Escritoras al frente

Mientras la industria editorial enfrenta desde hace años una constante caída en las ventas, autoras como Mariana Enríquez, Leila Guerriero, Selva Almada y María Gainza reciben distinciones a nivel internacional. El rol clave de los sellos independientes y el auge de los libros feministas.


(Matías Moyano)

Según un informe del Centro Universitario de las Industrias Culturales Argentinas, la cantidad de libros vendidos en el país pasó de 128 millones de ejemplares en 2014 a 43 millones en 2018, una caída de alrededor del 70%. La estadística no reveló una situación precisamente desconocida, pero puso cifras concretas a una crisis sin antecedentes. En medio de esa situación, la producción editorial del año pasado tuvo sin embargo novedades con fuerte repercusión y consolidó a la ficción y no ficción de las escritoras argentinas en un lugar de reconocimiento internacional.
Selva Almada (recibió el First Book Award del Festival de Edimburgo), Mariana Enríquez (Premio Herralde de novela, en España), María Gainza (Premio Sor Juana Inés de la Cruz, en Guadalajara) y Leila Guerriero (Premio de Periodismo Manuel Vázquez Montalbán, en España) son apenas una parte de un movimiento de escritoras en el que también Gabriela Cabezón Cámara, Samanta Schweblin y Claudia Piñeiro, entre otras, alcanzaron una importante difusión internacional. «Antes las editoriales no se ocupaban de publicar escritoras, ahora todas las publican. La literatura más interesante es la que están escribiendo las mujeres», afirma la ensayista Nora Domínguez, codirectora de la Historia feminista de la literatura argentina, de próxima edición a través de la Editorial Universitaria de Villa María.
La literatura escrita por mujeres y las cuestiones de género se afirmaron este año entre las principales preferencias del público. «Todo lo que esté relacionado con una mirada feminista sobre algún problema y con una construcción de género es un tema central y lo seguirá siendo por mucho tiempo», anticipa Víctor Malumián, de Ediciones Godot, que se sumó a la ola con la publicación de La lengua en disputa, un debate entre Beatriz Sarlo y Santiago Kalinowski sobre el lenguaje inclusivo.
Las malas, de Camila Sosa Villada, fue una de las revelaciones. A través de su historia personal, entre la biografía y la ficción, la escritora y actriz mostró situaciones prototípicas que enfrentan las personas travestis y transexuales en Argentina: la exclusión familiar y social, las dificultades para encontrar trabajo y la prostitución como forma de supervivencia y, en particular, el odio y la violencia que padecen. En no ficción uno de los grandes títulos fue Camino al este, crónicas de amor y desamor, de Javier Sinay, que alcanzó una edición en España. Otro suceso, en ficción, fue Cometierra, la primera novela de Dolores Reyes, donde la historia de una joven vidente se trama con el fenómeno de la violencia contra las mujeres y los jóvenes en el Conurbano. El libro agotó tres ediciones en Argentina, tuvo una más en España y en 2020 será publicado en Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Australia, Holanda y Polonia. La propia Reyes destaca que Cometierra tiene lecturas desde el feminismo pero también desde la narrativa policial y desde lo fantástico, y a la vez expone una mirada «en torno a pibes muy jóvenes que con tanto potencial, tanta belleza como tienen, quedan atravesados por la violencia y por la precariedad de la vida y de las relaciones».

En busca de lo nuevo
Víctor Malumian es el alma mater de la Feria de Editores, una especie de oasis en la crisis. «Este año pasaron 14.000 personas y las ventas superaron a las de 2018. Más que una feria de libros, se está convirtiendo en un evento cultural que acerca a un público no tan asiduo del libro y funciona como una salida, un lugar donde pasar el día», analiza.
Malumian es coautor con Hernán López Winne de Independientes, ¿de qué? (2017), un ensayo sobre el surgimiento y el desarrollo de las nuevas editoriales latinoamericanas. Si lo reeditara, agregaría un capítulo sobre el manejo financiero de la actividad. «Tener una noción clara de cómo manejarse en estos contextos es una cuestión de supervivencia», dice. Iniciativas para impulsar las ventas no faltan: la más reciente es Carbono, un club de lectura coordinado por Sebastián Lidijover que apunta a «la promoción de los libros desde un lugar que no sea solamente las redes sociales, para buscar una forma distinta de llegar a los lectores y generar una comunidad que esté pendiente de determinados títulos, sin proponerse vender libros sino como un gesto de pensar salidas colectivas».
Ariel Bermani no observa demasiadas diferencias, en términos de calidad, entre los productos de las editoriales independientes y los de las multinacionales. «Es distinta la presencia en librerías, sí, pero prefiero la circulación de las editoriales independientes. Los libros de las grandes desaparecen enseguida, los de las independientes siguen en las ferias, en las librerías», afirma el escritor y también editor en Conejos, un sello donde «tenemos una idea de la edición muy casera, muy artesanal, pero realizada de la manera más profesional».


Novelista. María Gainza obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por La luz negra. (Rosana Schoijett)

El panorama no está tan claro para Elvio E. Gandolfo. «En lo que leí este año, no creí reconocer tendencias particulares. Sí tal vez tibias corrientes de mercado menor y mayor: mucha policial, por su probable colocación automática, tendencia masiva a libros sobre mujeres escritos por mujeres y con el target en lectoras mujeres, con pocos libros realmente potentes. Creo que lo nuevo, si existe, está escondido, esperando que pase el aluvión estupidizante de la crisis política y económica», dice el narrador rosarino.
Ariel Bermani publicó este año Anita, libro de cuentos donde evocó la figura de la docente y ensayista Ana María Barrenechea, y Messina, una novela que remite al Mundial de fútbol de 1978. La historia de un futbolista desaparecido se despliega en el libro publicado por Desde la Gente, a partir de la investigación de un periodista que trata de saber qué ocurrió con el personaje, al que conoció como entrenador de un equipo del Conurbano. «La dictadura es un tema que me importa porque marcó mi infancia, pero no sabía cómo escribir sobre esa época. El tema era no caer en clisés y en maniqueísmos», explica el autor.


En Escocia. El viento que arrasa, de Selva Almada, recibió el First Book Award. (Enrique García Medina)

La historia argentina es una fuente constante de la ficción. La dictadura y los primeros años de la democracia aparecieron también en novelas como Campo de mayo, de Félix Bruzzone; Quemar el cielo, de Mariana Dimópulos; y Represalias, de Ulises Gorini. «Hacía tiempo que no se escribía ficción sobre la guerra de Malvinas, y este año hubo dos grandes novelas: Heroína, de Nicolás Correa, sobre una travesti en las islas, y La cloaca, de Guillermo Ferreiro, premiado en México, la historia de un tipo que quiere envenenar a los ingleses para vengarse por la guerra. Está bueno volver a esos temas, pero hay que hacerlo de una manera nueva», completa Bermani.

Marginalidad
El ritmo de publicación de la literatura argentina está impulsado también por los estudios de género y la reflexión sobre los problemas de las mujeres. El proyecto de la Historia feminista de la literatura argentina se inscribe en ese marco. «Las historias literarias, en general, han canonizado a varones, y eso es lo que se lee, se transmite y se estudia en las escuelas y las universidades», dice Nora Domínguez, codirectora del proyecto junto con Laura Arnés y María José Punte.
El plan comprende seis volúmenes que  ponen en relación la producción de las escritoras con los hitos históricos del movimiento de mujeres (ver Otra manera…). «Las escritoras siempre han sido relegadas a un lugar secundario –destaca Domínguez, que dirigió el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras, en la UBA–. En casi todas las historias biográficas hay hechos que hablan de esa marginalidad. Incluso en las más renombradas, como Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik o Silvina Ocampo, está la marca de algún impedimento para ser escritoras o para ser leídas como correspondía o para tratarlas por su vida personal y no por lo que escribían».
Cometierra plantea la preocupación por la violencia de género, desde que está dedicada a Araceli Ramos y Melina Romero, víctimas de casos emblemáticos. «Los femicidios son una parte de toda la cuestión con el cuerpo que hay en la novela», señala Dolores Reyes. «También pienso en el Conurbano como un lugar donde los pibes descubren y viven su sexualidad de una forma muy vital. Por un lado hay una especie de fiesta sensorial y, por otro, aparece el mundo heredado y podrido de los adultos, donde son violentados todo el tiempo».


Reyes. «El material del lenguaje que recojo es bien identificable, bien acotado.»

Malumián. «Todo lo que esté relacionado con una mirada feminista es un tema central.»

Domínguez. «La literatura más interesante es la que están escribiendo las mujeres.»

Bermani. «La dictadura marcó mi infancia, pero no sabía cómo escribir sobre eso.»

Reyes trabajó como docente en Ciudadela, Fuerte Apache y actualmente en Pablo Podestá, donde vive. La escritura de la novela, donde el realismo en las descripciones y los diálogos se asocia de un modo notable con pasajes de intensidad poética, le llevó cinco años. «El material del lenguaje que recojo es bien identificable, bien acotado», dice. «Pensaba cómo hablan los pibes que están atravesados por el dolor y por las pérdidas. Tienen al mundo en su contra y están enojados. Es entendible, y a la vez es difícil relacionarse con ellos: hablan poco, lo justo y con una potencia muy fuerte. Yo quería que eso se escuchara en la voz de los personajes y, a la vez, que cada uno tuviera su encanto».
En diciembre llegó a las librerías Nuestra parte de noche, con la que Mariana Enríquez obtuvo el Premio Herralde de Novela. Un cierre adecuado para un año en el que la publicación de ficción y no ficción generó debates en torno a las mujeres y las minorías sexuales, como Degenerado, de Ariana Harwicz, sobre un abusador sexual; Late un corazón, donde I Acevedo reivindica la importancia de hablar de las emociones y los sentimientos contra los «mandatos sociales de represión, que estarían influyendo mucho en qué podemos escribir y qué no en un texto»; o La sal, de Adriana Riva, una mirada extrañada sobre la relación de una mujer con su madre.

El final del túnel
Las perspectivas de la industria editorial argentina son inciertas, pero el final de la presidencia de Mauricio Macri enciende una luz de esperanza. «Un modelo económico que privilegie la producción local y el consumo por encima de la timba financiera es, por supuesto, mucho más amigable para cualquier persona que produzca, ya sea un bien material o intelectual. Imaginamos un futuro un poco mejor», dice Víctor Malumián.

El sector está movilizado: el proyecto de creación de un Instituto Nacional del Libro logró el dictamen de mayoría en la comisión de cultura de la Cámara de Diputados; la Unión de Escritoras y Escritores conformó su Comisión Directiva con amplia adhesión de autores; y la Asamblea Autoconvocada de Escritores y Escritoras reclamó la restitución del Ministerio de Cultura y políticas activas de promoción de la lectura, después del brutal desguace ejecutado por Cambiemos.


Pulma. Guerriero fue distinguida con el Premio de Periodismo Manuel Vázquez Montalbán. (Pablo Rey/Imagenesargentinas.com)

Reconocimiento. Enríquez ganó el Premio Herralde de novela con Nuestra parte de noche. (3Estudio/Juan Quiles)

La producción de los autores argentinos es un signo de vitalidad en la crisis, y de reparaciones que pueden ir de lo más íntimo a los problemas de la agenda pública. «A veces la literatura es caprichosa –reflexiona Bermani, a propósito de su relato sobre Ana María Barrenechea–. De pronto te viene la imagen de algo o de alguna persona que conociste y te dan ganas de volver a estar con ella. La literatura puede ser una máquina del tiempo y un modo de reemplazar cosas que en la vida no podés hacer».
En definitiva, el desarrollo actual de la literatura argentina es indisociable de las editoriales independientes. La noticia es que, lejos de las convenciones del mercado, en el panorama actual es posible explorar mundos y problemáticas que siguen interesando a los lectores.