Corazón verde

Con 125 asociados directos y una red de más de 600 productores, la cooperativa misionera trabaja en el cultivo más emblemático de la provincia. En chacras de entre 12 y 25 hectáreas sus integrantes también siembran té y crían ganado.


Paso por paso. En la planta se realiza la molienda gruesa de la yerba mate.

A partir de la unión y la organización colectiva, un grupo de pequeños productores yerbateros de la localidad misionera de Dos de Mayo formaron, en 1994, una cooperativa para defender el valor de su producción. «El sector estaba atravesando una importante crisis y para los colonos era muy difícil vender la yerba a un costo razonable», rememora Héctor Dingler, productor yerbatero y forestal. Primero construyeron una planta de procesamiento y un depósito e hicieron las conexiones eléctricas. «Una vez que formalizamos la cooperativa gestionamos un subsidio para instalar, además, una báscula y el primer secadero asociativo de hojas de la zona», agrega quien hoy es presidente de la entidad, que hoy cuenta con 125 miembros, además de prestar servicios a otros colonos no asociados. En total reúne a unos 600 productores de la región. También cuenta con más de 120 productores tealeros, ya que desde el año 2009 incorporó también una línea de secado de té. «La mayoría de nuestras chacras son de entre 12 y 25 hectáreas. En esos terrenos sembramos yerba, té, además de otros cultivos; y también criamos ganado para el autoconsumo», cuenta Dingler.
El trabajo de la cooperativa comienza con el acopio de hojas verdes que llevan los productores asociados. «Primero se hace el sapecado, es decir, las hojas pasan rápido por fuego intenso para reducir la humedad, luego circulan en cintas en el secadero, se muelen en otra máquina y se envasan en bolsas de 30 kilos, que son vendidas a grandes molineros» detalla Dingler. La entidad tiene una capacidad de secado de hoja de 14.000 kilos de yerba mate por hora. Con la instalación de sus propios secaderos, los productores pudieron hacerse cargo del primer paso del proceso industrial, que es la molienda gruesa, que da como resultado los que se denomina yerba mate canchada.  Ahora, para agregar más valor a la producción, se está avanzando en la instalación de otro molino especial para efectuar la molienda más fina. Uno de los mayores problemas que tienen los pequeños agricultores a la hora de vender su producción es la cantidad de yerba canchada que no se puede colocar en los mercados y que queda estancada en los depósitos, lo que reduce sustancialmente el valor de la materia prima. A esto se suman los dilatados plazos de pago que imponen las empresas molineras. «La puesta en marcha de este nuevo molino nos va permitir llegar hasta la industrialización final de la yerba mate y mejorar los ingresos de los yerbateros asociados, además de ofrecerles el servicio a otros colonos de zonas aledañas», dice el productor. Para este año se proyecta una producción de 20 millones de kilos de yerba. Y con la marca propia Indumar, envasada en paquetes de medio, uno y tres kilos, la cooperativa se propone llegar a las góndolas de los supermercados de las principales urbes del país.

Diversificación
Además de la producción yerbatera, la cooperativa produce unas 1.000 toneladas anuales de té, las que se exportan en un 90% a Estados Unidos. Esto la posiciona, dentro de la localidad y su área de influencia, como una importante usina generadora de empleo y desarrollo industrial. Con ese mismo espíritu emprendedor y de compromiso comunitario, la entidad impulsó, junto a otras instituciones y organismos provinciales, la instalación del Vivero-Escuela Forestal Modelo, un proyecto que está a punto de inaugurarse y que se desarrollará sobre una hectárea y media dentro de predio de la entidad. «El objetivo es capacitar a viveristas y estudiantes para trabajar en el cultivo de plantas nativas y así recuperar bosques y áreas degradadas», dice Dingler. Con financiamiento de Banco Interamericano de Desarrollo, intervienen en el proyecto la Subsecretaría de Desarrollo Forestal del Ministerio del Agro y la Producción de Misiones (que administrará el vivero junto a la cooperativa durante los primeros 4 años de funcionamiento), la facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones, La Biofábrica (empresa de biotecnología), y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).