Después de Dilma, otra etapa en Brasil

En Brasil se abre un nuevo tiempo político que excede el debate sobre la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.
Ahora Michel Temer es el presidente formal pero con un mandato corto, de apenas dos años, que concluye el 31 de diciembre de 2018. Por esta razón, los principales y poderosos medios de comunicación que lo apoyan le insisten abiertamente en que debe llevar adelante las reformas de corte neoliberal lo más rápido posible, tal cual se lo sugirieron cuando suspendieron a Rousseff.
En ese momento le decían que debía tomar como ejemplo al presidente argentino Mauricio Macri, que apenas asumió, comenzó a implementar reformas económicas para dar vuelta la página de lo que ambos presidentes consideran herencias populistas. Todas las recomendaciones reconocen que gran parte de las medidas son impopulares, pero a sus ojos necesarias, lo que choca claramente con las políticas sociales que tomó Lula da Silva durante sus ocho años de mandato para mejorar la situación de millones de pobres.
No le será tan fácil a Temer si se lo compara con la Argentina ya que Macri llegó a la presidencia por la vía electoral. Su legitimidad es cuestionada por numerosos sectores, como se comprobó en las importantes manifestaciones opositoras del 4 de setiembre –tres días después de que asumiera– y en los actos por el aniversario de la independencia.
El Partido de los Trabajadores (PT) tuvo serias dificultades para defender en las calles al gobierno desgastado de Dilma Rousseff. Ahora vuelve a la oposición, aunque golpeado, destituido y desmoralizado. Su recuperación dependerá mucho de la capacidad de impedir que Michel Temer imponga sus planes económicos y de catapultar nuevamente a Lula a la presidencia en 2018. Para todo esto tiene apenas dos años, que en política puede ser poco o mucho tiempo.