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El milagro del trigo

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Especialistas argentinos concluyeron que el enriquecimiento de las harinas de consumo masivo logró reducir en un 50% los defectos del tubo neural en recién nacidos.

 

Prevención. Las campañas apuntan a fortificar los alimentos más consumidos. (Miriam Meloni)

En 2002 se sancionó en nuestro país la Ley Nacional 25.630 que determina la adición obligatoria de ácido fólico a la harina de trigo. La medida apuntaba a prevenir los denominados defectos del tubo neural, anomalías congénitas estructurales mayores del cerebro y la médula espinal que ocurren durante el embarazo y pueden llevar a la muerte del recién nacido, en el caso de la anencefalia, o a discapacidades graves como ocurre con la espina bífida.
Hasta el momento había datos a nivel local y mundial sobre el impacto preventivo del consumo de ácido fólico en la frecuencia de esos defectos congénitos, pero no sobre los efectos de la fortificación de las harinas. En este sentido, el estudio hecho desde la Red Nacional de Anomalías Congénitas (RENAC), dependiente del Ministerio de Salud de la Nación, que se nutre de los datos aportados por todas las maternidades del país que notifican los nacimientos de bebés con defectos congénitos mayores, fue concluyente: al comparar la prevalencia observada en el período posterior a la fortificación de la harina de trigo con la reportada en el período anterior, se observó un descenso significativo de un 66% para anencefalia y encefalocele, y de 47% para espina bífida.
«Comparamos la frecuencia de defectos del tubo neural de 2009 a 2013, es decir postfortificación de la harina, versus la que había antes –período 2002-2004– y lo que se observó fue una frecuencia de 4 cada 10.000 nacimientos, cuando la frecuencia anterior era de 8 cada 10.000, es decir que hubo una reducción del 50%. Dicho de otro modo, de todos los chicos que nacieron en la Argentina entre 2005 y 2013 –unos 6.663.150–, se evitó que aproximadamente unos 2.500 nacieran con espina bífida; es un número enorme», sostiene en diálogo con Acción Rosa Liascovich, coordinadora de la RENAC del Ministerio de Salud de la Nación.

Dos estrategias
De acuerdo con lo explicado por la especialista, el ácido fólico interviene en la producción de ADN y es muy importante en la división de las células ya que algunos tipos de defectos del tubo neural se producen por fallas en esas divisiones celulares. No obstante, aclaró que el ácido fólico no previene todos los defectos del tubo neural, ya que existe un 50% que serían resistentes a esta medida de prevención. Para la prevención de los defectos del tubo neural, la medida por excelencia es el consumo de ácido fólico, y en este sentido hay dos estrategias distintas de prevención: la suplementación y la fortificación.
Según sostiene Liascovich, en los años 90 un estudio multicéntrico publicado en la revista científica The Lancet mostró que si el ácido fólico –un tipo de vitaminas del grupo B– era consumido por las mujeres en forma de comprimidos vitamínicos antes de quedar embarazadas y unos meses después, se reducía la frecuencia de defectos del tubo neural. No obstante, esta medida choca con una realidad que muestra que casi el 70% de los embarazos no son planificados.
«Es importante que el ácido fólico se tome en forma periconcepcional porque el tubo neural se cierra en las primeras cuatro semanas después de la fecundación. Lo que ocurre es que cuando la mamá va a su primera consulta con el obstetra ya el tubo neural se cerró o no, por eso es necesario que antes de quedar embarazada la mujer tenga un buen aporte de ácido fólico. Con la suplementación se previenen aproximadamente un 70% de los casos de defectos del tubo neural», sostuvo la especialista.
A partir de este hallazgo publicado en  The Lancet, se vio que se podía prevenir que una mamá que ya había tenido un hijo con este defecto tuviera un segundo hijo con el mismo problema. Aunque luego se descubrió que el consumo de ácido fólico también era un factor protector para mujeres que nunca habían tenido hijos afectados.
«El problema con la suplementación es que implica que una mujer tenga que estar tomando ácido fólico aunque todavía no esté buscando un embarazo, pero como en la mayoría de los casos los embarazos no son planificados, esa estrategia no era eficaz siempre, por esto se apeló a una estrategia poblacional: fortificar los alimentos con ácido fólico. En algunos países como China, se fortifica el arroz; en Estados Unidos, los cereales; en la Argentina y Chile, la harina de trigo; en Brasil, la harina de trigo y de maíz; es decir, se va eligiendo el alimento que más consume la gente», explicó Liascovich, y aclaró que en el caso de las mujeres celíacas, como no pueden consumir harina de trigo y suelen tener problemas de absorción de los alimentos, se recurre a la suplementación con ácido fólico. Para la especialista, el concepto de prevención de los defectos congénitos es fundamental, ya que echa por tierra uno de los mitos que existe en relación con este problema y que es justamente la imposibilidad de prevenirlos. «Cuando se piensa en los defectos congénitos en general, se cree que es imposible prevenirlos, esto es erróneo, porque actualmente se sabe que hay por lo menos un 50% de defectos congénitos que se pueden prevenir con acciones simples, como por ejemplo que las mujeres no consuman ciertos medicamentos durante el embarazo, que no se expongan a radiaciones o a sustancias tóxicas en sus ámbitos laborales o domésticos. El otro dato equivocado se relaciona con la baja frecuencia de los defectos congénitos, que si bien individualmente cada uno de los efectos tiene frecuencia baja –1 en 1.000 o 1 en 10.000– en conjunto son un tema de salud importante», explica Liascovich.
En la Argentina los defectos congénitos son la segunda causa de mortalidad infantil y representan una de cada cuatro muertes de chicos menores de un año. «De toda la mortalidad infantil que hay en el país anualmente, que son aproximadamente unos 8.000 chicos menores de 1 año, la cuarta parte se debe a defectos congénitos, es decir que no son tan poco frecuentes como se cree. Por esto, es importante que los médicos clínicos, generalistas, tocoginecólogos o incluso los pediatras adviertan a las mujeres en edad fértil y que están buscando un embarazo, o no lo están buscando pero que tienen posibilidades de quedar embarazadas, que es importante la ingesta de ácido fólico, son 0,4 miligramos diarios, y una dosis mayor en el caso de mujeres que previamente tuvieron chicos afectados», concluye Liascovich.

María Carolina Stegman