Humor

Elogio del boludeo

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Mientras ustedes quizá comentan el resultado del balotaje, que yo hoy desconozco, aprovecho para olvidarme de la campaña y dedicarme al sano placer del boludeo. Que no se debe confundir con no hacer nada. Es más que eso. Atento a la importancia del boludeo –que en la Argentina no tiene sinónimo académico–, vayan aquí unos consejos para lograr una correcta y más intensa ejercitación del mismo.
a) Boludear no debe tener connotaciones utilitarias, productivas o pecuniarias directas. Pintar el techo del living, hacer tortas fritas o acomodar el placard no deben considerarse boludear. Sí puede ser considerado boludear engancharse con una peli en la tele, de esas malas y bizarras que jamás veríamos en alguna otra circunstancia. Observarse las pantuflas puede ser considerado un acto de boludeo si al mismo tiempo se piensa que ya están los suficientemente gastadas como para cambiarlas, siempre y cuando hayamos pensado eso mismo en infinidad de otras ocasiones, siempre con las mismas pantuflas que jamás han sido cambiadas.
b) Difícil es boludear cuando hay otra persona cerca nuestro. Si usted está boludeando en su casa y su esposa va y viene haciendo cosas a su alrededor, seguramente llegará un momento en el que le dirá algo así como:
–Che, ya que estás ahí sin hacer nada, por qué no me ayudás a correr la heladera así limpiamos abajo que debe haber tierra desde el cuaternario.
Generalmente las esposas ignoran la abismal diferencia que existe entre boludear y «no hacer nada». Trate de explicárselo, pero evite entrar en discusiones donde lo único que logrará será, además de correr la heladera, pelearse y que le dé acidez.
Por eso la recomendación es tratar de estar solo, sin nadie que lo baje de un hondazo ni interfiera en su boludeo iluminado.
c) No se obligue. No diga: «Ahora llego a casa, tiro todo, me pongo algo cómodo y boludeo hasta la hora de la cena». Si el boludeo es una obligación, no es boludear. No sé si esto lo dijo Platón, pero bien podría haberlo dicho. Hace a la naturaleza, al meollo del acto existencial de boludear. Toda contaminación le quita esencia. Uno, mágicamente, se debe encontrar boludeando, sin premeditación, sin planificación. Boludear es parte del devenir. No avisa, no alerta. Llega y como llega hay que tomarlo.
Sobre el final de estos consejos debo confesar algo: mi intención no fue escribir lo que escribí, sino boludear un rato, pero se ve que este no era el momento. Otra vez será.

—Santiago Varela

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