Desafío conjunto

A punto de cerrar sus puertas, la panificadora porteña pudo recuperarse y volver a producir gracias a la organización de sus trabajadores y exdueños. Los problemas del contexto actual no impiden que continúe fabricando 600 kilos de pan por día.


Equipo.
Conformados en cooperativa en 2016, hoy planean incorporar a más asociados. (Ramírez Dominguez Rubio/ANSOL)

Ángel Natale reunió a sus empleados un día de 2016 y les comunicó la peor noticia: las ganancias no eran suficientes para pagar aportes y sueldos, por lo que corría el riesgo de cerrar su empresa, dedicada a la elaboración de pan de miga. Pero antes de sumirse en una crisis sin retorno y despedir a sus trabajadores, les propuso una solución: el cooperativismo. Y así lo recuerda Leonardo Maluff, empleado y, hoy, presidente de la organización: «La situación era bastante mala, la plata no alcanzaba. Ángel nos propuso armar la cooperativa, pero con los compañeros no teníamos idea de qué significaba eso. Nos fuimos interesando y aprendiendo poco a poco. Fue importante la ayuda de otras organizaciones, como la de Hugo Cabrera, de la Gráfica Campichuelo, que nos aconsejó y enseñó cómo andar por este camino». En junio de 2016 realizaron la primera asamblea en la fábrica y en octubre de ese año conformaron la cooperativa de trabajo Migas del Ángel, que hoy cuenta con 18 integrantes y tiene planes de sumar más. «El trabajo estable nos lleva a cuidar más lo que tenemos, porque ahora dependemos de nosotros. Antes no sabíamos qué iba a pasar al otro día, eso te estresaba. Hace muchísimo que trabajamos juntos, algunos hace 20 años. Hoy somos una minifamilia», afirma Maluff.
Dos hornos industriales, amasadora, armadora, peladoras y cortadoras de pan forman el capital tangible de Migas del Ángel, ubicada en la calle Alejandro Margariños Cervantes 4635, en el barrio porteño de Vélez Sársfield. La empresa comenzó a funcionar como un emprendimiento familiar en 1992, produciendo pan de miga para confiterías, hoteles, bares y locales de comida. Ya en ese momento, Natale, exdueño y actual asociado, tenía la idea de conformar una cooperativa, una idea que le daba vueltas desde hacía años: «Es algo que tenía en la cabeza desde la década del 50. En ese tiempo trabajé con cooperativistas y me contaban los beneficios que tenían, como la repartición de excedentes y la estabilidad y, por suerte, hoy lo estamos viviendo», dice. Y agrega: «Cumplimos con todas las condiciones que exige un trabajo formal y a través de asambleas tomamos todas las decisiones. En la próxima vamos a decidir si incorporamos dos socios más que se presentaron buscando trabajo. Tenemos algunos cargos diferenciales, como supervisor o ayudante, pero solo para dividir tareas. Respecto de las utilidades y ganancias, repartimos todo por igual, con algunos adelantos semanales o, si no, reinvertimos en mantenimiento y compra de maquinaria».

En alerta
Actualmente la empresa produce 600 kilos de pan al día, que es lo necesario para solventar los gastos. Sin embargo, el impacto de los aumentos en el precio del gas (donde tuvieron un incremento del 58%) y la luz (aumento que ascendió al 70%), servicios públicos indispensables a la hora de producir, afectan directamente los plazos de trabajo a cumplir. A eso se suman los constantes cortes de energía eléctrica en épocas festivas como diciembre, donde la demanda aumenta. Entonces, la cantidad de excedentes no son los que podrían ser. Hace seis meses la cooperativa buscó tramitar un subsidio estatal para la compra de un grupo electrógeno y así prevenir posibles apagones, pero la respuesta aún no llegó.
La situación de Migas del Ángel no es aislada: la industria del pan de todo el país viene sufriendo una pérdida continua de rentabilidad, provocando el cierre de panaderías y panificadoras. Según la Federación Argentina de la Industria del Pan y Afines (FAIPA), la caída en las ventas del año pasado fue del 30% a nivel nacional, mientras que en Capital Federal ese número ascendió al 40%. Para este año, ya se estableció un aumento del 12% para los consumidores y estiman hacerlo un 10% más para mitad de año. A este panorama se suma la venta en lugares no autorizados por el Código Alimentario Argentino.