El libro de la buena memoria

Historiador especializado en el movimiento cooperativo de crédito, lanzó recientemente El dinero de los argentinos en manos argentinas, donde recopila la fecunda trayectoria del Instituto Movilizador y del Banco Credicoop.

Sello. «Una característica del  movimiento es la lucha como elemento constitutivo». (Jorge Aloy)

Como si su destino ya estuviera marcado, el vínculo de Daniel Plotinsky con el movimiento cooperativo comenzó a gestarse en un archivo, el de la caja de crédito Popular Villa Mitre, donde trabajó desde 1969. En un primer momento no iba a buscar datos históricos: se dedicaba a limpiar y ordenar, dado que era el cadete de la institución fundada por inmigrantes judíos en 1935.  Ya entonces se interesó por todo lo que había allí: fotos, documentos, antiguos libros de actas. Fue parte del material que utilizó para, entre 1979 y 1985, dar clases en las Escuelas Móviles, proyecto impulsado desde el Instituto de la Cooperación (Idelcoop) que difundía los principios y valores del cooperativismo entre los nuevos empleados que se incorporaban cuando las antiguas cajas se vieron obligadas a convertirse en bancos cooperativos, a raíz de las medidas económicas de la última dictadura militar.
Historiador egresado de la UBA,  docente e integrante del comité académico de la maestría en Economía Social de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Plotinsky dio forma además  al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito, valioso acervo de historia oral integrado por más de 250 entrevistas a dirigentes, funcionarios y asociados a las cajas y al Banco Credicoop.
Buena parte de ese trabajo de toda una vida está en El dinero de los argentinos en manos argentinas, libro de 300 páginas que recorre la evolución del cooperativismo de crédito (organizado por el IMFC a partir de 1958), cuya misión fue, precisamente, movilizar los ahorros locales en pos del bienestar y el progreso de la sociedad. El lanzamiento se da en un año especial: en 2018 se cumplen 100 años de la fundación de la Primera Caja Mercantil, hoy filial Villa Crespo del Banco Credicoop, y 60 años del nacimiento del IMFC.
«Es un libro coral. Haber utilizado no como única herramienta pero sí como un rasgo distintivo fuentes orales y haber podido entrevistar en los últimos 23 años a cerca de 250 dirigentes, funcionarios, asociados, a lo largo de todo el país, de alguna manera me condicionó, en un buen sentido, en el desarrollo del trabajo», afirma Plotinsky. «Todos esos dirigentes –subraya– me enseñaron. Primero, a trabajar en la caja, a analizar un crédito, a entender la realidad económica desde ese lugar concreto de ser pequeños y medianos empresarios con los que trabajábamos todo el tiempo. Y me enseñaron también institucionalmente. Por lo tanto ellos están ahí, no solo los que pude entrevistar, muchos otros también».
Además de las entrevistas, el libro reúne artículos, tesis, trabajos presentados en congresos, jornadas y clases. La colaboración del equipo de Idelcoop, afirma, fue crucial en el proceso de edición del volumen, presentado formalmente en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (ver recuadro).

Modelo criollo
El libro de Plotinsky recorre la trayectoria del movimiento nucleado en el IMFC desde la aparición de las primeras experiencias cooperativas de crédito en la Argentina hasta los últimos 25 años del Instituto Movilizador y del Banco Credicoop, actualmente la única expresión de toda esta rica historia previa.
«En el camino me encontré con cosas que me sorprendieron. Por ejemplo, Jaime Kreimer, dirigente histórico, cuando habían pasado pocos años de la fundación del IMFC y se da un crecimiento extraordinario, se reunió con una delegación de cooperativistas europeos. Y él relata que lo que le preguntan en ese momento es cómo estaban pensando, estructurando el movimiento cooperativo, y hacen referencia a las dos corrientes tradicionales, mundiales, del mundo occidental del cooperativismo de crédito: el modelo alemán o el modelo italiano. Kreimer dijo: “No, lo hacemos a la criolla”. Y me costaba creer que hubiera sido tan así». Sin embargo, Plotinsky admite que luego del proceso de investigación sobre el origen del IMFC, y de bucear en las páginas de los libros de actas, donde estaban asentadas cada una de las cosas que pasaban, «me quedó clarísimo eso de que era “a la criolla”. O sea, el IMFC es un invento argentino, que tiene como particularidad construirse sobre la base del mutualismo solidario, de las cajas de crédito que se fundan desde principios del siglo, a lo que se le suma una estructura bancaria. Eso es inédito». Hay una intención en el libro, dice, de revalorizar esta exclusividad, verificada con otros investigadores de historia cooperativa.
Otra de las características particulares del movimiento es la lucha como un elemento constitutivo. «Esos primeros dirigentes que luego van a hacer el IMFC ven claramente que hay una necesidad insatisfecha y, en ese sentido, las cooperativas de crédito surgen para resolver necesidades, y las resuelven muy bien creando un sistema muy eficiente de servicios, tener una concepción del cooperativismo muy específica –en este sentido también hay una originalidad del IMFC, esto de entender al cooperativismo como una herramienta para la transformación social–, y haber logrado construir un sujeto social que asumió la identidad cooperativa como una forma de compromiso militante». Este rasgo, afirma Plotinsky, sigue hasta el presente. «Quienes integran al movimiento cooperativo se identifican a sí mismos con una identidad que superó las transformaciones formales de las entidades, que pudo readecuarse, adaptarse, sin perder lo esencial de cajas locales. Allí está la construcción de la identidad unida a la lucha».
Lo que queda claro al recorrer el libro, subraya, es la identidad del IMFC, «y que es una identidad que se construyó sobre elementos presentes en el grupo fundacional, este compromiso de pensar eficiencia y democracia como no contradictorias. Lo que uno ve en esos primeros años es gente creando, inventando, probando, a veces a una velocidad mayor de la que pueden procesar y mientras se están terminando los trámites judiciales, legales, de adaptación del IMFC ya se está discutiendo una nueva adaptación porque la realidad es más rápida». Y la identidad militante, «que se construye en un proceso de resistencia al golpe de Estado encabezado por Juan Carlos Onganía, pero fundamentalmente en el proceso 66-69, un proceso muy fuerte, muy complejo, para, por un lado, mantener la operatoria, defenderse de las medidas que tomó la dictadura y, por otro lado, para mantener y recrear la fidelidad de la masa societaria».
Un testimonio recogido por Plotinsky en una localidad pequeña del interior de la provincia de Buenos Aires, de un dirigente miembro de la primera cooperativa del pueblo, resume el significado que tuvo para muchas comunidades la aparición de una alternativa a los grandes bancos. «Cuando se hizo la caja de créditos el pueblo se revolucionó, porque la gente no conocía los bancos y los que los conocían tenían que entrar “agachando la cabeza”. Y cuando se abrió la caja, a la que entraba desde un empleado a cualquier potentado, tomó un auge sorprendente. En todos los bancos juntos no había la gente que había ahí».