Frente Amplio, fortalezas y retos

Las elecciones departamentales y municipales de Uruguay muestran nuevamente la particularidad del «paisito» donde la capital Montevideo vota a la izquierda y casi todo el resto del país lo hace por los dos grandes partidos tradicionales de derecha que suelen apoyarse mutuamente.
Bien lo explicó un editorial del diario El País cuando señaló que Montevideo es «tenazmente» frenteamplista hace mucho tiempo. Es verdad, el Frente Amplio (FA) triunfó allí por séptima vez consecutiva desde que Tabaré Vázquez fue electo intendente en 1989. Pocos partidos de izquierda en el mundo pueden jactarse de gobernar la capital durante 30 años seguidos y ganar nuevamente por amplio margen.
La victoria en Montevideo no sorprendió, aunque hay que señalar que se vota con una ley de lemas y que los tres sublemas del FA sumaron lo suficiente para ganar de manera holgada; pero también cabe destacar que Laura Raffo, del Partido Nacional, apoyada por toda la derecha, arañó el 40% de los votos y fue la más votada a título individual. Otro aspecto para recalcar es que estas elecciones son diferentes de las presidenciales: no hay segunda vuelta y gana quien obtiene más votos.
El triunfo del Frente en la capital sobresale porque el presidente Luis Lacalle Pou tiene altos niveles de popularidad por haber gestionado la pandemia sin que el número de personas contagiadas creciera de manera incontrolable.
Si bien el FA retuvo Montevideo, el Partido Nacional gobierna en 15 de los 19 departamentos, lo que demuestra la fuerza de los partidos tradicionales en el llamado «interior» y la dificultad del FA por ampliar su base electoral. El problema del Frente ahora es la renovación generacional, difícil de asumir después de dos personalidades potentes como Tabaré Vázquez y Pepe Mujica. Y tal vez este sea su mayor desafío.