Embates de Bolsonaro

Desde el 1 de enero de 2019, fecha en que asumió la presidencia de Brasil, se sabía que Jair Bolsonaro tendría problemas con el Congreso porque carecía de una sólida bancada propia. El actual presidente ganó porque supo capitalizar el rechazo al Pt y a gran parte de la clase política envuelta en escándalos de corrupción. Pese a haber sido diputado durante años, su marginalidad en el sistema político permitió que creciera su candidatura y triunfara, apoyado por una parte importante de las Fuerzas Armadas. De ahí que casi la mitad de los ministros sean militares y muchos funcionarios en diferentes áreas provengan de las Fuerzas Armadas.
Uno de los serios problemas que enfrenta Bolsonaro es la aprobación del presupuesto anual porque depende del Parlamento, que puede introducir todo tipo de enmiendas correspondientes a numerosas áreas y así influir sobre las asignaciones y trabárselo. Frente a los obstáculos de diferentes sectores parlamentarios, una de las figuras del oficialismo, el general Augusto Heleno, dijo que el Congreso chantajeaba al Gobierno con «insaciables» reivindicaciones y convocó a movilizar. De manera similar a lo que hizo el presidente Nayib Bukele en El Salvador, Bolsonaro se lanza contra el Congreso, pero con mayor poder de fuego y el apoyo de importantes sectores militares, representados en su Gobierno y alimentando el odio hacia la clase política.
Un presidente que niega que haya habido dictadura es de temer. Mucho más en una coyuntura regional donde se alzan pocas voces para cuestionarlo y la Organización de Estados Americanos (OEA) está manejada por su secretario general Luis Almagro, quien s0lo tiene ojos para lo que sucede en Venezuela, Cuba y Nicaragua y se encuentra con el principal dirigente de la extrema derecha española que reivindica el franquismo para dialogar «sobre democracia y derechos humanos».