El amor después de Tinder

El exceso de opciones y la poca veracidad de los perfiles defraudaron a muchos usuarios, que se vuelcan a propuestas más segmentadas, como sitios para amantes de la panceta o para fans de determinadas series. El regreso de las agencias matrimoniales

(Pablo Blasberg)

La Edad de Oro de Tinder ha quedado atrás. La declaración es, cuanto menos, temeraria si se tiene en cuenta que es responsable de más de 11.000 millones de matches (cada día hay 26 millones nuevos), es decir, de conexiones entre personas que, lo más probable, jamás habrían ocurrido sin la aplicación de citas más popular del mundo.
Lo que algunos ya llaman el post Tinder se sostiene en dos tendencias. Por un lado, hay un crecimiento sostenido de páginas y aplicaciones que ofrecen servicios de «matchmaking», cuyo antecedente podría ser la antigua agencia matrimonial, y que apuntan a crear vínculos estables a contramano del supuesto donjuanismo virtual.
La otra gran novedad es la segmentación. Es mandato de la vida moderna maximizar los recursos y el tiempo es, sin dudas, uno de los más preciados. Las nuevas apps de citas proporcionan justo lo que se está buscando y no otra cosa: un hombre con barba candado, una fanática de la serie Vikingos o un fundamentalista de la supremacía blanca. Así de preciso (y de raro) puede resultar.
Si encontrar pareja siempre fue complicado, el siglo XXI y, en especial, la era de las redes sociales y la cultura millennial, determinaron un nuevo modo de relacionarnos con los demás que, a priori, parecía más fácil. Sin embargo, para una corriente cada vez más numerosa, esa promesa de «conectar gente» no hizo más que aislarla. Según ese razonamiento, las dating apps bastardearon la conquista amorosa hasta convertirla en una rutina como la de los viajes en subte.
La poca veracidad de los perfiles (con retoques de Photoshop incluidos) sumada a la escasa información que se proporciona (la esencia de la aplicación es la famosa primera impresión) provocan un casting eterno, en donde se cambia de candidato como de canal de televisión por la simple razón de que se puede hacer. En resumen: la accesibilidad y cantidad, presentadas como las ventajas de Tinder y sus clones, terminaron por ser sus principales inconvenientes.
«Varios de nuestros clientes usaron o usan aún Tinder y otras aplicaciones para conocer gente. Para muchos, claramente, ese no es su estilo. No desean la exposición que representa poner, por ejemplo, su foto en un sitio de acceso público. Al ser tan masivo su uso, encontramos que algunas personas se escudan en una especie de «personaje inventado», mintiendo en cosas como la edad, el estado civil, su altura. Claro que podés tener suerte, pero es bastante difícil porque aun existiendo atracción física, quizás no haya afinidad en cuanto al estilo de vida o no estén buscando el mismo tipo de relación», cuenta Hers Fernández, directora y matchmaker de Amor Ideal Buenos Aires, uno de esos sitios de love coaching o, en criollo, de búsqueda de parejas.
La agencia ofrece tres servicios: Matchmaking, para buscar una pareja estable; Ideal Club, para participar de encuentros con otros singles y hacer nuevas amistades; y Love Coaching, para «desarrollar nuestro potencial y alcanzar los objetivos deseados en el plano sentimental».
El proceso comienza con una entrevista personal con la matchmaker y otra con una psicóloga. Una vez que los gustos y preferencias del cliente están evaluados, se concretan hasta diez presentaciones con personas afines. Las modalidades son varias: cenas, citas a ciegas o paseos a museos, entre otras. Este servicio tiene un costo de 15.600 pesos (el equivalente a 600 euros, que es la tarifa en España).
«Siempre podemos tener la suerte de contactar con alguien afín –reflexiona Fernández–, pero al masificarse tanto el uso de las aplicaciones de citas, porque cualquiera se anota rápida y gratuitamente, terminamos encontrando una variedad tanto o más compleja que, por ejemplo, en un boliche».
El éxito de los matchmakers se explica por lo que el psicólogo Barry Schwartz describió como «la paradoja de la elección». En las sociedades occidentales se le da mucha importancia a la libertad de decidir, sin embargo, cuando las opciones son demasiadas, se genera una incertidumbre mayor, provocando en las personas infelicidad o insatisfacción. La función de estos Cupidos 3.0 es reducir el abanico de posibilidades.
Alejandra tiene 34 años, es profesional y una particularidad en estos tiempos. «No puedo estar con una persona que haya conocido esa misma noche –confiesa–. Mis amigas me convencieron de probar con Tinder y la verdad es que me espanté. Me gusta saber con quién estoy, qué le gusta, cuáles son sus expectativas, pero me di cuenta de que la mayoría de los hombres pretendía que me acostara con ellos en la primera cita. Lo peor era que me hacían sentir que la desubicada era yo. Uno hasta se enojó y me dijo que le estaba haciendo perder el tiempo».
La mala experiencia online de Alejandra no es un caso insólito. Muchos de los usuarios «históricos» de las aplicaciones de citas comenzaron la migración a los sitios de matchmakers esperanzados en encontrar algo que hasta ahora les fue esquivo.
«Tinder –reflexiona Alejandra– puede ser muy frustrante. Tenés que ver un montón de perfiles y cuando una persona al fin te parece interesante, lo más probable es que no resulte porque no está buscando lo mismo que vos. Creo que la clave es usar algo más personalizado, que indague más en tus gustos».

Algo en común
Lo atractivo, enseñan los gurús de las aplicaciones, es la segmentación. Si bien Tinder ofrece la posibilidad de conectarse con millones de usuarios desparramados por el mundo, las nuevas apps de «emparejamientos» ofrecen un nivel superior: conocer personas con las mismas preferencias.
Si el plan es pasar una tarde de entrenamiento con pesas o compartir una rutina de abdominales, Gymder es la opción perfecta. Creada por un grupo de desarrolladores alemanes, esta aplicación «conecta a la gente de forma única en un contexto de fitness». Por suerte, alguien también pensó en los ociosos y fundó Linggers, una app dedicada a los adictos a las series. La aplicación cuenta con un catálogo de 700 series televisivas para que los usuarios opinen y conozcan sus gustos.
Sizzl es una aplicación para los amantes de la panceta. Si, en cambio, lo que se busca es una nutrición más sana, Saladmatch fue creada para unir a los que gustan de las ensaladas. También tienen su app los que leen comics y miran películas de terror clase B (Cuddli), los que se excitan revelando secretos (Whisper) y hasta existe una para los inexpertos o que no se sienten seguros en las aplicaciones de citas (Crowd Pilot).
Pero ninguna causó tanta polémica como el lanzamiento de WASP Love, por las siglas en inglés de blanco, anglosajón y protestante, una web de citas que apunta a los fervorosos defensores de la supremacía blanca. Al entrar en el sitio puede leerse su propuesta. «Citas para solteros cristianos reformados, confederados, educados en casa, de identidad cristiana, procreadores, de la derecha alternativa y nacionalismo blanco y portadores de la gracia soberana».