Huellas del pasado

La cooperativa comenzó a realizar excavaciones en el Parque Las Heras, donde funcionó la ex Penitenciaría Nacional, la principal cárcel de la ciudad de Buenos Aires, abierta desde fines del siglo XIX hasta la primera mitad del XX, cuando fue demolida.

Exploración subterránea. Los cooperativistas iniciaron el trabajo en el mes de febrero. (Jazmín Mendiburu)

Una de nuestras hipótesis es que la Penitenciaría Nacional funcionó como un laboratorio o experimento donde se probaron ciertas ideas de la época, que luego serían aplicadas o pensadas para el total de la sociedad, y no solo para los penados», cuenta Esteban Ali Brouchoud, integrante de la cooperativa Arqueoterra.
Esta empresa solidaria investiga en la actualidad el legado arqueológico de la antigua Penitenciaría Nacional, que funcionó en el actual territorio del Parque Las Heras, en la Ciudad de Buenos Aires. El lugar fue la principal cárcel de la Ciudad desde fines del siglo XIX hasta 1962, cuando fue dinamitada. Desde Arqueoterra señalan que, cuando empezaron a investigar, hicieron un rastreo intenso de archivos y material documental relativo a la historia de la Penitenciaría. Afortunadamente, encontraron abundante material, aunque no siempre del todo accesible. De la indagación surgió una primera teoría: allí comnezaron a aplicarse ciertas tecnologías de control como la huella digital y la fotografía 4×4, que originalmente estaban destinadas a controlar a criminales y no al conjunto de la población. «Lo mismo se podría decir de las cámaras de circuito cerrado, que hoy están prácticamente en todos lados», ejemplifica Ali Brouchoud.
Para esta iniciativa, la cooperativa tiene el apoyo tanto de la Comuna 14 como del Departamento de Patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires, quienes les otorgaron el aval para trabajar en el parque público ubicado en el barrio de Palermo y contribuyeron con cuestiones logísticas esenciales como lugar para guardar las herramientas, o el obrador que protege el sitio donde se realizan las excavaciones. También cuentan con el apoyo del Museo Marítimo y del Presidio de Ushuaia, que generosamente aportó dinero al proyecto, fondos que, según los asociados a la entidad solidaria, fueron utilizados para la cartelería y algunas de las herramientas utilizadas en la excavación. «Llegamos al tema en parte por un trabajo previo hecho por un arqueólogo miembro de la cooperativa, que trazó un plano de riesgo arqueológico sobre el Parque Las Heras cuando se intentó llevar adelante la construcción de un estacionamiento subterráneo», cuenta Brouchoud. Arqueoterra tiene antecedentes de  trabajos similares, como el que realizaron sobre el penal de la isla Martín García.

A pulmón
«La arqueología en la Argentina es una práctica que carece de un aparato profesional bien armado. Por ejemplo, no existe un Colegio de Arqueología. Sí existen, en cambio, organizaciones como la Asociación de Arqueólogos Profesionales de la Argentina (AAPRA), que sería algo más parecido a una figura gremial. En parte, la institucionalidad de la figura de cooperativa viene a subsanar algunos de los problemas que surgen de estas carencias en el ámbito profesional», relata el referente de Arquecoop. Sin embargo, admite que esta realidad permite «otro tipo de organización interna y otro tipo de vinculaciones (culturales, por fuera del mundo académico tradicional) que son muy interesantes. Evitar las jerarquías y cristalizaciones del poder académico es una de nuestras preocupaciones, y algo de lo que podemos mantenernos relativamente independientes gracias al espacio cooperativo».
Con la conformación de la empresa social y solidaria, sus integrantes buscaron tener autonomía del ámbito académico, pero también generar sus propios recursos y trabajos. «La investigación científica es un trabajo y como tal debe remunerarse. Generar nuestros propios recursos a través de servicios arqueológicos ofrecidos a terceros es una forma de sustentarse y mantener una cierta autonomía en un espacio históricamente dependiente de las tendencias particulares del poder estatal de turno», concluye otro de los participantes del equipo de investigación, formado en 2015 e integrado en la actualidad por arqueólogos, antropólogos e historiadores.