Holanda: el fantasma de la ultraderecha

Las recientes elecciones en los Países Bajos –más conocido como Holanda por uno de sus principales condados– atrajo la atención de todo el mundo por el crecimiento de un partido de la extrema derecha liderado por un político antimusulmán de nombre Geert Wilders. Pero al conocerse los resultados y observar que apenas había conseguido el 13% de los votos, gran parte de Europa occidental respiró.
El sistema electoral en Holanda es proporcional y tiene un piso muy bajo para conseguir un escaño y acceder al Congreso, lo que provoca una gran dispersión en los votos. En un Parlamento de 150 miembros esto representa un problema político, como la propia historia de Holanda lo demuestra por la inestabilidad que se produce para quien gobierna. De hecho, el 13% conseguido por Wilders convierte a su partido en la segunda fuerza con 20 escaños, detrás de la fuerza del actual primer ministro Mark Rute que consiguió el 21% y 33 escaños. Está claro que, en un Parlamento de 150 miembros, 33 escaños son mucho menos de los necesarios para formar gobierno por sí solo y que Rute deberá negociar con otras dos fuerzas que obtuvieron 19 escaños y que también necesitará de otras dos que consiguieron 14 bancas cada una.
El temor que expresaban los partidos de derecha y los socialdemócratas en Europa era el crecimiento de Wilders hasta convertir a su partido en una formación indispensable para formar gobierno y que esto tuviera un impacto positivo sobre otras fuerzas de extrema derecha en Europa, y en especial, en Francia, donde habrá elecciones dentro de pocas semanas y la formación de Marine Le Pen crece día a día.
Pese a ello, en el sistema político francés se elige un presidente en forma directa y por lo general hay balotaje. Y Marine Le Pen todavía concita más odios que amores, al igual que Wilders en Holanda.