Frutos del mar

Para afrontar la crisis que los dejó a la deriva, un grupo de trabajadores tomó la planta del puerto de Quequén y la puso nuevamente en marcha. Además, revivió la Fiesta de los Pescadores, uno de los eventos más convocantes de la zona.

Rico y fresco. Parte de la producción de La Recuperada se vende por los barrios. (Gentileza La Recuperada)

 

Cuando en la fábrica en la que trabajábamos mermó la cantidad de pescado para procesar, los dueños empezaron a atrasarse con los pagos de salarios, aguinaldos y vacaciones, hasta que, a mediados de diciembre de 2010, abandonaron la planta y los trabajadores quedamos a la deriva». Darío Rasso recuerda así el momento de crisis de la empresa de Necochea en la que trabajaba junto con otras decenas de personas. Si bien la industria del pescado tuvo un gran desarrollo en el puerto de Quequén (pequeña localidad vecina perteneciente al municipio de Necochea), en los últimos años su actividad se volcó a la exportación de granos, lo que llevó a una reducción significativa de la producción pesquera y, en consecuencia, al cierre de fábricas.
Ante este panorama, en la fábrica donde trabajaba Rasso, un grupo reducido de empleados decidió no bajar los brazos y quedarse en las instalaciones para custodiar las herramientas y maquinarias, y en mayo de 2011, conformó la Cooperativa de Trabajo Industria Pesquera y Alimenticia La Recuperada. Para poner nuevamente en marcha la planta fue fundamental la capacitación en gestión cooperativa y el apoyo que recibieron los asociados del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación, entre otras organizaciones. También fue crucial el asesoramiento del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social y la Federación de Cooperativas de Trabajo, además del acompañamiento de la comunidad de Necochea. «Hicimos festivales, movilizaciones y actividades para juntar fondos y también para que la gente de la zona supiera lo que estábamos haciendo. La respuesta positiva que recibimos nos dio confianza en nosotros mismos y fuerza para seguir adelante», comenta agradecido Rasso, presidente y uno de  los fundadores de la cooperativa.

 

Acuerdo con el municipio
La planta de La Recuperada se encuentra a 30 metros de la banquina de pescadores de Quequén. Una vez que el pescado se descarga en el puerto, los trabajadores lo acondicionan con hielo, lo filetean y lo clasifican de acuerdo con el destino que se le da a cada variedad. La comercialización de los productos se realiza en la planta y, principalmente, por los barrios, mediante un acuerdo que firmaron con el municipio local para vender «pescado fresco popular». «También participamos de fiestas tradicionales y ferias, donde instalamos un estand con frutos frescos y comidas elaboradas: tartas, empanadas, cazuelas», cuenta Rasso.
Como ocurre con la mayoría de las empresas recuperadas, los trabajadores solo cuentan con la tenencia precaria del inmueble que ocupan y poseen la custodia de maquinarias y herramientas.
Más allá de estas limitaciones, apuestan al crecimiento y una de las iniciativas que impulsaron en este sentido fue la integración y la capacitación de jóvenes del Programa Progresar para sumar más manos en el proceso de fileteado. Por otro lado, aspiran a concretar un proyecto para agregar valor a su producción. «La idea –dice Rasso– es producir hamburguesas, milanesas y otros derivados de pescado para poder entrar en otro nicho comercial de venta con mayor escala».
Además de reactivar su fuente laboral, los cooperativistas impulsaron la recuperación de la tradicional Fiesta de los Pescadores. «Es un gran evento de atracción turística –dice el presidente de la cooperativa–. Durante tres noches los alrededores de la planta se visten de fiesta, hay estands que ofrecen comidas y artesanías, y atracciones para grandes y chicos».