Crímenes con género

El asesinato del joven Fernando Báez Sosa a manos de una patota de rugbiers en Villa Gesell conmovió a la sociedad y a la prensa. El ensañamiento con el que procedieron los victimarios, que atacaron a Sosa en la puerta de un boliche y lo mataron a golpes y patadas –la huella de la zapatilla de uno de ellos quedó estampada en la cara de la víctima–  puede parecer especialmente cruel. Sin embargo, muchas de las características del caso lo convierten en ejemplo de una forma de violencia naturalizada que, lejos de representar una excepción, parece haberse convertido en la regla.
Esta circunstancia fue subrayada, sobre todo, desde el feminismo. Voces como la de la antropóloga Rita Segato vieron en la agresión a Báez la manifestación extrema de ciertos mandatos de masculinidad vigentes en las sociedades patriarcales. «La masculinidad está basada en un pacto obligatorio que es violentogénico por definición, es un artefacto violento instalado en el corazón de los hombres a partir de su socialización. La primera víctima de aquello a lo que los hombres tienen que subordinarse para ser hombres, son los otros hombres. Primero se victimizan los hombres entre sí y como consecuencia de esta victimización viene a posteriori cronológicamente la victimización de las mujeres», aseguró Segato en diálogo con el periodista Reynaldo Sietecase, en Radio con Vos. Las estadísticas parecen darle la razón. En efecto, cerca del 95% de los homicidas de todo el mundo son varones. El sexo masculino aporta la mayor cantidad de víctimas y victimarios de los delitos que se cometen en el país. En particular, la franja de entre 15 y 24 años, en la que se ubican los protagonistas del crimen de Villa Gesell, es la que más víctimas de muertes violentas concentra: 396 jóvenes de esas edades perdieron la vida por agresiones en 2018, según datos del Ministerio de Salud de la Nación.
En la misma dirección, la última edición del Informe sobre homicidios dolosos en la Ciudad de Buenos Aires que realiza todos los años la Corte Suprema de Justicia de la Nación destaca que durante 2018, fueron cometidos 202 asesinatos por varones y solo 18 por mujeres. En tanto, 122 victimas fueron masculinas y 21, femeninas. Llama la atención un dato que desde 2010 se mantiene inalterable: las discusiones y venganzas ocupan el primer lugar entre los móviles de los homicidios cometidos en la Ciudad; en 2018 fueron causa del 43% de los crímenes. En tanto, el robo, según el informe de la Corte, fue el móvil de tan solo el 10,5% de los homicidios.
La violencia que predomina en el país es cometida por varones, en general jóvenes, y padecida por este mismo grupo social. Además, parece ser un fin en sí mismo: no apunta a otra cosa que a la propia violencia. Se produce sobre todo en ocasión de «reyertas callejeras, grescas, conflicto entre bandas o ajustes de cuentas» y ocurre, en la mayoría de los casos, entre personas conocidas. Así, la violencia tiene género y edad. Parece estar lejos de los estereotipos más difundidos, que la vinculan con los delitos contra la propiedad y cerca, en cambio, de las explicaciones de las pensadoras feministas que la ubican en el corazón mismo del patriarcado.


Villa Gesell. Los agresores, detenidos. (Noticias Argentinas)