidarias de mayor incidencia de la región: la Cooperativa de Comercialización y Transformación de Colonia Juliá y Echarren. «Al principio la entidad solo operaba como centro de acopio de frutas, que luego eran transportadas a empresas procesadoras del Alto Valle de la provincia, pero las distancias y los  altos costos de flete llevaron a los asociados a buscar otras alternativas de comercialización y comenzaron con la construcción de grandes piletas de cemento, a fin de elaborar caldo de sidra en la incipiente planta industrial», explica el gerente de la entidad, Ariel Vilicich.
En 1983, siempre con el objetivo de agregar valor a las frutas de los pequeños y medianos productores de la localidad, la cooperativa realizó una importante inversión para dotar a la planta procesadora de la tecnología necesaria para elaborar jugos concentrados, lo que se convirtió en su principal actividad. «La fruticultura es un trabajo de mucho riesgo y esfuerzo; es una fábrica a cielo abierto que depende del clima y las condiciones ambientales. De la imprevisibilidad de esos factores surgió la necesidad de agruparse en búsqueda de mejores resultados», destaca Vilicich, ingeniero químico e hijo de un productor frutícola. «La cooperativa –añade– acopia las frutas que traen los productores y las transforma en jugos concentrados clarificados. Un 70% de esa producción se comercializa en el exterior y el resto se vende a primeras marcas del país. Luego, al cierre del ejercicio económico, se reparten los excedentes entre los asociados». Además de llevar adelante el proceso de industrialización de peras y manzanas, la cooperativa rionegrina provee a sus asociados de insumos como agroquímicos, fertilizantes, herramientas y maquinarias, entre otros productos, a costos accesibles. También ofrece financiamiento para la adquisición de elementos o inversiones en infraestructura.

Proyecto ambicioso
El Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (PROSAP), impulsado por el Gobierno nacional a través de la Secretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, tiene como propósito estratégico apoyar proyectos que mejoren la competitividad y fomenten el crecimiento de las actividades del sector agropecuario en diferentes escalas. A través de este programa, la cooperativa puso en marcha un plan de acción para renovar tecnológicamente su planta procesadora, hacer más eficiente sus capacidades y optimizar sus condiciones de competitividad. «Pusimos en marcha un ambicioso proyecto de innovación industrial –cuenta Vilicich– que nos va a permitir mejorar la calidad de nuestros productos y elevar el estatus de la cooperativa para poder acceder a mercados cada vez más exigentes y, al mismo tiempo, cuidar el medio ambiente».

Transformación. La fábrica procesa 25 millones de kilos de fruta por año.

Integrada por 150 pequeños y medianos productores frutícolas, la entidad rionegrina tiene su área de cobertura en el Alto Valle de Río Negro y, en los últimos años, extendió sus servicios hacia la región del Valle Medio, unos 150 kilómetros hacia el sur de la provincia. Hoy, llega con servicios cooperativos hasta la isla de Choele Choel. «Yo soy un convencido de las propiedades beneficiosas que tienen nuestras peras y manzanas, pero si comparamos con otros países del mundo, la Argentina tiene un bajo consumo per cápita de estas frutas. Aumentar este consumo es un gran desafío», enfatiza Vilicich.
Entre peras y manzanas, la cooperativa procesa, por año, unos 25 millones de kilos de fruta, lo que equivale a unas 25.000 toneladas de jugo concentrado clarificado. Durante la época de cosecha y elaboración, que va desde mediados de enero hasta fines de abril, en la planta procesadora se trabaja doble turno. «Desde hace algunos años la cooperativa ha logrado exportar un gran porcentaje de su producción a distintos mercados y además mantener un reconocido prestigio en base a la calidad de sus productos y a su seriedad en los negocios. Para este año –concluye el gerente– prevemos una producción superior; estimamos que vamos a alcanzar las 30.000 toneladas».

Silvia Porritelli