El club de los DINKS

La sigla en inglés que identifica a las parejas que deciden no tener hijos señala una corriente creciente en el mundo. Mientras las tasas de natalidad bajan, surge un mercado para este nuevo grupo social. Individualismo, mandatos y libertad de elección.


Independencia. Se calcula que entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires hay más de medio millón de parejas de entre 25 y 45 años sin chicos. (Sergio Lanza Casado/Alamy Stock Photo)
 

Nacer, crecer, reproducirse y morir. ¿Cuántos hombres y mujeres habrán tenido que estudiar de pequeños el ciclo de la vida de los seres vivos? Seguramente muchos. Sin embargo, las parejas llamadas dinks, Double Income, No Kids (Doble ingreso, sin hijos) cada vez son más, y ya se cuentan por millones en todo el mundo. La maternidad y la paternidad dejaron de ser el destino inexorable para un significativo número de personas que les dan la espalda tanto al supuesto imperativo biológico de la reproducción humana como a los mandatos sociales tan fuertemente arraigados. Este fenómeno comenzó hace unas décadas en las zonas urbanas de países desarrollados de Europa y también en China y Estados Unidos, y entre los adultos profesionales de clase media. Pero luego se extendió al resto de los países. Las estadísticas locales son elocuentes al respecto. Según el último censo, la Argentina tiene la tasa de natalidad más baja de la historia con 18,7 nacimientos cada 1.000 habitantes. Otro dato: se calcula que entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires hay más de medio millón de parejas entre los 25 y 45 años que resuelven postergar la llegada de un hijo u optan por no dejar descendencia de manera definitiva.
Esta tendencia social contemporánea está vinculada con procesos propios de la posmodernidad como el culto al individualismo. El avance de las tecnologías, el consumismo, el ingreso masivo de la mujer al mercado laboral y su desarrollo profesional produjeron cambios en las conductas de género y en los valores e ideales. Esto estableció nuevos paradigmas sobre las relaciones de pareja y las organizaciones familiares. Planteadas así las acosas, hoy los individuos son más libres para interrogarse sobre sus deseos.
Una investigación sobre parejas dinks realizada por la Universidad Argentina de la Empresa, uade, sostiene que la prioridad de hombres y mujeres de clase media con estudios universitarios no es hoy la procreación. En cambio, lo que surge como urgente es el desarrollo de la carrera, la libertad, la independencia y la posibilidad de planificar viajes. La maternidad-paternidad deja entonces de ser una imposición para ser una opción. «No puede negarse que las modas y las tendencias entran a partir de las subjetividades y la subjetividad es un fenómeno reciente para el ser humano, comparado con su historia», afirma la psicóloga y especialista en género Martha Cipollone. «Las mujeres de las generaciones pasadas no tenían espacio psíquico para ese planteo, no se hicieron la pregunta de que si querían o no tener hijos. Y al interpelarse se abren posibilidades. No por tener un útero hay que tener un hijo», agrega.
Luego de revelarse a sí mismos la respuesta sobre el deseo de no ampliar la familia, los dinks deben enfrentar la curiosidad de parientes, amigos o simples conocidos que se asombran con tal decisión. Myriam López, una docente de educación musical de nivel inicial, sin hijos y en pareja desde hace diecisiete años, asegura que casi a diario alguna persona le pregunta por qué no quiere tener hijos. «Primero me miran como diciendo “pobre” y, luego, me dicen que ya me van a venir las ganas. A los que no tenemos niños siempre se nos cuestiona el por qué, en cambio a los que sí tienen nunca se les pregunta”», asegura. En su caso, recuerda que ya desde pequeña su sueño no era casarse y formar una familia sino viajar y vivir aventuras. Sin embargo, López cree que fueron varias las razones que determinaron su elección. La primera causa tiene que ver con el cuerpo y el temor a sufrir durante un embarazo o un parto. «Podría adoptar pero tampoco quiero ese compromiso para toda la vida. Elegí no tener hijos porque me interesaban otras cosas y no era una necesidad. Muchas veces me vienen ganas pero duran cinco minutos. Disfruto mucho del vínculo con los chicos pero que sean de los otros». No niega que la relación madre-hijo pueda ser maravillosa e irrepetible, pero levanta la bandera de la libertad de elección y la ejerce aunque implique cierta renuncia. «Me planteo si cuando sea mayor me arrepentiré, pero tampoco me parece justo tener hijos para que te cuiden en la vejez. Por otro lado, el tema de la descendencia tampoco me importa mucho. Si hubiera tenido hijos no habría sido para dejar una huella. Además, el planeta está lleno de gente, así que, que yo no traiga un niño al mundo no va a poner en riesgo a la humanidad».
Existen varias agrupaciones childfree (libres de niños) en todo el mundo que utilizan las redes sociales para dejar en claro su postura sobre la no parentalidad. Allí se postean cartas, se recomiendan libros y se publican frases sobre lo que sus seguidores suponen que es tener hijos, todo con una buena cuota de humor e ironía. «Si piensas que siete años de mala suerte es mucho por romper un espejo… Prueba romper un condón», dice un chiste. Quizás, explica Cipollone, estas expresiones son una respuesta a la incomprensión que reciben. «Quienes se unen a estos grupos lo hacen porque allí se sostienen unos a otros ya que estas parejas son vistas como raras todavía entre sus amigos y familiares».
El estudio realizado por la uade en 2013 incluyó una encuesta a integrantes de parejas dinks. Una de las conclusiones a las que se arribó determinó que la decisión de no tener hijos estaba motivada por los cambios que para este grupo significaría la inclusión de un niño en el funcionamiento de la vida conyugal. Los entrevistados manifestaron como transformación más importante la economía del hogar, luego el desarrollo profesional y más tarde la convivencia. Antes de tener un hijo hay que concluir los estudios, tener estabilidad con la pareja, crecer laboralmente, disfrutar la relación con el compañero, viajar, tener tiempo libre, disfrutar salidas (reuniones, teatro, cine) y con la llegada de un hijo todo esto no sería posible, explicaron los consultados. Susanita, la amiga de Mafalda en la inolvidable tira de Quino, no se cansaba de decir que su máxima aspiración era casarse y tener hijos. En una ocasión, la maestra le pregunta: «¿Futuro perfecto de amar?». Y ella responde: «Hijitos». Sin embargo, Cipollone asegura que hay muchas formas de dar amor, más allá de los hijos. «Creo que quienes deciden no tener niños no es que tengan una incapacidad de amar a los más pequeños porque muchos disfrutan de sus sobrinos o los hijos de sus amigos. Lo que pasa es que no quieren tomarse el trabajo todo el tiempo. La idea de que ese vínculo sea para siempre asusta un poco», afirma.
«Me parece que el ser maternal se puede volcar no solo con un hijo sino con aquel que lo necesite. Si hay una persona a tu lado que está sufriendo y vos le podés cubrir alguna necesidad de la que sea, entonces, ya está, eso también es maternal», expresa López, quien sintetiza que lo mejor de haber tomado la decisión de no tener niños es haber gozado de la libertad de hacerlo.