Concertación impugnada

Quizás Chile sea hoy el escenario más desafiante para el presente y futuro de Nuestra América. Si en Argentina la reacción contra las medidas neoliberales puede ser «capturada» por la reunificación del peronismo y el rápido ensayo de una unidad política-electoral, en Chile esto no es posible en el corto o mediano plazo. Este elemento no solo provee un escenario de calles desafiantes sino además un problema para la concertación: cómo capturar la protesta, qué reprimir, qué conceder. Está claro que el tono con el que irrumpen las movilizaciones chilenas nos obliga a revisar una serie de demandas acumuladas junto a modos clausurados para su canalización. ¿Qué dirigentes políticos pueden hoy caminar las movilizaciones? El problema de los consensos tan medidos es que no dejan asomar los disensos, de modo tal que las sociedades normalizan que el consenso es un horizonte y no una práctica política matizada por las urgencias. Hasta que encuentran un límite expresado en las calles. Lo que sucede en Chile es una primera impugnación de masas al régimen pinochetista de concertación, inscripta en un tercer momento de crisis del orden neoliberal en América Latina. En las jornadas de movilización el elemento de la concesión surgió cuando la protesta desbordó las «regulaciones» que ofreció la política. No es menor que esto se dé en un contexto donde parte de las derechas regionales se encuentran procesando nuevas concesiones o pactos, producto del avance del campo popular ante una nueva crisis neoliberal. Chile será un caso testigo porque no solo se impugna la clase política o el Gobierno, sino las reglas de juego democrático existentes desde 1973 e institucionalizadas en la Constitución pinochetista de 1980.