Crítica y revolución

Fragmento del libro Álvaro García Linera. Para lxs que vendrán: crítica y revolución en el siglo XXI. Selección de conferencias, artículos y entrevistas (2010-2021). Compilado por Ramiro Parodi y Andrés Tzeiman y editado por el Centro Cultural de la Cooperación y la Universidad Nacional de General Sarmiento. A continuación, parte de la entrevista que los compiladores le realizaron a García Linera.
RP y AT: En los años 70, América Latina fue víctima de una ofensiva conservadora que se desplegó esencialmente a través de golpes de Estado. En el último quinquenio hemos vivido una ofensiva en el mismo sentido, aunque bastante distinta en términos políticos. ¿Qué similitudes y qué diferencias históricas señalarías entre ambos procesos de ofensiva contra los pueblos de la región?
AGL: Hay una similitud estructural, aunque unas diferencias estratégicas y tácticas importantes. La similitud estructural es que la ofensiva militar de fines de los 60 y 70 y la ofensiva neoliberal de 2015 en adelante son expresiones autoritarias de un orden socioeconómico crepuscular. En el caso de los años 60 y 70, era el capitalismo de Estado en declive que, para organizar su repliegue y reemplazo bajo mando conservador, recurrió a su versión militarizada. En el caso de 2015 en adelante, es el ocaso del neoliberalismo cuyos conductores y beneficiarios se repliegan a su versión autoritaria y enfurecida.
En ambos casos estamos ante formas de organización económica y social que van languideciendo y, ante la incertidumbre de lo que vendrá, o ante la pérdida de control de cursos de acción posibles de carácter popular, las élites económicas y políticas tradicionales, incapaces de proponer horizontes de sociedad que seduzcan el entusiasmo social, se repliegan a adaptaciones violentas, incluso fascistizadas, del capitalismo de Estado, en unos casos, o del neoliberalismo, recientemente.
Es el síntoma de un modelo de organización económica, política y cultural de la sociedad que ha entrado en un momento crepuscular, en un estado de lento, complejo agotamiento y, entonces, hay un empeño por reciclarlo a la fuerza, sin hegemonía, mediante el ejercicio de mecanismos autoritarios violentos, en algunos casos casi golpistas como en Brasil con Bolsonaro y en Bolivia por medio de un golpe de Estado y masacres.
Pero, a la vez, también hay notables diferencias tácticas y estratégicas. En los años 70-80 del siglo XX, son los militares los que asumen la conducción de emergencia del Estado, o la condición de emergencia final de la realidad estatal aparece como forma de Gobierno. En el caso del neoliberalismo fascistizado, hay presencia militar para amenazar o ensangrentar a la sociedad, pero no hay una toma de mando duradera del Gobierno. Al menos hasta ahora.
La segunda diferencia es que en el momento crepuscular del llamado Estado «burocrático autoritario» ya se comenzó a experimentar un nuevo horizonte social y estatal: el neoliberalismo. En Argentina, las privatizaciones comenzaron con Videla, en Bolivia con el dictador Banzer. En los dos casos se destinaron los recursos del Estado para potenciar a una burguesía agroexportadora; en tanto que en Chile, con Pinochet, se avanzó con más audacia en la destrucción del Estado social y su sustitución por un régimen de libre mercado generalizado.
En la actualidad, el autoritarismo de las derechas no es precursor de un nuevo horizonte económico-social. Al contrario, es un regreso al neoliberalismo fallido de los años 90 (que dio lugar a las explosiones de descontento y el nacimiento de las experiencias progresistas continentales), solo que ahora recargado, violento, racializado, cabalgando en el odio de clase frente a los pobres. No hay, en las nuevas derechas, la expectativa de un nuevo horizonte, de una nueva época económica y social que pudiera permitirles una ola de larga duración de estabilidad y consolidación. Hoy están jugando a un tacticismo y a un inmediatismo desesperado sin horizonte estratégico, a no ser que la privatización globalista, pero sin democracia, sea lo «nuevo».
En las similitudes tácticas se puede mencionar este revival del rancio discurso anticomunista anacrónico. Los anacrónicos no somos los comunistas, sino los anticomunistas. Es una ideología delirante de la etapa crepuscular del neoliberalismo.