Emisarios en dos ruedas

Con 10 asociados que día a día recorren las calles porteñas llevando encargos y pedidos, la mensajería cooperativa reivindica los valores solidarios en una labor de constantes desafíos.

 

Laburantes del asfalto. Los asociados de Mensacoop posan con sus infaltables compañeras de trabajo: las motocicletas. (Jorge Aloy)

Son numerosos los emprendimientos solidarios que encontraron su cauce gracias al acompañamiento y el asesoramiento del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Uno de ellos es el grupo de motoqueros –la mayoría de ellos militantes de la regional Capital de la agrupación Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S) e integrantes del Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes– que decidió conformar una empresa de la economía social para brindar sus servicios. Así nació la cooperativa Mensacoop, de la Ciudad de Buenos Aires.
Como miles de trabajadores que sufrieron el impacto de las políticas neoliberales, los llamados «laburantes del asfalto» también se enfrentaron a la falta de oportunidades y la desocupación. «Para nosotros fue fundamental la ayuda del Instituto Movilizador, que no solo nos ofreció un espacio para instalar la base de operaciones sino que nos brindó asesoramiento y capacitación para que pudiéramos comenzar con este proyecto autogestivo», explica Eduardo Nuciforo, asociado y expresidente de la Cooperativa de Trabajo Mensacoop. «Cuando ingresé a la cooperativa la mensajería ya estaba encarrilada –agrega Mauricio Aliaga, quien además de distribuir encargos se ocupa de la facturación– y pude comprobar las diferencias que hay al trabajar en una empresa cooperativa. Acá la ayuda mutua, la solidaridad y el esfuerzo de todos son los pilares que apuntalan este proyecto y nos dan la posibilidad de seguir creciendo», destaca.
El radio de acción de la cooperativa es la Ciudad de Buenos Aires y, en menor medida, el Conurbano bonaerense. Allí, Mensacoop realiza trámites personales y bancarios, trabajos de cadetería, entregas a domicilio, también ofrece servicios de encomiendas, cobros y pagos, entre otras prestaciones. «Tomamos los pedidos por teléfono, los enlistamos por orden de llegada y se distribuyen las tareas entre los compañeros; una vez que el mensajero cumplió con el pedido ingresa nuevamente a la lista de espera para hacer otro viaje», detalla Nuciforo, quien trabaja sobre dos ruedas desde hace más de 15 años.

 

Obligaciones y beneficios
Si bien la actividad que desarrollan los integrantes de Mensacoop es muy similar a la que realizan los trabajadores de una empresa con fines de lucro, la forma asociativa implica para los cooperativistas otras obligaciones y también numerosos beneficios, como son la democracia interna, la participación activa, la equidad distributiva y el trabajo mancomunado. «Cuando uno trabaja en relación de dependencia –manifiesta Nuciforo– la responsabilidad empieza cuando se toma un trámite y termina cuando el mismo se concreta, en cambio, en la cooperativa somos nosotros los encargados de hacer las facturas, abonar el monotributo, controlar la administración y pagar los gastos, entre tantas otras tareas, porque asumimos de manera colectiva el compromiso de sostener este emprendimiento».
La rapidez, la eficiencia y la puntualidad son las características más valoradas de las empresas de mensajería, cualidades que la vorágine ciudadana pone a prueba en forma permanente. Actualmente Mensacoop cuenta con 10 asociados que recorren día a día las calles enfrentando el desafío de cumplir con los encargos a pesar del caótico tránsito de la Capital. «Yo empecé en este rubro con una bicicleta y cuando me sumé a la cooperativa me subí a la moto y no me bajé más», dice sonriente Aliaga, acostumbrado a moverse con facilidad en el tráfico de las arterias porteñas y a lidiar con los obstáculos que a diario presentan la ciudad y las inclemencias del tiempo. «Más allá de esas dificultades, la gestión cooperativa nos da independencia y nos permite que el laburo sea mucho más relajado», añade el mensajero. No siempre se puede combinar placer con trabajo: según Nuciforo, ganarse la vida sobre dos ruedas tiene sus dificultades pero, según el trabajador, «nada se compara con la libertad que ofrece trabajar sobre una moto».

Silvia Porritelli