Derecho a la información

Las políticas oficiales de comunicación, el marco regulatorio, los contenidos, la situación de los trabajadores de prensa y el contexto político, entre otros temas, formaron parte de la mesa redonda realizada en el Centro Cultural de la Cooperación en el marco del 50º aniversario de Acción.


Debate.
Martín Becerra, Eduardo Aliverti, Roberto Gómez, Jorge Vilas, Cynthia Ottaviano y Washington Uranga: ideas y opiniones en juego. (Jorge Aloy)

 

Periodismo, Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y concentración de medios» fue el título de la convocatoria lanzada por Acción en el marco de su 50º aniversario. Cinco disertantes, reconocidos y valorados en el ámbito de la comunicación y del análisis de la información, formaron parte de la mesa redonda llevada a cabo en la sala Raúl González Tuñón del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. El marco regulatorio y sus modificaciones, en general vinculadas con los intereses empresarios predominantes en cada momento histórico, los contenidos difundidos por los medios, el impacto en las audiencias y el trabajo periodístico, entre otras cuestiones, fueron materia de análisis en el encuentro, coordinado por el jefe de redacción de Acción, Jorge Vilas.
El periodista Eduardo Aliverti, conductor de Marca de Radio, programa emitido los sábados a las 10 por Radio La Red; Martín Becerra, doctor en Ciencias de la Información y profesor en la Maestría en Industrias Culturales de la Universidad Nacional de Quilmes; Roberto Gómez, exdirector de Acción y miembro de la Coalición por una Comunicación Democrática; la Defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, Cynthia Ottaviano; y el periodista, docente e investigador de la comunicación, Washington Uranga dieron forma a un interesante intercambio de ideas, en el que no faltaron definiciones punzantes, autocrítica y miradas políticas.

 

Un retroceso de cien años
Gómez abrió el debate recordando la sanción, por parte de la dictadura cívico-militar encabezada por Jorge Videla, de un decreto/ley de Radiodifusión en 1980 que prohibía ejercer la actividad comunicacional al movimiento cooperativo y al sector comunitario. «La comunicación era considerada una actividad comercial y las entidades que trabajaban en ella tenían que ser sociedades comerciales. Nada de comunitario, cooperativo o solidario», explicó. El exdirector de Acción destacó que ese mismo año, «la UNESCO se pronunciaba en favor de un nuevo orden mundial de la información. Según el organismo internacional, el derecho a la comunicación era un nuevo derecho humano fundamental para la consolidación de la libertad de los pueblos. Y nosotros, en 1980, con ese decretazo de la dictadura, retrocedimos cien años».


Roberto Gómez: «La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue prácticamente destruida, descuartizada por las nuevas autoridades nacionales.»


Martín Becerra: «La política de comunicación del kirchnerismo, desde la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en adelante, profanó la ley.»


Cynthia Ottaviano: «La construcción de sentido tiene que ver con los intereses ideológicos, económicos y políticos de quienes están al frente de los medios.»

 

Ese año, tomado por Gómez como referencia en su intervención, marcó también el comienzo de la lucha por recuperar los derechos de las entidades cooperativas para intervenir en la comunicación. En ese contexto, desde 1983 se presentaron decenas de proyectos de ley pero ninguno llegó a debatirse en las cámaras legislativas. «Distintas fuerzas políticas presentaron esos proyectos, ninguno se discutió. No es que se aprobó, ninguno se llegó a discutir», enfatizó el periodista. Esto ocurrió hasta 2009, cuando el gobierno nacional encabezado por Cristina Fernández envió al Congreso su proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. «Se debatió como ninguna ley que yo recuerde en la Argentina», destacó Gómez. «Se logró en ese debate cuajar un proyecto que es ejemplo mundial, que fue seguido por los países latinoamericanos con admiración, elogiado por los representantes de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, quienes vinieron a la Argentina y dijeron: “Es un ejemplo mundial, nunca se debatió tanto una ley, nunca se hizo algo tan importante en esta materia”». Sin embargo, se lamentó, «esta ley extraordinaria fue prácticamente destruida, descuartizada por las nuevas autoridades nacionales».

 

Ser y existir
Si bien es cierto que, tal como afirmó Gómez, la Ley Audiovisual fue seriamente afectada por los decretos macristas, que apuntaron a sus cláusulas antimonopólicas, quedan en pie algunos de los logros y avances de la norma en lo que hace a derechos conquistados. Uno de ellos, sin dudas, es la vigencia de la Defensoría del Público, espacio creado por la ley y encabezado desde entonces por la periodista Cynthia Ottaviano, quien además fue elegida por sus colegas de América Latina para presidir la Organización Interamericana de Defensores y Defensoras de las Audiencias y que también integra el Comité directivo de la Organización de los Ombudsman a nivel mundial.
Para Ottaviano, «los medios no son entelequias, construyen sentido. Esa construcción de sentido tiene que ver con los intereses ideológicos, económicos y políticos de quienes están al frente de ellos, y es necesario reconocer que así como existe una matriz hegemónica económica de los medios de comunicación, también existe una matriz hegemónica simbólica».
Quienes dominan esa matriz, según el mapa de medios en la Argentina, son unos pocos grupos económicos, dueños de las principales compañías del rubro. Al respecto, la defensora del público hizo hincapié en el rol político que ejercen esos megaempresarios. «La comunicación concentrada es un verdadero factor de presión para los gobiernos, y en realidad, a esta altura, ya no son los brazos ejecutores de los poderes fácticos de la Argentina. La comunicación concentrada es hoy uno de los poderes fácticos, no solo de la Argentina, sino en todo el mundo y particularmente en América Latina».

 


Washington Uranga: «Es urgente rescatar el trabajo de las y los  periodistas y situarlo en un marco de respeto al derecho a la comunicación.»


Eduardo Aliverti: «Si no somos seductores, si no hacemos buena radio, buenos contenidos ni buena tele, no hay ninguna batalla política que dar.»

 

El rol de las audiencias, el poder del público para cambiar o no la realidad de los medios, los derechos de los receptores forman parte del núcleo de la labor de la Defensoría. Y su titular reflexionó: «No hay forma de construir democracia con el apagón informativo que tenemos en la actualidad. ¿De qué manera podemos como audiencias construir una realidad que sea diferente?», se preguntó. «No solo reclamando en el ámbito de la Defensoría del Público, también reclamando políticas públicas de sostenibilidad a distintas formas de comunicar y no este darwinismo mediático que tenemos hoy, donde solamente van a sobrevivir los que defienden un privilegio en lugar de un derecho humano. Y lo que todos los días nos van diciendo: que nuestras realidades no solo no serán televisadas, sino que, en los términos del sociólogo francés Pierre Bourdieu, como no estamos, no somos ni existimos».

 

Profanaciones
Retomando los antecedentes de la ley sancionada en 2009 y desactivada en su núcleo central hace pocos meses, Martín Becerra, señaló que «hasta 2007 las políticas estatales de medios respondían a un paradigma empresarial de la libertad de expresión, en el que el sujeto de la libertad de expresión es el empresario dueño del medio, y la comunicación puede ser ejercida con plena libertad solo por aquellos que tienen la capacidad patrimonial para tener un medio de comunicación y un fin de lucro». El especialista, autor del libro Sociedad de la información, proyecto, convergencia, divergencia, destacó que con la presentación del entonces proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual «se abrió un debate inédito, efectivamente, sobre la libertad de expresión, sobre los medios de comunicación, sobre la necesidad de democratizar y de ampliar fronteras. Y eso le otorga un carácter novedoso en toda América Latina».
Acerca de la ley efectivamente sancionada, Becerra consideró que «profana la lógica empresarial de libertad de expresión. La profana y amplía, hace una concepción universalista que entiende el derecho a la libertad de expresión como derecho humano, y por eso establece límites a la concentración de la propiedad, por eso establece nada menos que una reserva del 33% de las frecuencias del espectro radioeléctrico para organizaciones sin fines de lucro, por eso fija cuotas de producción de contenidos a nivel local, federal, independiente. Por eso establece que la autoridad de aplicación no debe ser gubernamentalizada, respetando los estándares del Sistema Interamericano de Derechos Humanos en materia de autoridad regulatoria. Por eso –concluyó– dice que los medios del Estado no tienen que ser gubernamentales». Pero en paralelo a ese reconocimiento a la norma, el coautor de Periodistas y magnates aclaró: «Así como creo que el gobierno anterior fue profanador, en buena hora, de la lógica empresarial y amplió la concepción de la libertad de expresión, la política de comunicación del kirchnerismo, desde la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en adelante, profanó la ley. Esto me parece que también es importante plantearlo, porque si no lo hacemos, no podemos reconocer el punto en el que estamos». Y concluyó: «No fue una historia maravillosa, fue una historia con contradicciones».  


Dónde van las cámaras. La elección de los sucesos que serán difundidos o no por los medios es parte del juego de poder de la comunicación. (Kala Moreno Parra)

 

Finalmente, Becerra fue muy crítico de la política actual. A su juicio, «el cambio de gobierno produce un signo obviamente diferente de la orientación de las políticas de comunicación, con un objetivo restaurador que se respalda, como en otros ámbitos de la acción del gobierno de Mauricio Macri, en el interés corporativo de los actores industriales más poderosos de cada actividad». En tal sentido detalló que el nuevo esquema regulatorio impuesto por decreto «libera y relaja todas las regulaciones anticoncentración, excepto, curiosamente, aquellas que permitirían que los operadores de televisión satelital brinden otro tipo de servicio, lo cual es una protección explícita a algunos grupos que tienen posición dominante en mercados que compiten con la televisión satelital, y bloquea la posibilidad de apertura a nuevos actores».

 

El trabajo de informar
Washington Uranga centró su análisis en la vinculación de la comunicación con el escenario político y los factores de poder. «Me parece que lo comunicacional, por ser hoy central en la construcción política, es en todo caso un aspecto más y una consecuencia más de una lucha política donde los sectores populares han tenido que retroceder», afirmó. «Eso significa también –añadió– pensar que nuestro país no es una isla dentro de una región que está igualmente afectada por conflictos similares. Entonces, pensar qué nos pasa en términos de comunicación significa pensar la coyuntura política».
Instalado el contexto, el periodista de Página/12 expresó que, en su opinión, «hay debilidades de los múltiples actores del campo popular, de nosotros mismos como profesionales de la comunicación que no supimos construir suficientemente en los momentos en que teníamos condiciones para hacerlo y fortalecer posiciones. Entonces no sirve hoy lamentarnos o echarnos las culpas. Necesitamos aprender, eventualmente, de los errores, pero también de lo que dejamos de hacer».


(Jorge Aloy)

 

Uranga hizo referencia asimismo a un tema que forma parte de la realidad cotidiana de los medios de comunicación: la situación laboral de los periodistas. «Estamos ante una notable precarización de nuestro trabajo profesional. La situación de los periodistas es hoy mucho más grave que en épocas recientes», manifestó.
En ese marco, el docente e investigador advirtió que «es urgente rescatar el trabajo de las y los periodistas y situarlo en un marco de respeto a una mirada de derecho a la comunicación. Es una tarea que se hace absolutamente imprescindible para mantener las bases esenciales de una perspectiva democrática que no podemos resignar».

 

Técnicas de seducción
Con una vasta trayectoria detrás del micrófono y como formador de periodistas y locutores, Eduardo Aliverti hizo foco en la necesidad de que los contenidos alternativos den la batalla cultural desde una posición de disputa por la calidad frente a los medios hegemónicos. «Es necesario hablar del tema del profesionalismo en los medios, de la capacitación y, en definitiva, de la capacidad de llegada de esos actores sociales, para trasladar ideas, para trasladar contenidos y para trasladar, en definitiva, otra comunicación», sentenció el conductor de Marca de Radio. Y recordó que luego de la sanción de la Ley de Medios, había advertido en un sinnúmero de intervenciones públicas que «se corría un serio riesgo en el sentido de que la energía se hubiese agotado en la batalla contra Clarín». Porque, agregó, «uno se permitía señalar: “Está muy bien la ley, se logró, se debatió como pocas veces en la historia argentina, pero ahora tenemos que tener buenos periodistas, buenos locutores, buenos movileros, buenos comunicadores sociales. Debemos capacitar a esos nuevos actores, a los que la ley les da la herramienta para acceder a los medios”. ¿Y qué se hizo al respecto? Casi nada. Se hicieron muchas otras cosas, no esa. Se instrumentó la Defensoría, con un trabajo excepcional de Ottaviano al frente. Y muy poco más. Entonces el 33% del espectro para el sector sin fines de lucro ¿dónde está?», se preguntó. Y allí surgió el otro gran factor para analizar este tema, además de la capacitación: la sustentabilidad. Y surgieron nuevas preguntas de Aliverti: «¿Con qué sostenemos una radio o un canal? ¿Con qué se estimula lo comunitario? Todo eso faltó. Estamos para aprender de esas experiencias. Y alguno puede pensar que es muy injusto este señalamiento o la forma de expresarlo porque al fin y al cabo fueron nada más que 12 años. Pero aquello a lo que Martín Becerra aludió cuando se refirió al paradigma empresarial, alcanzó también al kirchnerismo, porque se pensó que el combate contra esa agenda mediática podía darse a través de empresarios coyunturalmente amigos. Se terminó en Szpolski, más otros. ¿Y qué se construyó hacia abajo? La verdad que muy poco».
Como conclusión, Aliverti planteó: «No hemos sido eficaces en la construcción de contenidos. Y lamentablemente hay una palabra que la derecha nos afanó: “profesionalismo”. Nos afanaron esa palabra. Y detrás de esa palabra se esconde la eficacia de los contenidos. Profesionalismo, entre otras cosas, significa seducción. Si no somos seductores, si no hacemos buena radio, si no hacemos buenos contenidos, si no hacemos buena tele, no hay ninguna batalla política que dar, porque nos van a ganar siempre».