Del campo a la ciudad

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Precio justo y trabajo asociativo son las premisas de la cooperativa CECOPAF, que distribuye productos de emprendimientos rurales familiares de todo el país en el mercado de Bonpland.

 

Sin intermediarios. Conservas, vinos, quesos y embutidos son algunos de los productos que pueden encontrarse en el puesto. (Jorge Aloy)

En la Argentina, el 65% de los productores agropecuarios pertenece al universo de la agricultura familiar, un sector capaz de producir el 20% del producto bruto agropecuario. Estos datos fueron difundidos por la secretaria de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, Carla Campos Bilbao, en el marco de la XXI Reunión Especializada de la Agricultura Familiar, realizada el pasado mes de junio en la ciudad de Posadas. A más de 1.000 kilómetros de la capital misionera, en el barrio porteño de Palermo,  la frialdad de los números se vuelve una realidad palpable. Allí, en el puesto que la cooperativa Centro de Comercialización de Productos de la Agricultura Familiar (CECOPAF) tiene en el Mercado de Bonpland, pueden apreciarse la variedad y diversidad de las producciones regionales: el local está atiborrado de frascos de miel y mermeladas de San Juan o Entre Ríos, especias de la Quebrada de Humahuaca, semillas, vinos, embutidos y conservas de Tucumán, Santiago del Estero y Mendoza. «La idea de CECOPAF surge de un grupo de organizaciones que integraban el Foro Nacional de Agricultura Familiar, porque uno de los problemas que tiene el sector es el de la comercialización de sus productos, que llegan a los consumidores de todo el país a través de los supermercados», explica Pedro Cerviño, presidente de la cooperativa y productor familiar en su Tucumán natal. «El campesino entrega su producto primario, otro lo etiqueta, otro lo empaqueta y lo vende y él tiene muy poca retribución por eso. Considerando ese estado de las cosas, algunas organizaciones pensamos en desarrollar un canal de distribución y comercialización de nuestros productos que sea autónomo, alternativo al circuito comercial tradicional», agrega sentado en un rincón del puesto, bajo un toldo amarillo y blanco que llama la atención de los transeúntes.
CECOPAF actúa como nexo entre el consumidor urbano y el productor rural. Comparte el espacio de Bonpland con otros emprendimientos similares  –en el puesto de al lado está la cooperativa La Asamblearia, del otro lado, el Centro Ecuménico de Educación Popular, que vende verduras agroecológicas y productos de granja– y nuclea a todos los productores interesados que cumplan con ciertos requisitos: que la producción sea familiar y agroecológica o, al menos, tienda a la agroecología. La idea es que CECOPAF pueda garantizar la trazabilidad de cada producto y mantener el precio que fija el productor, siempre que no sea excesivo.  La entidad obtuvo su matrícula en 2012, con el asesoramiento del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, con el que también han gestionado un microcrédito para cumplir un objetivo ansiado: abrir otro local a la calle. «Nos parecía bueno que alguien nos diera una mano de forma más institucional. Entonces hablamos con el IMFC y aceptaron ser nuestros asesores en cuestiones cooperativas», dice Cerviño.

Cerviño. «La tierra como negocio
atenta contra la agricultura
familiar». (Jorge Aloy)

Como toda cooperativa, CECOPAF tiene un  consejo de administración elegido por los socios, entre los que se encuentran tanto los  productores como las personas que se turnan para atender el puesto. En este punto, tanto Cerviño como Lucrecia Alvarado, secretaria de la cooperativa, coinciden en que los mayores obstáculos que han atravesado han sido internos. «Como todas las organizaciones, tenemos dificultades para lograr un funcionamiento acorde con los objetivos. El tema es cómo hacemos para llevar a cabo una idea con gente que esté comprometida y no priorice otros intereses», señalan. Otra preocupación es la sustentabilidad: «En el caso de un emprendimiento comercial, los productores tienen que poder sostener en el tiempo la producción. Hay experiencias en las que se ha subsidiado durante determinada cantidad de tiempo el flete y cuando se ha quitado el subsidio el emprendimiento falló porque no se puede sostener. Por eso todo el costo que tiene el desarrollo de CECOPAF está considerado en el precio. Nuestro concepto es que tenemos que hacer un emprendimiento sustentable y el productor también. O sea, que el emprendimiento que a nosotros nos manda miel tiene que poder sostener su producción y garantizar que va a haber miel para que los consumidores tengan continuidad de sus productos».
Para Cerviño es imprescindible mejorar las condiciones en las que producen los agricultores familiares. «El Estado argentino –señala– prioriza la producción de commodities y el agronegocio. La agricultura como negocio supone que no importa la tierra como recurso natural ni el hombre como agricultor, sino que todos son insumos para la producción. Entonces el que tiene más plata acumula mayores recursos. Y vos podés tener 5.000 hectáreas con 5 personas, lo que nosotros llamamos una agricultura sin agricultores. Nosotros queremos que haya una agricultura con agricultores, que  es lo que da vida a los lugares y trabajo a la gente».

Emilia Erbetta

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