Diseñador de mundos


(Gentileza Exactas-UBA)

La organización del conicet y de la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, la creación de Eudeba y la construcción de la Ciudad Universitaria y, sobre todo, el nivel de excelencia que alcanzó la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires entre 1957 y 1966 tuvieron un elemento en común: el protagonismo de Rolando García (Azul, provincia de Buenos Aires, 1919 – México, 2012) en esos hitos de la educación pública en la Argentina. «Lo posible no es algo que ya está dado, que se busca, se lo encuentra y se lo utiliza. Todo proceso profundo de transformación comienza con la apertura de nuevas vías de acción», decía. En la Escuela Normal Mariano Acosta tuvo como maestro a Vicente Fatone, quien orientó sus primeras lecturas y lo impulsó a estudiar física. Trabajó como docente mientras cursaba la licenciatura en Ciencias Físicomatemáticas, hasta que firmó una nota contra la introducción en enseñanza religiosa en las escuelas, durante el primer peronismo. Emigró entonces a Estados Unidos, para doctorarse en la Universidad de California.
En 1955 volvió al país y se desempeñó en la Universidad del Sur. Dos años después fue designado decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la uba. En el marco del rectorado de Risieri Frondizi, promovió la formación de profesores e investigadores. Además de impulsar el proyecto de la Ciudad Universitaria, diseñó el plan de reequipamiento de la universidad y la creación del Instituto de Cálculo, que introdujo en el país la primera computadora. Lo que después se conocería como una época de oro de la universidad pública generó críticas desde distintos sectores políticos. «Nos critican la izquierda y la derecha –reflexionaba Rolando García-. La izquierda porque no comprende qué queremos hacer; la derecha, porque sabe hacia dónde vamos». La intervención de las universidades ordenada por el dictador Juan Carlos Onganía clausuró esa etapa el 29 de julio de 1966. Fue Rolando García quien enfrentó a los policías que ingresaron a Ciencias Exactas en La Noche de los Bastones Largos. Se trasladó entonces a Suiza, donde se incorporó al Centro Internacional de Epistemología Genética, para desempeñarse con Jean Piaget. Los desencuentros con la Argentina se renovaron al finalizar la última dictadura, cuando decidió instalarse en México como investigador de la unam (Universidad Autónoma de México), con «todas las posibilidades de trabajo académico que me fueron negadas en mi país».
Enseñaba que la ciencia es una institución social y que como tal puede participar en el diseño de nuevos mundos. Se enojaba particularmente con los docentes que hablaban de desarrollar habilidades y destrezas, porque esas aptitudes «se requieren en el circo, en el deporte» y no en la formación científica. Allí encontraba además un indicio de la cosificación de la enseñanza y de que «ya no es la unesco quien rige lo que se hace en ciencia sino el Banco Mundial». Una advertencia vigente.