Granjeros ecológicos

«Criemos un pollo como el que comían nuestros padres y abuelos» es el lema de la entidad entrerriana nacida luego de la crisis de 2001, que apuesta a la calidad a través de métodos de producción naturales y amables con el medioambiente.


A la vieja usanza. Los animales están en movimiento y se alimentan de granos orgánicos. (COECO)

Corría el año 2001 y la crisis se hacía sentir en el interior del país: los hijos de los pequeños productores del campo abandonaban las chacras para buscar trabajo en las grandes ciudades. En ese momento difícil de la Argentina, un grupo de granjeros entrerrianos no se quedó de brazos cruzados. Todo comenzó en Arroyo Barú, un pueblo ubicado a 30 kilómetros de Villa Elisa. Allí, productores de la zona empezaron a reunirse para darse ánimo y, entre mates y asados, pensaron en armar una cooperativa para vender pollos de campo criados con métodos sustentables. La llamaron Cooperativa Granjera Entrerriana de Chacras Orgánicas (COECO) y la consigna que los unió fue: «Criemos un pollo como el que comían nuestros padres y abuelos».
Jorge Velayos es uno de los impulsores y fundadores de la cooperativa que hoy lo tiene a Alan Samarin, su nieto, al frente de la entidad que produce los huevos orgánicos en Entre Ríos y pollos pastoriles –así se llama a este tipo aves– en criaderos de Lobos y Cañuelas, para abaratar costos de transporte.
«Un pollo industrializado tarda entre 30 y 35 días en comercializarse, mientras que nosotros tardamos entre 70 y 73 días. En ese proceso de crianza no ingiere hormonas, promotores de crecimiento, harina de sangre ni leche en polvo, sino granos orgánicos. Nuestros pollos duermen de noche porque se les apaga la luz y de día están con la puerta abierta y salen a pastorear. Por eso son pollos pastoriles», explica Alan Samarin.
El productor remarca que este tipo de crianza influye notablemente en el resultado final. «A la hora de comerlo, es un pollo parrillero doble pechuga que no apaga el fuego de la parrilla porque su faena es sin agua, por lo cual la carne es más firme. Una suprema deshuesada de un pollo nuestro peso alrededor de un kilo y medio, lo mismo que a veces pesa un pollo entero de los que vienen en bandeja».
La cooperativa cuenta con un protocolo para la producción, la crianza, el transporte y la faena para que todos los pollos tengan el mismo sabor. Un pollo de COECO en la actualidad cuesta 99 pesos el kilo –el doble o más que los pollos industriales– y los pedidos se reciben a través de su página web: www.coeco.com.ar.

Un gran logro
Recientemente, COECO pudo alcanzar otro logro: la certificación orgánica del INTA y el SENASA en articulación con la OIA (Organización Internacional Agropecuaria) que los convirtió en la primera cooperativa de Sudamérica en producir huevos libres de pesticidas y fertilizantes. La docena de huevos orgánicos cuesta 100 pesos. «Sabemos que salen el doble de los blancos o de color de los supermercados, pero quienes consumen nuestros huevos saben que están llevando a sus mesas un producto de calidad, cuidado y en el que los productores reciben un precio justo por su trabajo», asegura Samarin.
Los productos de COECO también pueden encontrarse en ferias de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, como Sabe la tierra (con sedes en Vicente López, San Fernando y en el Mercado de Belgrano); en las ferias itinerantes para el abastecimiento barrial orgánico y sostenible organizadas por MAPO (Movimiento Argentino para la Producción Orgánica) todos los sábados en Palermo de 11 a 17 (Figueroa Alcorta y Salguero) y en la feria orgánica San Telmo Verde ubicada en Perú 677.
Por estos días, los aumentos en las tarifas de servicios públicos les juegan una parada complicada a las cooperativas y COECO no es la excepción. «Se nos encareció todo porque usamos cámaras frigoríficas para mantener nuestros pollos», dice Samarin. Y agrega: «La sequía también nos puso en jaque porque aumentaron los precios de los alimentos de 3,20 a 8 pesos el kilo. Es una lucha constante».
A pesar de este panorama, la cooperativa entrerriana sigue apostando a sus productos de calidad. Superaron la crisis más dura con innovación y saben que cada vez más personas buscan consumir alimentos sin agregados nocivos para la salud. Este creciente interés por comer mejor es hoy el gran impulso para seguir adelante.