Industria farmacéutica

Lujosas comidas, bebidas, viajes y entretenimento, estudios clínicos falsos, dinero: las armas a las que recurre la industria farmacéutica para fomentar la prescripción de sus productos no siempre son admisibles desde el punto de vista ético. Pero en ocasiones, y en países con legislaciones restrictivas, son también ilegales. El Departamento de Justicia de Estados Unidos acaba de anunciar, al respecto, que la empresa Shire deberá pagar 350 millones de dólares por haber empleado métodos ilegales para inducir a clínicas y médicos a promocionar su producto Dermagraft, un sustituto de la piel humana fabricado mediante ingeniería genética. Estas prácticas contravienen leyes como la de Reclamaciones Falsas o el estatuto antisobornos, que prohíbe los pagos destinados a influir en las decisiones de los médicos.