En el bar. La mesa de al lado

 

Tarde invernal. En el bar de siempre, los muchachos de siempre, en la mesa de siempre. En la mesa de al lado, un hombre y una mujer hablaban animosamente.
–¿Y, Rebequita de mis sinceramientos entusiastas, qué te dijo el doctor?
–Nada, Tobías de mis grasas militantes, no me dijo nada. Me miró y me escribió en un papel: «La paciente está sana, por lo tanto, no debe comer lomo. Vuelva cuando haya cumplido 72 años».
–¡Pero, qué barbaridad, Rebequita de mis protocolos antidisturbios! ¡Ese hombre no sabe nada de medicina!
–Bueno, Tobías de mis tarifazos, no te lo tomes así.
–¿Así, cómo?
–Así, así, ¡qué sé yo! ¡Así como así!
–¿Y cómo querés que me lo tome, Rebequita de mis churrascos?
–Con poca agua, para no desperdiciar, que el oro es un recurso natural y no podemos gastarlo para pagar un poquito de agua. Vos tenés que entender, Tobías, que era razonable que ese hombre no supiera nada de medicina… ¡era ganadero!
–¿Ganadero y está atendiendo un consultorio médico? ¡Es una locura!
–Todo lo contrario, Tobías de mis ridiculeces, todo lo contrario, es un signo de estos tiempos, es una adaptación libre de la novela epocal que nos transcurre, es un hombre que, a diferencia de nuestro pueblo el 25 de mayo de 1810, ¡ya sabe de qué se trata!
–Pero, ¿qué decía, Rebequita de mis plazas valladas? ¿Cuál es el concepto actitudinal que puede llevar a un ganadero a ejercer la medicina?
–«Cambiemos».
–¿Cambiemos?
–Sí, que cambiemos. Entonces, los ganaderos ejercen la medicina y te explican que el lomo es solamente para los enfermos; un rabino se dedica al medio ambiente y si llega a venir una inundación siempre puede consultar la Biblia y crear otra Arca de Noé; un CEO se dedica a negociar con su propia empresa desde el gobierno y nadie cree que la va a beneficiar. Lo que antes era normal, ahora es absurdo, lo que antes era absurdo, ahora es normal, ¡cambiemos!
–¡Ay, Rebequita de mis decretos de necesidad y urgencia! ¡No entiendo nada!
–Buenísimo, Tobías de mis privatizaciones más íntimas, ¡esa es la actitud!