Guardianes

«Polémico» es el adjetivo más benévolo que parece caberle al proyecto del Poder Ejecutivo porteño para «garantizar la seguridad» en los horarios de entrada y salida de las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires. En las últimas semanas, vecinos de Liniers, Caballito y San Cristóbal recibieron un e-mail del área Participación Ciudadana que los invitaba a sumarse voluntariamente «como Guardián Escolar» a la inciativa de los senderos escolares, donde «senderistas, comerciantes y policías están atentos en los horarios de entrada y salida de los colegios».
Desde el nombre, vinculado más con la idea de represión que con el cuidado, hasta la escasa formación que tendrán los nuevos vigiladores, que serán reclutados mediante un formulario virtual y solo deberán asistir a una jornada de capacitación, numerosos aspectos del programa fueron objeto de críticas por parte de la comunidad educativa. La asociación docente Ademys advirtió, entre otras cosas, que «las características del rol y la forma irrestricta del ingreso de voluntarios hace del programa Guardianes Escolares un verdadero paraíso para pedófilos y redes de trata, exponiendo a los y las estudiantes a una situación de suma vulnerabilidad».