El Cóndor de los medios


Realidad continental. Buen Abad, Zubelet, Wainer: medios y restauración conservadora.

En una repleta sala Jacobo Laks del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini se realizó la charla debate «Plan Cóndor comunicacional. Medios y desestabilización en América Latina», con la presencia de Fernando Buen Abad, filósofo, director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Seán MacBride e integrante de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Coordinaron César Zubelet y Luis Wainer, integrantes del departamento de Comunicación y del Área de Estudios Nuestroamericanos del CCC, respectivamente.
En la apertura, Zubelet hizo mención al «papel desestabilizador de los grandes medios privados» en países como Venezuela (durante el golpe de Estado de 2002), Ecuador (en el intento de golpe de Estado en la rebelión policial de 2010), en la Bolivia del presidente Evo Morales y en la Argentina, durante el denominado «conflicto del campo», en 2008. Por su parte, Wainer señaló: «En un escenario de restauración conservadora y recomposición imperial en América Latina, es menester analizar los procesos de desestabilización política, económica y cultural del siglo XXI, en una de sus claves centrales: la configuración de los medios de comunicación, masivos y hegemónicos, en tanto actores fundamentales de los procesos políticos, abiertos y en disputa, que se dieron en llamar “posneoliberales”». Y añadió el investigador del CCC que «estos medios asociados a distintos sectores conservadores –que cuentan con capacidad de incidencia en la opinión pública– logran debilitar y horadar a los gobiernos populares, desarrollando estrategias semánticas sincronizadas y combinadas, algo así como un Plan Cóndor comunicacional».   
Buen Abad hizo énfasis en la iniciativa lanzada por el Movimiento de Países del Tercer Mundo y la UNESCO a inicios de la década de 1970, titulada El Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación, y materializada en 1980 en el Informe MacBride, un documento que propuso cambios en la distribución de los flujos de información entre los países desarrollados y los subdesarrollados. El intelectual mexicano también deslizó las autocríticas respectivas ante el avance del discurso hegemónico de los grandes medios de comunicación en la región. «El músculo comunicacional alternativo, revolucionario, no se ha desarrollado como debió desarrollarse, y eso constituye un frente de autocrítica en la que debemos ser muy severos, porque ahí vamos perdiendo como en la guerra», aseguró. «Debimos –añadió– haber constituido fiscalías especializadas en delitos comunicacionales en las que sea posible juzgar socialmente uno de los peores delitos que se comete sistemáticamente con toda impunidad, que es el linchamiento mediático».