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La autopista del norte

Casi toda la información que circula en el planeta pasa por Estados Unidos, que posee, además, capacidad de decisión sobre aspectos fundamentales de la red. Un esquema cada vez más cuestionado.

 

Hardware. Lejos de la imagen de «la nube», Internet está hecha de cables y servidores que conectan ciudades y continentes. (AFP/Dachary)

En los diálogos de todos los días, Internet suele ser considerada como lo que ahora se conoce como «la nube», algo tan poético y etéreo como indefinible. Lo cierto es que la red tiene una realidad muy concreta, armada de caños que atraviesan como venas y arterias el planeta. El grueso de ese aparato circulatorio pasa en algún momento por Estados Unidos. Y su funcionamiento no es anárquico, sino que tiene reglas sobre las que hasta ahora, la capacidad de decisión pasaba en su mayor parte por el gigante del norte. Esta estructura no carece de tensiones entre distintos países, aunque quizá todo esté a punto de cambiar.

 

Velocidad y eficiencia
La penetración de Internet en la vida diaria llega al punto de que se debate si el acceso a la red constituye un derecho humano. El acceso y su calidad son una variable hoy determinante en el nivel de desarrollo humano. En América Latina, el avance se da tanto en el crecimiento año a año de la velocidad ofrecida por los servicios de banda ancha (de todas maneras, en promedio menor que la de otras economías) como en la penetración de esos servicios, que a nivel regional alcanzaría alrededor del 57% de la población total (unos 232 millones de personas sobre una población estimada de 407 millones) según cifras de Internet World Stats.
Por su parte, la velocidad y la eficiencia del servicio dependen de la manera en que están armados los caminos que recorre la información para llegar a destino. «Para la gente –explica el ingeniero José Ignacio Álvarez Hamelin, de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires–, Internet es el navegador web, el correo electrónico, Skype, las aplicaciones que usa; “me conecto a Internet” es la pantalla de la computadora y lo que uso en cada pantalla». En cambio, la realidad es otra.
Como si fuera una gran autopista con aspecto de cota de malla, la Internet que conocemos actualmente tiene forma de mandala: un anillo dentro del cual se multiplican más anillos interconectados entre sí y con el más grande (que tiene como eje a Estados Unidos). Por la autopista transita información, va y viene permanentemente. Como ocurre con cualquier camino densamente transitado, si el ancho o las opciones de caminos no son suficientes, pueden existir embotellamientos.
Se dice que la información que transita la por la Web siempre busca el camino óptimo para arribar a su objetivo, «lo cual es mentira –refuta Álvarez Hamelin–; no encuentra el camino óptimo, sino que encuentra un camino posible, que no siempre es ni el más corto, ni el más ventajoso». Por ejemplo, en Bolivia ocurre que por la falta de interconexión local, la mayor parte de la información enviada y consumida por los usuarios de ese país debe pasar por Estados Unidos. Utilizando la metáfora de la autopista, es como si para ir de Bariloche a El Bolsón no hubiera otra ruta que una que implicara pasar por Buenos Aires. Bolivia es un ejemplo extremo de una situación que se repite a nivel mundial; como en la antigüedad se decía que todos los caminos conducían a Roma, hoy conducen a los Estados Unidos.
Por si esto fuera poco, en 2013 el caso Snowden tornó tangibles los temores acerca de los alcances de las operaciones de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (nsa) de Estados Unidos. Desde ese entonces, el portal Wikileaks no ha parado de reportar acciones de espionaje sobre líderes políticos de todo el mundo. Como ocurre con cualquier transporte, cuando ese camioncito que lleva mails, mensajes, emoticones, fotos y demás datos tiene que pasar por los caños y servidores instalados en el país del norte, toda esa información se encuentra expuesta a las leyes estadounidenses y facilita la intromisión de los aparatos de inteligencia.

 

Invasión a la privacidad
El trabajador tercerizado de la CIA Edward Snowden ventiló la existencia del programa Prism, llevando la situación al nivel de escándalo internacional, y el propio presidente estadounidense Barack Obama acabó por afirmar al ser consultado que «no se puede tener 100% de seguridad y 100% de privacidad sin ningún inconveniente».
Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, fue uno de los objetivos seguidos por el programa Prism. Eso motivó que su país presentara ante la ONU un proyecto –que fue aprobado en diciembre de 2013– para defender el derecho a la privacidad «tanto offline como online», según rezaba un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño. En la misma línea y la misma semana, el juez federal Richard Leon fallaba en contra de la nsa condenando su invasión a la privacidad de los ciudadanos.
Por eso quizás no llamó demasiado la atención que el grupo BRiCS –formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica– proyectara para 2015 la presentación en sociedad de una infraestructura paralela que viene desarrollando desde 2011, un «anillo» que permitiría vías alternativas para la información que circula por Internet (no una Internet paralela). Pero la autopista en sí no era el único problema. Nuestros datos (los que insertamos en formularios, en redes como Facebook o Gmail, pero también los de los sitios web que producimos o consumimos), también se alojan en servidores físicos, es decir, en potentes computadoras con discos rígidos de gran capacidad ubicadas en varios lugares del globo terráqueo.
Álvarez Hamelin opina que «el problema no es solamente por dónde pasan los cables. La mayoría de la gente, por ejemplo, usa Gmail. Gmail está en territorio de Estados Unidos, sujeto a las leyes de Estados Unidos». Lo mismo ocurre con Facebook y entonces, «hasta que no haya redes alternativas, con servidores puestos en otros lugares, vos de alguna manera estás regalando todos tus datos a una compañía privada, que es Facebook, que además está regida por las leyes de otro país, con las que podés estar o no de acuerdo». Por esa razón es que Brasil también había comenzado a presionar a estas dos grandes compañías para que almacenen los datos de usuarios brasileños dentro del territorio brasilero. Pero, en función de la naturaleza móvil y redundante de la información de la Web, había quienes decían que esa medida impulsada no aseguraba realmente ningún tipo de seguridad en las fronteras suaves de un mundo globalizado.

ICANN. Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números. (AFP/Dachary)

Otro debate se estaba dando en simultáneo, y los hechos desde entonces quizás arrojen algo de luz sobre lo que se viene. El organismo encargado del mantenimiento y la seguridad de Internet se llama ICANN, una institución no gubernamental con sede en California que ha estado históricamente ligada con el Departamento de Comercio del gobierno de los Estados Unidos. En el escenario de 2013, Brasil se acercó a Rusia y China para presionar por cambios en el «gobierno» de Internet. Como respuesta, Estados Unidos prometió abrir ICANN al mundo en setiembre de 2015. En 2014, Brasil retomó su lugar como principal promotor de un liderazgo multisectorial (con presencia de múltiples actores gubernamentales y no gubernamentales) o multilateral (con liderazgo claramente multiestatal, al estilo de las Naciones Unidas). Desde entonces han desaparecido casi por completo las noticias sobre avances en el Anillo BRICS –un tema de infraestructura– y han proliferado las noticias vinculadas con el proceso de transición a un modelo político de Internet de tipo global –una cuestión de orden netamente político que no necesita nueva infraestructura–.

 

Argentina y la región
Según un informe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU, según sus siglas en inglés) de julio de 2013, no son los privados sino la intervención estatal la que favorece simultáneamente el crecimiento del mercado de Internet con mejoras en los niveles de conectividad tanto de accesos residenciales como móviles.
El investigador y docente argentino de la Universidad de Columbia Raúl Katz expuso en noviembre de 2013 ante la comisión de Comunicaciones e Informática de la Cámara de Diputados poniendo énfasis en cómo la profundización del proceso de digitalización puede producir impactos positivos sociales, económicos y hasta políticos. Como muestra de efectos concretos, incluso poniendo el acento en la necesidad imperiosa de una determinada cantidad de reformas y mejoras, Katz analizó en su presentación que el proceso de digitalización llevado adelante entre 2004 y 2012 en la Argentina generó 4.623 millones de dólares y 263.000 empleos. Para Katz, además, niveles avanzados de digitalización evidencian una aceleración marcada en los procesos de innovación.
No obstante, las velocidades no son lo único importante: según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) entre el 75% y el 85% del tráfico de comunicaciones de la región pasa por Estados Unidos. Katz, en su informe, agregaba que de todo ese tráfico que circula por ese país, el 14% es en realidad tráfico entre países latinoamericanos. Por eso, en 2011 y 2013, los países miembros de Unasur se habían comprometido a construir un Anillo Unasur, que mejoraría radicalmente los servicios regionales y la seguridad informática de la región. Sin embargo, a principios de 2015, con poco y nada de avances, la misma Unasur anunció un plan mucho menos ambicioso. La «Red de Conectividad Suramericana para la Integración» ya no se propone introducir nueva infraestructura, sino interconectar las redes existentes. Esto mejorará los rendimientos, pero lejos está –al menos, así parece a simple vista– de los objetivos planteados en 2011 y 2013.
En la Argentina, y confirmando la tendencia del informe de UIT, el plan de la Red Federal de Fibra Óptica es parte esencial –y, probablemente, una de las que menos publicidad recibe– de Argentina Conectada (www.argentinaconectada.gob.ar), el proyecto de inclusión digital llevado adelante por el Ministerio de Planificación desde 2010 a la fecha. Instalando tendidos nuevos de fibra óptica, así como trabajando con otros preexistentes como los de Telefónica, Telecom y América Móvil (Claro), el objetivo es ir en la dirección planteada por Katz y producir un salto de calidad que tenga efectos multiplicadores en diversas áreas. El proceso se encuentra actualmente en la fase de última milla, que es básicamente donde entran en juego los distintos proveedores que instalan la infraestructura que hace posible que el servicio llegue a cada hogar.

Diego Braude