De buena madera

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Nacida en el año 2007, COOTRAM es una cooperativa jujeña que nuclea a trabajadores de uno de los principales sectores productivos de la región. Con mejores tecnológicas, hoy se proyecta a todo el país.

Calidad. Cedro, palo blanco y lapacho son algunas de las especies utilizadas en los muebles, que fueron reconocidos por su diseño. (Paula kuschnir)

 

Yo me crié entre maderas, desde chiquito jugaba en el taller que mi papá tiene al fondo de su casa; mi abuelo era carpintero, mis tíos y mis hermanos también. Caimancito es un pueblo de carpinteros, hay más de 150 carpinterías en esta zona». Quien habla es Marcelo Aguilera, que, como otros caimanenses, se dedica al oficio que en ese pueblo jujeño se transmite de generación en generación. Caimancito es una localidad de de 5.000 habitantes, ubicada en el departamento de Ledesma, 145 kilómetros al noreste de la capital provincial.  Esta zona, que cuenta con una amplia gama de microclimas y de diferentes pisos de vegetación, contrasta notoriamente con el paisaje árido de la quebrada y la puna jujeñas. En esa selva de altura, uno de los ambientes de mayor biodiversidad del norte argentino, la carpintería con maderas nativas es una de las actividades económicas más arraigadas.
Para desarrollar esta industria, la Secretaría para la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional de la Nación (SEPYME), a través del Programa de Sistemas Productivos Locales, impulsó la conformación de una cooperativa que nuclea actualmente a unos 25 trabajadores de la madera. Así nació, en el año 2007, la Cooperativa de Trabajadores de la Madera (COOTRAM). La finalidad fue organizar y fortalecer la labor de un grupo de carpinteros jujeños. Desde su formación, COOTRAM recibió subsidios que le permitieron mejorar su producción. Con ese dinero se compró un secadero de madera, se instaló un amplio tinglado y se adquirieron diversas maquinarias que optimizaron el trabajo de los asociados. «Si bien ya somos unos cuantos que trabajamos en las instalaciones de la cooperativa, todavía hay asociados que realizan la mayor parte de sus tareas en su propio taller y sólo vienen a la cooperativa para utilizar el secadero o cortar las maderas más grandes», explica Ricardo Canteros, presidente de la cooperativa.

 

Para el mismo lado
«Antes de instalarme acá, alquilaba y trabajaba con tres muchachos más y no dábamos abasto, muchas veces tuvimos que rechazar pedidos. En cambio en la cooperativa, por ejemplo, pudimos tomar un pedido grande de puertas, alacenas y placares, algo imposible de realizar en un pequeño taller. Acá tenemos muchas herramientas y maquinarias que agilizan la producción, lo cual facilita el trabajo en serie», asegura Aguilera al hablar de las ventajas de esta forma de organización. Por su parte, Canteros comenta que pasó tiempo hasta que entendieron que el modelo, además de rendir económicamente, debía funcionar de forma mancomunada y solidaria. «Al principio, cuando entraba un cliente, todos nos peleábamos por tratar de “engancharlo”, pero después nos dimos cuenta de que trabajar en cooperativa significa tirar todos para el mismo lado», dice el presidente.
Con el objetivo de posicionar a COOTRAM como productora de muebles de alta calidad, surgió la posibilidad de capacitar a los asociados en diferentes aspectos. Uno de ellos fue la conservación de la madera como recurso natural (ver recuadro). Y a la par, desde la SEPYME se proyectó un plan para agregar valor a los productos de la cooperativa a través del desarrollo de un nuevo diseño. Bajo esa idea surgió la línea de muebles Nobles del Caimán. Fabricada con madera de especies de la zona como cedro, palo blanco, lapacho, la línea tiene tanto muebles de interior como de exterior. Los modelos, que fueron presentados en la feria Tecnópolis, cuentan con el Sello de Buen Diseño otorgado por el Ministerio de la Industria. «Esto nos va a facilitar el acceso a nuevos mercados y el sostenimiento en el tiempo de nuestra actividad», concluye Canteros.

—Silvia Porritelli
Enviada especial